El presidente del Parlamento iraní, Mohammad Baqer Qalibaf, en Teherán, Irán
Mohammad Qalibaf, un radical entre radicales y nuevo «hombre fuerte» de Irán con el que estaría hablando Trump
El presidente de Estados Unidos, Donald Trump, señaló este martes que, tras la ofensiva militar iniciada junto a Israel el pasado 28 de febrero contra Irán, ahora «nadie sabe con quién hablar; nos hemos quedado sin nadie a quien acudir, pero estamos hablando con las personas adecuadas», en referencia a lograr una salida negociada al conflicto. Trump, sin embargo, agregó que su Administración está «tratando con el hombre que creemos es el más respetado y el líder». El mandatario estadounidense evitó dar nombres porque, subrayó, «no quiero que lo maten».
Así, descartó por completo al sucesor del líder supremo, Alí Jameneí, muerto durante el primer día de ataques contra la República Islámica, Mojtaba Jamenei, del que dijo «no sabemos si está con vida». Mojtaba Jamenei resultó herido en el bombardeo que acabó con la vida de su padre y predecesor y, desde su designación el pasado 8 de marzo, no se ha mostrado en público ni se ha oído su voz. Ante este aparente vacío de poder en la cúpula del régimen iraní tras los «asesinatos selectivos» de varios de sus hombres fuertes por parte de Israel y Estados Unidos, el nombre de Mohammad Baqer Qalibaf, presidente del Parlamento iraní, ha empezado a sonar con fuerza como el posible interlocutor con Washington en unas negociaciones de paz para poner fin al conflicto.
Mohammad Baqer Qalibaf, de 64 años, ha negado categóricamente que haya mantenido ningún contacto con la Administración Trump. En una publicación este lunes en su cuenta de X, antes Twitter, se refirió a las palabras del presidente de Estados Unidos como «noticias falsas para manipular los mercados financieros y petroleros y escapar del atolladero en el que se encuentran atrapados Estados Unidos e Israel». «El pueblo iraní exige un castigo completo y ejemplar para los agresores», aseguró. Aun así, medios estadounidenses insisten en que Washington ve en Qalibaf a ese «hombre fuerte» del régimen con el que entablar conversaciones y discutir su plan de 15 puntos.
El ahora presidente del Parlamento iraní es conocido por ser un radical entre los radicales del acotado arco político de la República Islámica. Qalibaf nació en 1961 en Torqabeh, cerca de Mashhad, una ciudad de gran importancia religiosa y de peregrinación en el noreste de Irán, y lugar de nacimiento del fallecido líder supremo, el ayatolá Alí Jamenei. El político y excomandante de la Fuerza Aérea del Cuerpo de la Guardia Revolucionaria Islámica (CGRI) sirvió en este Ejército paralelo durante la guerra entre Irán e Irak de la década de 1980. Ascendió rápidamente hasta llegar a comandar unidades en algunas de las batallas más duras del conflicto con tal solo 36 años. Sus vínculos con Jamenei le ayudaron a ostentar altos cargos después de que este se convirtiera en líder supremo.
Sirvió durante un tiempo como jefe de la Policía y, en 2005, se convirtió en el alcalde de Teherán, cargo que ocupó durante 12 años. Durante esta etapa fue acusado de corrupción, así como de aprovecharse de su puesto para amasar una fortuna personal, sobre todo a través de negocios inmobiliarios. Una afición que comparte con el actual líder supremo, cuyo patrimonio oculto se valora en unos 400 millones de euros, la mayoría amasado gracias a inversiones en apartamentos, resorts de lujo o centros comerciales en Europa. A él se le atribuye la modernización, pero también la militarización, de la capital durante su época como alcalde, y se hizo popular al dejarse ver recorriendo Teherán en moto para evitar el tráfico.
Qalibaf, como muchos dentro del régimen iraní, tiene las manos manchadas de la sangre de manifestantes y opositores a la teocracia islamista. En 1999, firmó una carta junto a otros líderes en la que advertían al entonces presidente reformista Mohammad Jatamí de que, si no tomaba medidas drásticas contra las protestas estudiantiles que se desataron ese año en Irán, lo harían ellos. El Centro para los Derechos Humanos en Irán (CHRI, por sus siglas en inglés, con sede en Nueva York) aseguró en 2013 haber tenido acceso a varias grabaciones en las que Qalibaf se jactaba de su papel en la represión de ese levantamiento, así como en el de 2003.
«Es un hombre fuerte. Fue comandante aéreo del CGRI durante años. Estuvo muy involucrado con las fuerzas del orden iraníes y por ello tiene las credenciales dentro del CGRI, el Ejército y los sectores de la línea más dura de Irán para ser el principal interlocutor en cualquier negociación con Estados Unidos», afirma Sina Azodi, director de Estudios sobre Oriente Medio de la Universidad George Washington. Como presidente del Parlamento, ocupa uno de los tres cargos más altos dentro del régimen, junto al presidente, Masoud Pezeshkian, y el jefe del poder judicial, Gholam-Hossein Mohseni-Ejei.
Entre estos puestos y el líder supremo, sin embargo, se sitúan arios niveles de asesores personales, generales retirados del Cuerpo de la Guardia Revolucionaria Islámica y, por lo general, el poderoso secretario del Consejo de Seguridad Nacional, responsable de todos los asuntos de seguridad interna y externa. Esta posición la ocupa desde este miércoles, otro excomandante de la Guardia Revolucionaria, Mohammad Bagher Zolghadr, tras la muerte en un ataque israelí la semana pasada de su predecesor Alí Larijani.