PP y Vox tienen que mirar a Chile
Si España no aplica estricto control de fronteras le pasará lo mismo que a Chile. El intento del gobierno por regularizar 500.000 ilegales de manera exprés para conseguir votos será letal para el futuro del tejido social, económico y político de España
Alberto Núñez Feijóo, José Antonio Kast y Santiago Abascal
Como un enamorado de España, la tierra de mis antepasados, observo con preocupación la situación política de mi Madre Patria. Ya no hay tiempo para esperar. La descomposición de la política española, la inmigración ilegal, los ataques a la fe católica, los ataques a la familia, las estériles discusiones internas, la corrupción, el agobio del Estado al sector privado, la reducción de la jornada laboral, el ataque a la lengua española, la miopía de los separatistas vascos y catalanes, el ataque a las tradiciones, el feminismo desenfrenado, la historia contada de una manera sesgada y tantos otros problemas internos, no permiten seguir esperando.
Vean el caso de Chile, que cayó después de 50 años nuevamente a un gobierno de la extrema izquierda. Tuvimos entre 1970 y 1973 a Salvador Allende y estos últimos cuatro años al joven Boric. Ambos serán recordados como los peores gobiernos de nuestra historia contemporánea. Un Estado voraz, una dependencia de la ONU y sus filiales, intentos de golpe de Estado, intentos de nueva constitución, crecimiento exponencial del número de funcionarios, aumento de inmigrantes ilegales que entraron a Chile sin control (1,5 millones en 12 años), aumento del crimen organizado, el narcotráfico, caída en la tasa de natalidad a niveles insostenibles, caídas en la productividad y demoras eternas en la aprobación o rechazo de proyectos de inversión.
A pesar de todo esto, los chilenos fuimos capaces de torcerle la mano al «progresismo». Un llamado a Vox y al PP, qué a la luz de los resultados de las últimas elecciones en Aragón, se reúnan de manera presencial y sin plazos predefinidos para llegar a un acuerdo y tomar el control de España. Sabemos que hay diferencias. En Chile también las había entre el centroderecha y la derecha. Eran fuertes diferencias, pero lo logramos.
El presidente Kast asumirá con amplio apoyo popular un gabinete ministerial de lujo y con la profunda decisión de ejercer el poder y tomar decisiones. Le ha llamado «gobierno de emergencia», que es un concepto que se debería replicar en España. No seamos ciegos. España está en emergencia y me atrevo a afirmar que por razones similares a las de Chile.
Ojalá que los líderes busquen acuerdos, pensando no solo en los escaños que tienen el PP y Vox –número en franca evolución a favor de Vox– y piensen en España y sus ciudadanos. Los grados de deterioro de una nación a veces cambian rápido y hay puntos de no retorno.
Si España no aplica estricto control de fronteras le pasará lo mismo que a Chile. El intento del gobierno por regularizar 500.000 ilegales de manera exprés, para conseguir votos, será letal para el futuro del tejido social, económico y político de España. No hay que ser muy inteligente para darse cuenta de que, si la puerta no se cierra, el flujo de africanos invadiendo las costas de España será inmanejable.
Despierten, o la noche será más dura e insegura. Quienes ya somos mayores y vivimos los tristes días de la unidad popular en Chile, gobernado por un marxista –Salvador Allende– que abusó del pueblo y quien hoy tiene decenas de plazas o calles que llevan su nombre en Europa.
La unión del PP y VOX sería una inyección de esperanza no solo para España sino para toda Europa y también para consolidar el proceso de recuperación de la libertad que están viviendo varios países de Hispanoamérica.