Stefania Craxi, nueva portavoz parlamentaria de Forza Italia
Stefania Craxi, de hija de socialista corrupto a alter ego de Meloni en la derecha italiana
Hace aún unos días, la senadora Stefania Anastasia Gabriella Craxi (Milán, 25 de octubre de 1960) no hubiera imaginado que el 26 de marzo se convertiría en la nueva portavoz de Forza Italia en la Cámara Alta del Parlamento italiano. Mas la renuncia al cargo del veterano Maurizio Gasparri –voluntaria según el interesado, una de las consecuencias de la derrota en el referéndum sobre la Justicia, según lenguas peor intencionadas– ha acelerado el rediseño de las responsabilidades en la segunda formación de la coalición en el poder. También en el seno del Gobierno, como lo demuestran las implacables destituciones de los ministros Daniela Santanchè y Andrea Delmastro Delle Vedove.
Stefania Craxi también apoyó sin reservas el sí, definitivamente derrotado en la consulta impulsada por la primera ministra Giorgia Meloni. Sin exponerse mucho en público, su apoyo se debe, en primer lugar, a razones de solidaridad política para con los suyos. Pero también para defender su propia historia personal.
Porque Stefania defiende a machamartillo la memoria de su padre Benedetto, Bettino para el gran público, inexpugnable líder del Partido Socialista Italiano entre 1976 y 1993, primer ministro entre 1983 y 1987, que acabó siendo condenado dos veces por contumacia: a cinco años y seis meses de prisión por soborno en el juicio Eni-Sai, y a cuatro años y seis meses de prisión por financiación ilícita por los sobornos del Metro de Milán. La operación «Manos limpias», de regeneración de la democracia italiana por vía judicial, hizo una víctima orgánica: la vieja Democracia Cristiana. Y una personal: Bettino Craxi, que acabó sus días en Túnez como prófugo de la Justicia de su país.
En su honor Stefania creó las Fundación Craxi, que reivindica machaconamente el legado de su padre, al tiempo que obvia machaconamente, o relativiza sin contemplaciones sus corruptelas. «La herencia patrimonial de Papá fueron únicamente deudas con los abogados», jura Stefania al conocido periodista Bruno Vespa en Storia d’Italia da Mussolini a Berlusconi. Así sea. Sin embargo, ahí están unos fallos judiciales de cemento armado.
La fidelidad absoluta se hizo extensiva, incluso, a la agresión física: narra el mismo Vespa en otro libro, Amore e potere, cómo Stefania, durante un evento de la Rai en 1985, arrancó un pendiente de una de las orejas de Ania Peroni, la joven amante de su padre, a la que este último, siendo primer ministro de Italia, había nombrado, si que lo justificase mérito profesional alguno, presidenta de un canal televisivo privado. Cuando murió Bettino Craxi en enero de 2000, Peroni llamó por teléfono a Stefania, que se negó a hablar con ella. Eso sí, la antigua amante sigue conservando el pendiente que se salvó de la furia de la hija celosa.
A quién si está eternamente agradecida Stefania es a Silvio Berlusconi. Il Cavaliere supo corresponder al favoritismo descarado de Bettino Craxi hacia él –promulgó un discutible decreto que permitió el despegue del imperio mediático del empresario– contratando a su hija en Canale 5, una de sus televisiones generalistas. Y la agradecida hija le siguió cuando inició su aventura política como referente político del nuevo centro derecha italiano.
Por eso importa bien poco la ideología de Stefania, si sigue siendo socialista o si ha evolucionado hacia posiciones más conservadoras: se trata, ante todo, en la más pura tradición latina y mediterránea, de una cuestión de fidelidades personales. La fidelidad a las personas por encima de la fidelidad a los principios, si se quiere. Diputada entre 2006 y 2013, senadora desde 2018, Stefania, salvo un breve berrinche ocurrido hace 15 años, siempre ha permanecido en las filas berlusconianas. Fue secretaria de Estado de Asuntos Exteriores y ha presidido un par de comisiones parlamentarias. Ahora, a sus 66 años, asume por primera vez una responsabilidad de primerísimo nivel. «Por una vez, mi apellido no ha tenido un impacto negativo», declaró a Il Corriere Della Sera nada más ser nombrada.