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Kurosh, iraní residente en España

Kurosh, iraní residente en España

Iraníes de la diáspora

«El 'No a la guerra' es una frase para una situación democrática. No quieren escucharnos»

Muchos iraníes que viven en el extranjero siguen teniendo miedo de dar la cara por temor a que el régimen tome represalias contra sus familias

  • El Debate ha hablado con cuatro jóvenes que han rehecho sus vidas en España y esperan la caída del régimen con la ofensiva liderada por EE.UU. e Israel

«Intentaba no opinar nada, porque estoy en España y a lo mejor estoy viviendo una cosa muy diferente, pero el 99 % de las personas con las que estoy hablando, la familia o los amigos, están deseando la ofensiva de Estados Unidos e Israel, porque no es factible una vía diplomática, así es imposible la caída del régimen de Irán», cuenta Kurosh ocultando su rostro porque siempre ha vivido «con miedo a hablar de política y de expresarse libremente». Kurosh es el nombre ficticio de un iraní que, después de vivir 25 años en su país, vino a España a estudiar y se quedó sin la intención de volver, pero su familia sigue en Irán.

Es originario de Isfahán, una de las ciudades más grandes de Irán y escaparate de la cultura persa, de la que es heredera directa la cultura iraní; quizá un ejemplo perfecto para ilustrar la tensión que existe entre la identidad de esa civilización milenaria –sofisticada, cosmopolita y artística– y el proyecto ideológico islamista de los ayatolás que gobiernan el país desde la revolución de 1979 contra el sah de Persia, Mohammad Reza Pahlaví. De hecho, es su hijo Reza quien, desde el exilio, intenta liderar la transición a la democracia si la ofensiva militar conjunta de Estados Unidos e Israel logra derrocar a los ayatolás.

Kurosh no es el único iraní que desde la diáspora no entiende que haya personas que no apoyen los ataques contra la República Islámica, como es el caso del Gobierno español. «El 'No a la guerra' diplomáticamente es una postura correcta, pero como iraní no lo comparto (...) El régimen de los ayatolás es un peligro para todo el mundo, ya no solo para Irán, llevan 47 años secuestrando a la población». Esta es la opinión de Marjan, de 37 años, que, aunque originaria de la zona sur de Irán, lleva 30 años viviendo en España.

«He ido al colegio en Irán hasta segundo de primaria. Antes de entrar hacíamos cola en el patio y teníamos que gritar 'muerte a Israel, muerte a Estados Unidos'. Incluso nos dejaban sus banderas en el suelo y las teníamos que pisar. Nos daban charlas de que ser mártires es lo mejor que te puede pasar en la vida. ¿Cómo puedes dar un mensaje así a niños de seis y siete años?», explica indignada.

Dane, originaria de Teherán, la capital, vive desde hace 17 años en España. También de forma anónima explica que «todos estos años ha intentado no hablar políticamente» de su país porque, como es su caso, todavía tiene a sus padres y otros familiares en Irán y «puede haber represalias muy graves».

Medis, iraní residente en España

Mediss, iraní residente en España

La verdadera guerra son los 48 años de régimen islamista, en Irán siempre estamos en guerraMediss (38 años)Activista iraní exiliada en España

Ella estuvo detenida en las instalaciones de la conocida como Policía de la Moral, es un ejemplo de la represión hacia la mujer que ejercen los ayatolás. «Todas las chicas que hemos querido ser libres hemos pasado por esa comisaría. A mí me detuvieron porque estaba maquillada y porque llevaba una cosa que llamamos manto por encima de la rodilla», relata. «Para nosotros esto no es una guerra, es una misión de rescata», defiende.

«Todo el mundo está de acuerdo en decir no a la guerra. Nadie quiere algo así. Pero por qué nadie dijo nada cuando el régimen mató a decenas de miles de personas una semana antes durante unas protestas antirrégimen», recrimina Mediss. En un grito desesperado, Marjan pide que se escuche a los iraníes para entender por qué muchos de ellos apoyan la ofensiva de Estados Unidos e Israel. «Y si no es la guerra, ¿qué solución hay? Dadnos una solución, lo llevamos pidiendo ya demasiado tiempo y nadie nos ha querido oír», reprocha claramente emocionada.

