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La unión hace la fuerza o cómo vencer a Netanyahu: la oposición busca fórmulas para derrotarle

Lo que propone Eisenkot es unir los partidos ahora, en lugar de tras las elecciones legislativas, en el marco de una coalición, con la esperanza de que esto sacuda el sistema y provoque un triunfo

El ex primer ministro israelí Naftali Bennett y el actual primer ministro Benjamín NetanyahuTwitter

Israel se aproxima a elecciones legislativas en un contexto político y de seguridad extraordinario. Después de años de tensiones internas que marcaron profundamente la sociedad –en particular la guerra con Hamás y el choque con Irán–, estas elecciones constituyen un referéndum sobre la continuidad del liderazgo actual, el rumbo estratégico nacional y la cohesión del Estado.

Las encuestas más recientes reflejan un panorama competitivo, con el partido del primer ministro Benjamín Netanyahu liderando las preferencias, pero sin una mayoría que permita formar gobierno, salvo alianzas casi imposibles de lograr.

La propuesta que revoluciona el ambiente es el informe, confirmado, de que Gadi Eisenkot, quien se separó del partido de Benny Gantz para formar uno propio –Yashar (Derecho)–, está en conversaciones con Yesh Atid y Bennet 2026 para presentar juntos una lista común.

La idea clave es crear una gran coalición –Eisenkot en el centro, Bennett la derecha moderada y Lapid de centro-izquierda– que supere al Likud como el grupo más grande del país. Luego, junto con Israel Beiteinu, de Avigdor Liberman a la derecha y Los Demócratas de Yair Golan en la izquierda, formar una coalición mayoritaria en el Parlamento.

La suposición es que el entusiasmo que generaría una fusión de ese tipo empujaría al llamado bloque del cambio (que actualmente ronda los 60 escaños) a superar el umbral. La idea de Eisenkot –apodada como una «gran explosión» política– dista mucho de ser revolucionaria.

Según informes, los partidos se presentarían con una plataforma conjunta, pero sólo decidirían un año después de las elecciones si se unifican o mantienen identidades separadas.

En cuanto a quién liderará el partido y será primer ministro, se decidiría basándose en encuestas de último momento. En esencia, lo que propone Eisenkot es unir los partidos ahora, en lugar de tras las elecciones, en el marco de una coalición, con la esperanza de que esto sacuda el sistema y provoque un triunfo. Ni Lapid ni Bennett han respondido aún a la idea.

Mapa partidario y principales contendientes

El sistema parlamentario israelí, con representación proporcional, favorece la presencia de múltiples partidos, aunque deben superar el umbral electoral de 3,25 %.

Como actores principales se perfilan:

Likud: principal partido conservador y líder de la actual coalición de gobierno. Netanyahu confirmó oficialmente que buscará la reelección, subrayando su convicción de que puede ganar y seguir liderando al país.

Yesh Atid (Yair Lapid): partido liberal y laico de centro, importante fuerza de la oposición tradicional a Netanyahu. Lapid ha enmarcado la elección como una batalla por la supervivencia del Estado judío como entidad democrática y avanzada.

Bennett 2026 (Naftalí Bennett): nueva fuerza política creada por el ex premier Bennett, que busca aglutinar votantes centristas y de derecha moderada, siendo la mas firme alternativa al Likud.

• Partidos jaredim (ultraortodoxos): Shas y Judaísmo Unido de la Tora (Biblia), estas fuerzas han mostrado tensiones recientes con la coalición de gobierno por intentar seguir eludiendo el servicio militar obligatorio.

• Los Reservistas (liderado por Yoaz Hendel): se enfoca en la defensa nacional y el servicio militar para todos, sin excepciones.

• Yashar! (liderado por Gadi Eisenkot, ex jefe del Estado Mayor) aunque recién creado, se le ve potencial de influir en la integración parlamentaria.

Encuestas y tendencias

Las encuestas publicadas muestran una fotografía competitiva: el Likud lidera con alrededor de 24–28 escaños pero el bloque opositor combinado puede superar el umbral de 61 escaños, y lograr la mayoría parlamentaria.

El papel del Ejército de Defensa de Israel (IDF) y las cuestiones de seguridad siguen siendo centrales en el debate electoral. La polarización de la sociedad respecto al servicio militar obligatorio, en particular la objeción de sectores ultraortodoxos a ser reclutados, ha fracturado a la coalición gobernante y se ha convertido en un punto de fricción que podría adelantar las elecciones.

Sectores como Los Reservistas han puesto en primer plano la propuesta de igualdad de responsabilidades ante el servicio, reflejo de una sociedad que valora profundamente la preparación defensiva y la cohesión ante amenazas externas.

Los partidos ultraortodoxos –tradicionalmente aliados de Netanyahu– han expresado descontento con el reclutamiento militar y otras reformas sociales, amenazando provocar la caída del gobierno si no cumple sus demandas. Esto ha generado tensiones internas en el oficialismo.

El papel de Washington, en particular bajo la administración Trump, es un factor determinante en estas elecciones. Trump ha jugado un papel importante en la definición de las negociaciones de paz y la configuración de las políticas de seguridad regionales –especialmente con planes en Gaza– lo cual ha reforzado en muchos votantes israelíes la percepción de que el respaldo estadounidense es clave para la seguridad estratégica de Israel.

La cooperación con Estados Unidos –y el enfoque compartido sobre amenazas como Irán o Hamás- ha sido usada por Netanyahu como argumento de liderazgo internacional eficaz, fortaleciendo su imagen ante sectores de la población preocupados por la estabilidad y defensa.

La dimensión geopolítica de las elecciones es innegable: la reciente escalada de tensiones con Irán y la prolongada situación en Gaza están en el centro de los debates. Muchos israelíes ven la postura firme contra Irán y la eliminación de amenazas nucleares como esenciales para la supervivencia del Estado, y la campaña electoral ha puesto en primer plano la experiencia en estos frentes.

Estos comicios serán un hito en la política israelí: se decidirá si continúa un liderazgo marcado por décadas de control o si la sociedad opta por un cambio. La estabilidad en la región y el papel de Israel en la geopolítica occidental figuran entre los temas que observadores internacionales evalúan constantemente.

Las elecciones se desarrollan en un clima de seguridad exigente y de presión social. El liderazgo de Benjamín Netanyahu sigue siendo fuerte en las encuestas, pero la competencia con figuras como Naftalí Bennett refleja una sociedad política viva y en transición.

Los temas de seguridad, servicio militar, alianzas internacionales y la gestión ante enemigos como Irán seguirán definiendo el debate y la prioridad de los ciudadanos.

El resultado, por tanto, no será sólo un mandato para el próximo gobierno, sino un test de la dirección estratégica de Israel en una década crítica para su rol en la escena global.