Trump presume, aunque se arruga
Los iraníes se sienten ahora defraudados, manipulados y engañados. Otro tanto ocurre en Venezuela y hay quien recuerda el amargo desencanto húngaro cuando Rusia aplastó con tanques el grito de libertad en Budapest y Estados Unidos y occidente se amilanaron a pesar de ciertas promesas
El presidente de Estados Unidos, Donald Trump, pronuncia un discurso durante la reunión anual del Foro Económico Mundial en Davos
En su largo y deshilvanado discurso en Davos el presidente americano ha amenazado, a los europeos, a Canadá…., ha fanfarroneado, inventado….y reculado en el tema crucial de Groenlandia.
No es la primera vez que Trump lanza amenazas altisonantes y a la postre todo queda en aguas de borrajas. La realidad, a veces tardíamente, le abre los ojos. En su primer mandato, advirtió al líder del execrable régimen norcoreano de que corría el riesgo de que su país quedase planchado por una intervención americana.
Esa nación, sin embargo, posee el arma nuclear y proyectiles para lanzarla y el asunto quedó en pelillos a la mar. A lo largo del pasado año ha dado a entender, después de adularlo, que estaba perdiendo la paciencia con Putin y el ruso le ha tomado el pelo ganando tiempo para seguir machacando a Ucrania.
Recientemente ha dejado en la estacada a los iraníes. Envalentonado con su precisa, y poco costosa para él, captura de Maduro, animó a los numerosos manifestantes iraníes a ocupar los centros de poder en el país manifestando que la ayuda yanqui estaba de camino.
No ha llegado. Países árabes del Golfo y tal vez el propio Israel han señalado el peligro de desestabilizar la región por la que pasa un volumen considerable del tráfico marítimo mundial. Los iraníes se sienten ahora defraudados, manipulados y engañados. Otro tanto ocurre en Venezuela y hay quien recuerda el amargo desencanto húngaro cuando Rusia aplastó con tanques el grito de libertad en Budapest y Estados Unidos y occidente se amilanaron a pesar de ciertas promesas.
En Groenlandia como apunta Le monde en editorial hay «un respiro, sólo un respiro»
En Groenlandia como apunta Le monde en editorial hay «un respiro, sólo un respiro». Acogido, añadamos, con satisfacción por los dirigentes europeos y por los mercados. Trump ha descartado el uso de la fuerza para ocupar la isla. Lars Ramussen ministro danés de asuntos exteriores lo saluda como algo positivo aunque realistamente apostilla que « eso no hace que la cuestión desaparezca».
El artífice final del deseado retroceso de Trump parece haber sido Rutte, Secretario general de la OTAN. Al parecer , el presidente americano aceptaría que Dinamarca cediera dentro de Groenlandia a Estados Unidos la soberanía del territorio en que se encuentra su base militar y de cualquier otra que instale allí. Un calco, de ser así, de la base inglesa Acrotiri en Chipre
En el giro trumpiano ha debido ciertamente influir que determinadas naciones europeas, como Francia, al ver que Washington blandía de nuevo la imposición de tarifas aduaneras, habían dado a entender que podrían activar el mecanismo anti-coerción de la Unión lo que podría afectar a miles de millones de exportaciones de Estados Unidos.
La prensa anglosajona, Financial Times, N. York Times, etc..apunta otras dos razones de no menor peso: las bolsas incluida Wall Street habían dado un batacazo con el posible desencadenamiento de una guerra comercial entre los aliados occidentales y, last but not least, números legisladores y políticos del partido de Trump, por no decir los demócratas, estaban privada o públicamente aterrados de que Estados Unidos se lanzase a una aventura militar contra sus socios europeos.
Lo que parece haber sido decisivo: Trump puede tener desprecio, lo demostró en su discurso, hacia los europeos, no perturbarle el hara kiri de la OTAN o no importarle Ucrania en demasía, pero los votos republicanos son preciosos especialmente ante las elecciones de este año.
El senador republicano Rand Paul ha manifestado que incluso muchos legisladores «halcones» republicanos estarían en contra de la operación (las encuestas muestran que sólo 25% de los ciudadanos apoyarían la intervención).
Constatamos que los legisladores de Trump en el tema de Groenlandia son más díscolos que los aborregados diputados sanchistas ante el transvase de recursos y prebendas a Cataluña en detrimento de Aragón o Valencia.
El presidente americano habrá constatado que no es precisamente popular en Europa. Su discurso, en el que inventó que su país había sido estúpido devolviendo Groenlandia a Dinamarca después de la II Guerra Mundial, lo que era falso, la soberanía de la isla nunca fue cedida, fue acogido con tibios aplausos mientras que la intervención del primer Ministro canadiense Carney recibió una ovación ruidosa con los asistentes de pie. El canadiense había proclamado, en clara puya a Trump, que los países medianos debían aliarse para fortalecerse porque ya no se podía depender de los grandes.
EE.UU. venía sufragando 22 % del presupuesto central de mantenimiento de la OTAN, bajó a 16 % en 2019 y a 15 % actualmente
El fabulador americano no vaciló en confundir las cifras que los aliados de la OTAN deben gastar en defensa –en cuya queja no le falta nada de razón y en eso nos tiene lógicamente enfilados– con el mantenimiento de la estructura de la OTAN que según él costeaba totalmente su país. Falso : Estados Unidos venía sufragando 22% del presupuesto central de mantenimiento de la estructura, bajó a 16% en 2019 y a 15% actualmente.
Las quejas del presidente sobre la cicatería en gastos de defensa de los países de la OTAN, a pesar del acuerdo de 2014, son ciertamente atinadas y resulta un error colegir que el agravio es sólo sentido por Trump, muchos políticos americanos estiman que bastantes países otánicos son verdaderos gorrones confiados en que Washington los sacará de apuros.
La actitud de Sánchez es ya resentida en políticos y diplomáticos europeos. Pero las fabulaciones, el maquillaje de cifras, la tergiversación de datos (es cierto que Trump quiso comprar Groenlandia en 1951 pero pronto desistió educadamente al constatar la negativa danesa), el ridiculizar en pública a tus aliados es algo que socava funestamente la imagen del líder del mundo democrático. Con todo, «con esos bueyes tenemos que arar», como dice el refranero.