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Andrej Babis, primer ministro checoAFP

Entrevista al primer ministro checo

​Andrej Babiš: «El llamado cordón sanitario alrededor de los patriotas se está derrumbando»

Es su segundo mandato como primer ministro de la República Checa. ¿Qué principales diferencias y retos ve en comparación con su primer mandato?

El primer ministro checo reflexiona en esta entrevista con El Debate: «Personalmente, soy muy activo en la UE. Estoy trabajando para crear un grupo de Amigos de la Competitividad con el objetivo de reevaluar fundamentalmente todo el sistema de comercio de emisiones RCDE 1, cuyos precios están fuera de control y están destruyendo la industria europea«.

Dicho esto, celebra: «Mi iniciativa ha sido recibida positivamente, por ejemplo, por la primera ministra italiana Giorgia Meloni y el canciller alemán Friedrich Merz, y me complace que Bruselas esté empezando a reconocer gradualmente que este problema debe abordarse».

Es su segundo mandato como primer ministro de la República Checa. ¿Qué principales diferencias y retos ve en comparación con su primer mandato?

–En mi primer mandato, dirigí un gobierno minoritario que dependía de la tolerancia de otros partidos, lo que nos daba un margen de maniobra limitado. Hoy contamos con una clara mayoría parlamentaria y una coalición que coincide en lo fundamental: una República Checa próspera, segura de sí misma y soberana, en la que los ciudadanos checos y los intereses nacionales son lo primero.

Al mismo tiempo, la situación que hemos heredado del anterior Gobierno de Fiala es mucho más complicada. Tras cuatro años de promesas incumplidas y mala gestión, las finanzas públicas están dañadas, la confianza en el Estado se ha debilitado y la sociedad está más dividida.

–¿Cuáles son las prioridades?

–Este año se centrará en gran medida en sanear el presupuesto, estabilizar las finanzas públicas, realizar auditorías en todos los ministerios, revisar los contratos y crear equipos sólidos dirigidos por gestores con experiencia. Entre las primeras medidas del Gobierno se encuentran el rechazo del RCDE 2 (Régimen de Comercio de Derechos de Emisión 2), la reducción de los precios de la electricidad para los hogares y las empresas, el rechazo del pacto migratorio de la UE y la preparación de una nueva Ley de Construcción para acelerar la construcción y mejorar la asequibilidad de la vivienda.

– ¿Por qué cree que el pueblo checo decidió volver a elegirle para el Gobierno?

–Porque la gente comparaba las palabras con la realidad. El gobierno anterior hablaba constantemente de valores y responsabilidad, pero el resultado fue un aumento de los precios, un descenso del nivel de vida y excusas en lugar de resultados concretos. Incumplieron sus promesas electorales, como la de no subir los impuestos, y dejaron de escuchar a los ciudadanos. Su estrategia política se basaba casi exclusivamente en hacer campaña contra mí y sembrar el miedo, sin ofrecer una visión positiva para el país. Se centraron casi exclusivamente en la guerra y en Ucrania, mientras que los problemas cotidianos del país quedaron relegados a un segundo plano.

–¿Cree que la UE puede cambiar en cuestiones clave como la inmigración o la agenda climática?

–Sí, creo que se producirá un cambio más amplio. Cada vez más países están empezando a ver la realidad de una manera similar. El llamado cordón sanitario alrededor de los patriotas se está derrumbando tácitamente. Cuando los partidos tradicionales necesitan votos, los patriotas se convierten de repente en «socios aceptables». Eso en sí mismo dice mucho.

Las ideas de Estados nacionales soberanos, democracia real, protección de las fronteras exteriores, lucha firme contra la migración ilegal, libertad de expresión y revisión fundamental del Pacto Verde ya no son marginales. Reflejan la experiencia de millones de europeos que lo ven en sus facturas de energía, en el coste de la vida y en el espacio cada vez más reducido para el debate libre. El cambio en la UE no se producirá de la noche a la mañana, pero tras las elecciones europeas de 2029, el equilibrio en el Parlamento Europeo podría ser fundamentalmente diferente.

Proteger las fronteras y hacer cumplir la ley no es extremismo, sino un deber básico del Estado

–¿Qué lección podría aprender Europa Occidental de Europa Central en esta materia?

–Europa Central se dio cuenta muy pronto de que la migración ilegal masiva crea problemas de seguridad, sociales y culturales a largo plazo que son muy difíciles de corregir. Proteger las fronteras y hacer cumplir la ley no es extremismo, sino un deber básico del Estado hacia sus ciudadanos. La integración solo funciona si la migración está bajo control.

La experiencia histórica también es importante. Europa Central pasó por el comunismo y por experimentos ideológicos impuestos desde arriba. Sabemos adónde puede llevar la superioridad moral combinada con la censura y la ingeniería social. Por eso es importante la cooperación dentro del Grupo de Visegrado. Una Europa Central unida, que representa a unos 65 millones de personas, puede aportar pragmatismo, realismo y sentido común al debate europeo y equilibrar la influencia de los Estados más grandes.

Cada mes de guerra significa miles de muertos más y daños más profundos e irreversibles.

–Giorgia Meloni ha afirmado que Europa debe dialogar con Rusia, algo que Viktor Orbán ha defendido desde el inicio de la guerra. En su opinión, ¿cuál es la mejor solución para poner fin a la guerra en Ucrania?

–Apoyo a Giorgia Meloni; la considero una líder excelente con opiniones firmes que comparto. Sin embargo, hablar no significa estar de acuerdo, y la diplomacia no significa capitulación. Las guerras no terminan con declaraciones en las redes sociales o posturas morales. Terminan en la mesa de negociaciones. La primera prioridad debe ser detener la matanza y evitar más destrucción. Cada mes de guerra significa miles de muertos más y daños más profundos e irreversibles.

