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Amelie de Montchalin ministra de Presupuesto y elegida por Macron para presidir el Tribunal de CuentasAFP

Amélie de Montchalin seguirá siendo ministra de Presupuestos de Francia hasta el próximo 22 de febrero. A partir del día siguiente será la encargada de fiscalizar la misma ley de Presupuestos que ella misma hizo votar en el Parlamento –no sin dificultades– hace apenas un mes: el presidente de la República, Emmanuel Macron la nombró el pasado miércoles nueva presidenta del Tribunal de Cuentas, la venerable Cour des Comptes, institución fundada por Napoleón I.

La decisión de Macron ha desatado la inevitable controversia ente sus adversarios políticos. No tanto que estos últimos duden de la capacidad técnica de De Montchalin –hasta La Francia Insumisa y la Agrupación Nacional reconocen su competencia– sino que se inscribe dentro de una lógica de «colonización» de instituciones que deberían de ser imparciales. Ya en febrero de 2025, Macron se decantó por Richard Ferrand, el primer diputado que apostó por él allá por 2015, para presidir el Consejo Constitucional.

Ferrand había perdido su escaño en las legislativas de 2022 y el jefe del Estado había prometido «recompensar» los «servicios prestados». Dicho y hecho. Lo mismo, por cierto, que con De Montchalin, también derrotada en 2022: entonces Macron la nombró embajadora de Francia ante la Organización de Cooperación y Desarrollo Económico -sucedía a otra exministra macronista, Muriel Pénicaud- donde permaneció hasta que fue repescada como ministra de Presupuestos en 2024.

Desde el Elíseo se alega que varios exministros han presidido el Tribunal de Cuentas en las últimas décadas: los socialistas Pierre Joxe y Pierre Moscovici y el gaullista Philippe Séguin, que falleció en el cargo en enero de 2010. Sin embargo, los anteriormente mencionados, todos altos funcionarios de profesión no hicieron sino reincorporarse a su cuerpo de origen tras haber abandonado la política activa y haber solicitado el final de la situación administrativa de servicios especiales a la que les obligaba su condición de parlamentarios o ministros en ejercicio.

No es el caso de De Montchalin, que procede del sector privado. Además, la presidencia del Tribunal de Cuentas tiene carácter inamovible, por lo que De Montchalin, que tiene 40 años, podría quedarse en la sede de la parisina rue Cambon hasta 2053, cuando cumpla la preceptiva edad de jubilación: 68 años. Es decir, que Macron podría extender su influencia, condicionando el funcionamiento del Tribunal hasta más de un cuarto de siglo después de haber abandonado la jefatura del Estado, pues la Constitución le impide postular a un tercer mandato en 2027.

En el caso de Ferrand, su permanencia al frente del Consejo Constitucional está garantizada hasta 2034; lo que significa que, salvo renuncia o fallecimiento, cubrirá la totalidad del mandato del sucesor de Macron. Una hipótesis que podría generar un conflicto institucional si desde el Consejo Constitucional se anulan sistemáticamente leyes impulsadas por un Gobierno de la Agrupación Nacional.

Sea como fuere, lo cierto es que Macron, desde su reelección de 2022 no ha parado de usar la Administración del Estado para recolocar a un buen puñado de fieles derrotados en las urnas. Es el caso de Alexis Izard, diputado entre 2022 y 2024, en la actualidad delegado ministerial encargado de la protección económica de los consumidores, y de Olivier Damaisin, diputado de 2017 a 2022 y actual coordinador nacional interministerial del plan de prevención de catástrofes agrícolas.

También de los antiguos ministros Clément Beaune –antaño una de las estrellas emergentes del macronismo– y Sarah El Haïry: el primero es alto comisario de Planificación, mientras que la segunda ocupa las funciones de alta comisaria a la Infancia. Sin olvidar a la exdiputada Anne-Laure Cattelot, nombrada presidenta de la Oficina Nacional de Bosques, sin que disponga de competencia específica en la materia.

La lista no es exhaustiva. El próximo cargo que Macron tendrá que cubrir es nada menos que el de gobernador del Banco de Francia. El favorito de las quinielas es Emmanuel Moulin, secretario general de la Presidencia de la República, el colaborador más estrecho de Macron. Su nombramiento solo será válido si recibe la aprobación de ambas cámaras parlamentarias.