Sin calefacción y a temperaturas extremas, Kiev cambia de hábitos para seguir funcionando

Vea cómo el frío y los apagones se apoderan de Kiev tras los bombardeos rusos

Los nuevos ataques rusos al sistema energético han desbordado los planes de apagones en la capital ucraniana

Dos ataques masivos lanzados por Rusia contra el sistema energético ucraniano en el período más frío del año han agravado la situación en Kiev. Los bombardeos con misiles y drones han dañado subestaciones y centrales eléctricas, dejando a la población sin apenas calefacción, con cortes de agua y largas horas de oscuridad que han hecho saltar por los aires la rutina basada en apagones programados.

«Desde el viernes no tengo calefacción. La temperatura dentro de casa es de unos ocho grados y sólo tengo dos horas de electricidad al día. También tenemos problemas con el agua. ¡Lo único que tenemos es gas!», explica a EFE Anna Bezpala. La trabajadora ha dejado de acudir a su empleo en una empresa farmacéutica para cuidar de su hijo de tres años, ya que su guardería ha cerrado, como muchas escuelas de la capital, por la falta de calefacción.

Para poder trabajar a distancia y mantener el ordenador cargado, Bezpala ha encontrado refugio en el ‘mitzvá tank’, un camión habilitado por la comunidad judía de Kiev que lidera el rabino Moshe Azman. Este vehículo, diseñado en los años setenta como sinagoga ambulante, se ha convertido desde el inicio de la guerra en un punto de ayuda humanitaria donde los vecinos pueden calentarse y cargar sus teléfonos. «Intentamos ayudar a la gente y que puedan cargar los teléfonos, hablar con alguien, sentarse un rato en un lugar cálido», señala a EFE el voluntario Glenn Kolleeny.

Además de estos espacios improvisados, las autoridades han habilitado en edificios públicos los llamados «puntos de invulnerabilidad», donde los vecinos pueden beber té caliente, conectarse a internet y refugiarse del frío. La nueva escalada de ataques rusos ha cambiado los hábitos de la ciudad: cafeterías y locales cercanos al metro, donde hay suministro eléctrico, se llenan de trabajadores que pasan allí más horas que nunca ante la imposibilidad de calentarse en sus casas.