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Elliot Broidy

Sánchez está mancillando el buen nombre de España

El daño que le ha causado a la reputación de España en Washington es incalculable y debería ser motivo de preocupación para todos los españoles sensatos

Permítanme presentarme, ya que soy un desconocido en España, un país cuyo presidente del gobierno nos llena de gran temor a mí y a miles de judíos estadounidenses como yo. Y a millones de cristianos estadounidenses, por supuesto.

Soy un empresario afincado en Florida y dedico gran parte de mi tiempo a causas filantrópicas. Recientemente, he apoyado al Counter Extremism Project (CEP), una organización internacional sin ánimo de lucro dedicada a combatir la creciente amenaza que suponen las ideologías extremistas. Ayudé al CEP a adquirir una casa de Auschwitz situada justo fuera del perímetro del campo de exterminio. Se trata de la casa en la que el comandante del campo, Rudolf Höss, había vivido con su familia. Muchos de los lectores de este artículo estarán familiarizados con la casa por haber visto La zona de interés (2023), una película sobre la cómoda banalidad de la idílica vida doméstica de Höss mientras planificaba y supervisaba el asesinato de un millón de judíos. Esa casa, en la que una vez vivió un monstruo, se ha convertido ahora en un centro de investigación y estudio sobre las organizaciones que están detrás del auge del antisemitismo en todo el mundo.

Para quienes dedicamos nuestras vidas a la lucha contra el antisemitismo y a la defensa enérgica del Estado judío en Israel, la actitud de Pedro Sánchez ha sido muy preocupante. Desde el ataque asesino de Hamás contra Israel el 7 de octubre de 2023, el señor Sánchez no ha perdido ocasión de tratar a Israel como un paria. Da voz alta y frecuente a las calumnias de la izquierda internacional que describen a Israel como un Estado de apartheid y caracterizan su guerra de autodefensa en Gaza como un «genocidio».

El señor Sánchez ha estado al frente de los esfuerzos políticos europeos para reconocer un Estado palestino y ha otorgado dicho reconocimiento a los palestinos en nombre de España sin que estos hayan hecho ni la más mínima concesión respecto al derecho de Israel a existir. Arremete contra Israel y su primer ministro en cada oportunidad que se le presenta, y ahora ha añadido a su fanatismo antiisraelí una oposición ruidosa y ostentosa a la guerra estadounidense-israelí contra Irán. Entendemos que sus motivos son cínicos: ¿qué mejor manera puede haber para él de distraer la atención de la corrupción de su Gobierno socialista que posar como un referente progresista internacional contra la guerra?

El daño que el señor Sánchez ha causado a la reputación de España en Washington es incalculable y debería ser motivo de preocupación para todos los españoles sensatos. El presidente Trump, como era de esperar, ha amenazado con cortar todo el comercio con España como consecuencia de la hostilidad del Sr. Sánchez. Un artículo reciente del Wall Street Journal sugería, además, que España debería enfrentarse a consecuencias económicas punitivas en virtud de la Enmienda Ribicoff a la Ley de Reforma Fiscal de 1976 por boicotear a Israel como política del Gobierno nacional.

Escribo este artículo para que los lectores españoles sepan que su Gobierno está mancillando el buen nombre de España ante muchos en Estados Unidos. No solo muchos judíos estadounidenses lo consideran un antisemita desinformado, inculto y rabioso, sino que también lo hacen millones de cristianos. Estoy muy involucrado en comunidades de Florida, California y Nueva York, y he perdido la cuenta del número de personas, tanto cristianas como judías, que han expresado dolor, e incluso repugnancia, ante la hostilidad que el señor Sánchez ha mostrado hacia el único Estado judío.

Hay 2.300 millones de cristianos en el mundo, y constituyen la mayoría en 120 países. Hay 1.500 millones de musulmanes en el mundo, repartidos en 52 países de mayoría musulmana. En 30 de esos países, más del 90 % de la población es musulmana. Solo hay 15 millones de judíos en el mundo. Israel es el único país del mundo donde los judíos son mayoría. De los 10 millones de personas que viven en Israel, aproximadamente 7 millones son judíos y 2,1 millones son árabes. No hay apartheid en Israel. Los árabes israelíes van a colegios públicos con los judíos israelíes, son miembros del Parlamento, trabajan juntos en empresas y hospitales, y ejercen como jueces del Tribunal Supremo de Israel.

La hostilidad del señor Sánchez comparte horribles connotaciones con la Inquisición española, un periodo en el que cientos de miles de judíos fueron obligados a convertirse al catolicismo, miles fueron torturados para determinar si realmente se habían convertido y al menos 2.000 fueron asesinados. Las estimaciones indican que entre 40.000 y 100.000 fueron exiliados.

Es un período que vive en la infamia y que ahora está siendo recordado tanto por judíos como por cristianos. Mientras que el anterior Gobierno conservador hizo lo correcto al promulgar una ley en 2015 que concedía la doble nacionalidad a los judíos que pudieran vincular su ascendencia con España, el siguiente Gobierno progresista y el que le siguió, liderado por el señor Sánchez, no lo hicieron. Antes de que la ley expirara en 2019 y no fuera renovada, se concedió dicha ciudadanía a más de 4.300 judíos. Ahora, el Gobierno español no se preocupa por disimular el odio y la animadversión hacia el pueblo judío. El pueblo español debe tomar conciencia del daño que está causando el presidente Sánchez y de los puentes que está quemando.

  • Elliott Broidy es presidente y director ejecutivo de Broidy Capital Holdings y copresidente del Fondo para Acabar con el Antisemitismo, el Extremismo y el Odio

(Texto traducido del inglés por Tunku Varadarajan)