El régimen, un peligro para el mundo

Tras el estallido de las protestas de los bazaristas a finales de diciembre, poco a poco se fueron sumando a las manifestaciones iraníes de todas las clases sociales. Los días 8 y 9 de enero supusieron un punto de inflexión debido a la fuerte represión con la que respondió el régimen. Todavía no hay una cifra de muertos exacta debido al apagón informativo, pero mientras el régimen habla de poco más de 3.000 fallecidos, otras fuentes elevan la cifra a más de 30.000.

A Kurosh las protestas le sorprendieron estando de visita en Irán. «Estaba en casa de mis abuelos, que es una zona periférica, y tenía previsto salir sobre las 11 de la noche para llegar a tiempo al aeropuerto de Teherán. Empezamos a escuchar mucho ruido, disparos, y mi familia me dijo que teníamos que salir cuanto antes».

Marjan cuenta que durante esos días «la Guardia Revolucionaria –una fuerza militar paralela al Ejército que se creó tras la revolución del 79 para proteger el sistema islámico– salió a la calle y empezó a disparar a la gente con balas de guerra. A los heridos no se les podía llevar al hospital y, si llegaban, los mataban». «¿Qué esperanza puedes tener si vives en un país así? Esto es para que se entienda por qué la gente está a favor de la ofensiva de Estados Unidos e Israel».

Marjan, iraní residente en España

Marjan, iraní residente en España

El régimen de los ayatolás es un peligro para el mundo, no solo para IránMarjan (37 años)Iraní residente en España

Dane, que de vez en cuando consigue hablar con algunos de sus familiares que continúan allí, relata que «como siempre cortaron el acceso a internet» y «no tener contacto con tu propia familia fuera de tu país es muy agobiante». Marjan también cuenta lo difícil que es mantener el contacto: «Es un estrés muy fuerte. Nos levantamos a todas horas y miramos el móvil a ver si hay noticias y si ha pasado algo».

Mediss, sobre la que pesan dos sentencias de muerte y no puede volver a su país, explica que la República Islámica de Irán «tiene una definición muy clara que es terror». «Este régimen supone todas las cosas que están mal en el mundo», subraya. Kurosh, además, denuncia como, bajo la teocracia islamista, los iraníes han ido perdiendo su poder adquisitivo, viviendo en uno de los países con las mayores reservas de petróleo del mundo. «Antes podías comprarte un piso, cambiarte de coche, tu pasaporte tenía valor. Ahora tenemos un régimen dictador que intenta controlarlo todo y todo lo que gana con el petróleo no llega a los bolsillos de la gente», sostiene.

Una alternativa a los ayatolás

Reza Pahlaví, hijo del último sah de Persia, huyó al exilio tras el derrocamiento de la monarquía durante la revolución islámica de 1979. Mentado como el príncipe heredero por sus seguidores, su papel fue clave durante las masivas movilizaciones de principios de enero en las que hizo un llamamiento para animar a los iraníes a salir a las calles. Respecto a él, que se ha ofrecido a liderar una transición cuando caiga el régimen, entre los iraníes hay opiniones encontradas.

«Se ha formado fuera de Irán, tiene conocimientos políticos y por eso creo que podría ser un buen líder», dice Marjan sobre Pahlaví, aunque insiste en que en Irán deben celebrarse elecciones y que «la gente decida». Coincide en su planteamiento con Mediss, que insiste en que no van a aceptar ningún modelo político que sea autoritario. «Lucharemos con todo para acabar con el término de líder supremo. Un país como Irán se merece tener un presidente y ser gobernado por partidos democráticos», reivindica Kurosh.

Dane, iraní residente es España

Dane, iraní residente es España

Hay gente en Occidente desde su sofá que está opinando, no entiendo tanto odio hacia nuestra libertadDaneIraní residente en España

«Tengo mucha esperanza de que esta vez de verdad va a salir todo bien», dice Dane entre lágrimas, «todos hemos perdido a algún amigo, algún ser querido, pero esta vez lo digo por justicia, yo creo en Dios y sobre todo en la justicia». «Hay gente en Occidente desde su sofá que está opinando, no entiendo tanto odio hacia nuestra libertad», sentencia.

Más allá del deseo de los iraníes de que el régimen de los ayatolás caiga, sorprende ver cómo jóvenes de poco más de 30 años como Kurosh creen tan difícil que ese momento pueda llegar; aunque eso no les hace perder la esperanza. «Pienso que llegará un momento en que seamos libres y felices. A lo mejor yo no voy a vivirlo, ni mi familia, pero en un futuro creo que llegará».

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