Fundado en 1910

Lanzamiento de prueba de un misil balístico intercontinental (ICBM) de las fuerzas de disuasión nuclear de RusiaAFP

El mundo entra en una era de armas nucleares sin control: expira el START III entre Estados Unidos y Rusia

Desde este jueves, el último gran tratado de desarme nuclear, el START III, firmado y ratificado por las dos grandes potencias atómicas, Rusia y Estados Unidos, deja de tener valor. El acuerdo ha expirado sin que las partes hayan llegado a un nuevo acuerdo para extenderlo. Esto significa que el mundo se queda sin sistema de control de armamento nuclear por primera vez desde 1972, fecha en la que la extinta Unión Soviética y Estados Unidos firmaron el SALT. El actual pacto –el START III, también conocido como Nuevo START– fue ratificado en 2010 por el entonces presidente estadounidense, Barack Obama, y el ruso, Dmitri Medvédev.

Ahora, los actuales mandatarios de estas potencias, Donald Trump y Vladimir Putin, lejos de lograr un nuevo acuerdo, en el último año se han retado a una carrera armamentística que involucra también a su arsenal nuclear. «El tiempo se acaba rápidamente y, en solo unos días, el mundo probablemente se encontrará en una situación más peligrosa que hasta ahora», advirtió este martes el portavoz del Kremlin, Dmitri Peskov, quien aseguró que «durante los días que quedan, nuestra propuesta seguirá en la agenda». Sin embargo, Trump ha puesto como condición para sentarse a negociar que se incluya a China –una creciente potencia nuclear– en el acuerdo.

En esta línea se ha pronunciado el secretario de Estado estadounidense, Marco Rubio, este miércoles, y a escasas horas de que expire el START III. «El presidente [Trump] ha sido claro en el pasado en que, para lograr un verdadero control de armas en el siglo XXI, es imposible hacer cualquier cosa que no incluya a China, debido a su vasto y rápidamente creciente arsenal», insistió Rubio.

Unas declaraciones que casi coincidían en el tiempo con una llamada telefónica entre Trump y el mandatario chino, Xi Jinping. El republicano describió la conversación como «excelente» y explicó que habían tratado «muchos temas importantes», desde el viaje que el estadounidense tiene previsto a China el próximo mes de abril, pasando por Taiwán, la invasión rusa de Ucrania o el comercio, pero ni una palabra sobre un futuro acuerdo nuclear.

Horas antes, Xi Jinping hablaba por videollamada con Vladimir Putin, con quien abordó la «cooperación estratégica» entre ambos países. «En el marco de las crecientes turbulencias en el mundo, la cooperación en política exterior entre Moscú y Pekín sigue siendo un importante factor estabilizador», declaró el ruso al inicio de la conversación. La relación entre ambos países se ha reforzado, sobre todo, desde la invasión rusa de Ucrania en 2022.

El diario británico The Telegraph publicó la semana pasada que China ha suministrado a Rusia maquinaria por valor de miles de millones para fabricar sus misiles balísticos Oréshnik. Así las cosas, Pekín se niega a aceptar ninguna limitación a su programa nuclear porque defiende que su arsenal es diez veces menor que el de Rusia y Estados Unidos.

Hasta este jueves, el START III imponía como límites a ambos países tener un máximo de 700 misiles balísticos, 800 sistemas de lanzamiento en tierra, mar o aire y 1.550 cabezas nucleares. Asimismo, restringía las armas nucleares intercontinentales rusas que pueden alcanzar Estados Unidos y establecía unas 18 inspecciones in situ al año para cada parte, aunque estas no se han llevado a cabo desde hace varios años.

En ausencia de este acuerdo nuclear, ahora tanto Estados Unidos como Rusia podrían empezar a acumular ojivas nucleares sin control y lanzaderas, y es que entre ambos países suman el 87 % del armamento nuclear mundial. «Lo más preocupante de esta situación es que significa que el desarme nuclear, e incluso el control más modesto de las armas, se encuentra ahora en estado moribundo», escribe para The Conversation Tilman Ruff, académico de la Universidad de Melbourne.

Por su parte, la Iniciativa de Amenaza Nuclear (NTI, por sus siglas en inglés) advierte de que la pérdida de mecanismos de intercambio de información, así como de un canal establecido para el diálogo, «abre la puerta a la planificación para escenarios catastróficos y a malentendidos que alimentan carreras armamentísticas descontroladas».

En los últimos meses, Rusia y Estados Unidos se han retado en el ámbito nuclear. El pasado mes de octubre, Trump anunció que su país retomaría las pruebas nucleares después de 33 años, en respuesta a los ensayos realizados por Rusia, como el lanzamiento ese mismo mes del misil balístico intercontinental Yars (12.000 kilómetros de alcance) o el misil de propulsión y capacidad nuclear Burevéstnik.

Con todo, todavía queda en pie el Tratado de No Proliferación Nuclear (TNP), que firman 190 países, entre ellos Estados Unidos, Rusia y todos los miembros de la OTAN. El TNP busca impedir la proliferación de las armas nucleares, promover el uso pacífico de la energía nuclear y fomentar el desarme nuclear. Sin embargo, no establece ningún calendario ni límites específicos para las cinco potencias nucleares que son parte del acuerdo. Además, de no contar con la presencia de otros países que no han reconocido públicamente poseer este tipo de armamento, como es el caso de Israel.