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CrónicaDaniela Brik

Sheinbaum, EE.UU. y el desafío del narcotráfico en México o cómo vencer al crimen organizado

El país cuenta con unos 130.000 elementos en la Guardia Nacional para un país con dimensiones y niveles de criminalidad muy superiores a los de España, que ronda los 160.000 entre Guardia Civil y Policía Nacional

Miembros de la Guardia Nacional y del Ejército Mexicano resguardan un predio donde se encontró la construcción de un narco túnel entre México y Estados Unidos en la ciudad de Tijuana (México)EFE

La muerte de Nemesio Oseguera Cervantes, «El Mencho», el pasado domingo, marca uno de los golpes más significativos contra el crimen organizado y el narcotráfico internacional en la última década en México. El descabezamiento del Cártel Jalisco Nueva Generación (CJNG) representa un mazazo sobre la mesa de la presidenta mexicana, Claudia Sheinbaum, pero no es el final del camino: los interrogantes que se abren son múltiples e inquietantes.

Conocido por su control sobre rutas de estupefacientes como cocaína y fentanilo hacia Estados Unidos, pero también hacia Europa, Asia y Oceanía, y por haber diversificado el negocio a otras actividades ilícitas como la trata de personas, el CJNG es igualmente temido por su extrema violencia. Once estados mexicanos han enfrentado bloqueos, tiroteos, quema de gasolineras y caos generalizado tras el operativo, que el gobierno asegura estaría bajo control.

Ya en 2015, durante un intento de arresto, un helicóptero militar fue derribado por los narcotraficantes, un ejemplo de la agresividad histórica del cártel.

La última ofensiva de envergadura en el país fue la recaptura de Joaquín «El Chapo» Guzmán en 2016, que puso fin a una serie de fugas y provocó su posterior extradición a Estados Unidos.

El operativo que acabó con la vida del Mencho, realizado con cooperación de inteligencia estadounidense, fue —en palabras del exdirector del Centro de Investigación y Seguridad Nacional mexicano (CISEN), Guillermo Valdés— «certero y muy eficaz», y envía la señal política inequívoca de que el Estado mexicano está dispuesto a confrontar a los cárteles con determinación, un mensaje que necesitaba consolidarse tras años de críticas por la expansión del narcotráfico. En su análisis para El Debate, Valdés, especialista en seguridad nacional y autor de La Historia del Narcotráfico en México (Aguilar, 2013), libro que reeditará con una segunda edición en breve, subraya que el golpe proyecta una señal clara de fuerza y efectividad.

Al inicio de su mandato, Sheinbaum había mostrado una posición interpretada como conciliadora con el crimen organizado al subrayar la importancia de atacar causas estructurales como la desigualdad. También habían surgido sospechas sobre vínculos con elementos de su partido, Morena. Sin embargo, el golpe contra el Mencho marca un giro de timón: el reconocimiento público este lunes a la Fuerza Nacional que intervino en la operación y la revelación de apoyo en inteligencia de Estados Unidos consolidan esta nueva postura de firmeza.

Cooperación con EE.UU.: señal estratégica sin cesión formal

El operativo confirmó cooperación explícita con Washington, un elemento novedoso de alcance político. Según Valdés, la muerte del Mencho «calma las presiones» en uno de los grandes frentes que Estados Unidos mantiene con México y desmiente la narrativa de que el gobierno estaba paralizado frente a los cárteles.

Mara Hernández, especialista en negociación, resolución de conflictos y construcción de paz, profesora en la Facultad de Ciencias Políticas y Sociales de la UNAM, enfatiza a El Debate que la operación fue dirigida por fuerzas mexicanas, lo que muestra que México puede ser un socio confiable sin perder autonomía.

En términos políticos, Valdés sostiene que la acción reduce la presión externa, pero deja pendiente la presunta connivencia entre política y crimen. Hernández, por su parte, ve el mensaje como más interno, en el sentido de que «nadie es intocable».

Sucesión ordenada o guerra interna

La incógnita más inmediata es qué ocurrirá dentro del CJNG. El diagnóstico no es alentador porque los descabezamientos dentro de los grupos criminales muchas veces se tornan en disputas por herencias mal avenidas. Y en este caso, el hecho de que El Mencho fuera líder de una estructura bastante vertical podría desencadenar una lucha intestina.