Al mismo tiempo, Europa debe afrontar la realidad. Al adoptar una postura tan rígida, a menudo más retórica que estratégica, ha debilitado su propio papel. A veces, incluso parece que prolongar la guerra fuera un objetivo en sí mismo, independientemente del coste humano. Este enfoque ha reducido la credibilidad de Europa y, lamentablemente, la propia Europa no tiene la clave para poner fin al conflicto. Esa clave está en Washington, concretamente en manos de Donald Trump.

–La Unión Europea se muestra cada vez más crítica con las posiciones conservadoras y se le acusa de restringir la libertad de expresión, por ejemplo, mediante las multas impuestas a la plataforma X. ¿Puede esta tendencia perjudicar a la democracia europea?

–Cuando las personas se enfrentan a investigaciones policiales, registros domiciliarios o incluso penas de prisión por declaraciones realizadas en Internet, debemos preguntarnos hacia dónde se dirige Europa. Paso a paso, casi sin que nos demos cuenta, la libertad de expresión se está reduciendo, a través de nuevas regulaciones, debates sobre la identidad digital o intentos de abolir el anonimato en Internet. Este camino es muy peligroso.

La democracia no puede sobrevivir sin un pluralismo genuino. No se trata de una opinión «correcta» aprobada por las instituciones. La democracia debe ser como un bufé, que ofrezca muchos puntos de vista diferentes entre los que los ciudadanos puedan elegir libremente, debatir y discrepar. Los sesgos políticos o ideológicos impuestos mediante multas, censura o presión económica socavan la confianza, profundizan la polarización y, en última instancia, debilitan la propia democracia.

– ¿Cree que podrían volver a darse situaciones de persecución similares a los casos de Georgescu en Rumanía, Marine Le Pen en Francia o Matteo Salvini en Italia?

–Yo mismo he sido objeto de un absurdo proceso judicial durante casi diez años, simplemente por negarme a formar parte del corrupto sistema de los partidos políticos tradicionales. Mis oponentes están tratando de apartarme de la política por todos los medios posibles. Por lo tanto, los riesgos existen. La justicia selectiva es uno de los fenómenos más peligrosos en una democracia. Si los sistemas jurídicos se perciben como un arma política, lo que se denomina acertadamente «guerra jurídica», la confianza pública se derrumba.

Los tribunales deben ser independientes no solo de los gobiernos, sino también de la presión de los medios de comunicación

La única prevención real es el estricto cumplimiento del Estado de derecho, la igualdad de normas para todos y la total transparencia. Los tribunales deben ser independientes no solo de los gobiernos, sino también de la presión de los medios de comunicación y de las agendas políticas supranacionales. La respuesta no es menos democracia, sino más democracia, más libertad, una mayor participación ciudadana y confianza en la capacidad de la sociedad para hacer frente a cualquier opinión.

–Europa tiene cada vez menos importancia en la escena mundial. ¿Qué debe cambiar para que vuelva a ser un actor global importante?

–Europa se ha acorralado a sí misma. Debe poner fin a los experimentos ideológicos y volver al realismo. La UE produce alrededor del 8 % de las emisiones mundiales de CO₂, pero se comporta como si fuera la única encargada de «salvar el planeta», incluso a costa de destruir su propia industria y prosperidad.

Europa no puede aspirar a tener importancia mundial si se centra en regulaciones simbólicas en lugar de en la tecnología, la inteligencia artificial, la fabricación avanzada y la autonomía estratégica. Es difícil que se la tome en serio como actor global cuando la energía política se consume en debates sobre las emisiones de las vacas, la prohibición de los coches con motor de combustión normal o la obligación de que la gente deje de usar el coche y se pase a la bicicleta, mientras que sus competidores invierten masivamente en innovación, industria, tecnologías espaciales y defensa.

Europa necesita un cambio fundamental hacia la inversión en investigación y desarrollo, energía asequible y fiable, innovación, educación y fortaleza industrial. Necesitamos autosuficiencia en energía, materias primas, fabricación y agricultura. Al mismo tiempo, es necesario reducir la burocracia en Bruselas, acercar la toma de decisiones a los Estados miembros, completar el mercado único y proteger eficazmente las fronteras exteriores.

–¿Cuál es su relación con su partido homólogo del grupo europeo Vox y cuál es su relación con Santiago Abascal?

–Respeto a Santiago Abascal y aprecio su valentía política. Compartimos una visión similar de Europa, la soberanía y la responsabilidad democrática. Vox representa una forma saludable de conservadurismo y da voz a muchos españoles que se sienten ignorados por la corriente dominante. Les deseo sinceramente mucho éxito.

Por supuesto, cada país tiene su propio contexto político e histórico, y España no es una excepción. Estoy convencido de que Santiago lo entiende bien. El camino a seguir pasa por centrarse en los problemas reales que afectan a la vida cotidiana de las personas, y no en batallas ideológicas impuestas desde arriba. Si Vox sigue este camino, se hará más fuerte y relevante.

–En su opinión, ¿Cómo será Europa dentro de diez años?

–Europa se encuentra en una encrucijada. Hay dos caminos posibles. Uno conduce a un mayor declive, a una creciente irrelevancia, a un nivel de vida más bajo y a la frustración de los ciudadanos. El otro conduce a la renovación. Si Europa redescubre el sentido común y da prioridad a la prosperidad, a una energía asequible, a una sanidad sólida, a un transporte que funcione y a la cohesión social, puede seguir siendo uno de los mejores lugares del mundo para vivir. Esa opción sigue existiendo. Sin embargo, el tiempo es limitado.