El cártel, explica Valdés, no operaba como una estructura empresarial unificada, sino como «franquicias: bandas locales afiliadas que usaban las siglas a cambio de un porcentaje». La cohesión era frágil y el liderazgo «muy personalizado y vertical». En ese contexto, el experto prevé «un periodo de inestabilidad» y probablemente «un proceso violento de lucha».

«Cuando el Cártel de Sinaloa se desprendió de los Beltrán Leyva (2008 2011) se desató un conflicto que duró tres años y provocó más de 11.000 asesinatos. Luego se confrontó con el Cártel de Juárez en Chihuahua (2010 2014) y ese enfrentamiento produjo 15.000 asesinatos», recuerda el especialista en narcotráfico mexicano.

En la misma línea, Hernández comparte el riesgo, aunque desde una lectura más estructural: «En México se ha criticado reiteradamente la estrategia de ‘cortar cabezas’ porque suele generar competencia interna y reacomodos violentos». El descabezamiento, afirma, «debilita las posiciones de ese cártel, aumentando el riesgo de violencia con otros cárteles que aprovechan el momento de debilidad».

Los analistas anticipan turbulencia. La diferencia radica en la intensidad esperada: Valdés advierte que podrían reproducirse guerras como las que en el pasado dejaron miles de asesinatos en Sinaloa o Ciudad Juárez; Hernández no descarta un escalamiento de la violencia, pero considera que el carácter «tan quirúrgico» del operativo podría limitar la capacidad de reorganización inmediata.

Rivales al acecho y capacidad institucional

Además de la pugna interna, la segunda amenaza inmediata es la de las organizaciones rivales que intenten arrebatar territorios en estados donde el CJNG tenía presencia. Valdés anticipa «dos fuentes de violencia»: la lucha interna y la ofensiva externa. Hernández reconoce que, aunque el cártel estaba en más de diez estados, hasta ahora no se han observado tomas de territorio significativas, lo que indica que el Estado logró contener la expansión inmediata del caos tras el golpe.

Uno de los desafíos más acuciantes en México es combatir al narco en estados donde la presencia del Estado es mínima o nula y donde la fuerza pública sufre déficits institucionales y acusaciones de corrupción.

Valdés advierte de un «déficit institucional enorme de policías» y compara las cifras: México cuenta con alrededor de 130.000 elementos en la Guardia Nacional para un país con dimensiones y niveles de criminalidad muy superiores a los de España, que ronda los 160.000 entre Guardia Civil y Policía Nacional. Si se desatan guerras simultáneas en varios estados, sostiene, «México no tiene capacidad suficiente para pacificar esto».

En el plano político, el impacto es innegable. El operativo puso de manifiesto que las políticas de «abrazos» quedaron atrás, aunque ambos analistas coinciden en que se trata de un golpe que necesita consolidarse con una estrategia integral que desarticule redes, no solo líderes.

Escenarios abiertos más allá del hito

El operativo contra el CJNG no solo se inscribe en la guerra contra el narcotráfico mexicano, sino en un tablero geopolítico más amplio. La neutralización del Mencho se ha dado bajo expectativas de aliados como Estados Unidos de que México asumiera un papel más agresivo frente al crimen transnacional. Como trasfondo, los asaltos a las presuntas narcolanchas en la región, la intervención en Venezuela o las recientes conversaciones entre Donald Trump y el presidente colombiano, Gustavo Petro, sobre la cuestión.

Según apunta el especialista Eduardo Guerrero Gutiérrez en El Financiero, con la acción «nos alejamos del peor escenario posible… una acción militar de Estados Unidos en territorio nacional».

La muerte del Mencho marca un punto de inflexión, pero el verdadero desafío será lo que viene después: la reorganización del CJNG, la reacción de los rivales y la capacidad del Estado para contener posibles escaladas de violencia. Esa será la verdadera prueba de la eficacia del operativo y de la estrategia de seguridad frente a las organizaciones más violentas del continente.