Viktor Orbán durante un mitin de campaña
Por vez primera en 16 años Orbán se enfrenta a unas elecciones generales con los sondeos en contra
El resultado de las elecciones generales del 12 de abril en Hungría ponen a prueba la fortaleza de 16 años de gobiernos de Viktor Orbán. El desgasta de tres lustros de poder se refleja en los sondeos que, por primera vez, colocan al líder de Fidesz al borde de una derrota con efecto inmediato, si se produce, en la Unión Europea.
Desde su regreso al cargo de primer ministro en 2010, el líder, de 62 años, ha multiplicado los enfrentamientos con Bruselas, que le reprocha no respetar los tratados firmados por su país al adherirse a la Unión Europea (UE) en 2004.
Con 9,5 millones de habitantes la Hungría de Orbán se ha convertido en una auténtica piedra en el zapato de Úrsula Von der Leyen y de buena parte de los Veintisiete. En especial desde que Budapest bloqueó la política común de ayuda a Ucrania tras la invasión rusa iniciada en 2022 y se filtraron informaciones de que Budapest se habría convertido en confidente de Putin en asuntos confidenciales o delicados de la Unión.
El pulso entre Zelenski y el primer ministro integrado en el grupo europeo de los Patriotas junto a VOX, se ha convertido en algo personal. Bloqueo a fondos de un banco ucraniano por un lado y cierre del suministro de energía proveniente de Rusia por parte de Kiev han tensado hasta límites sin precedentes las relaciones bilaterales.
Hungría cultiva buenas relaciones con potencias que quieren debilitar el bloque y no sienten una simpatía manifiesta por Ucrania. Es el caso de Estados Unidos con el presidente Donald Trump, China con Xi Jinping y naturalmente la Rusia de Vladimir Putin, a la que sigue comprando hidrocarburos.
De hecho, el vicepresidente estadounidense, J.D. Vance, tiene previsto. informa Afp, viajar a Hungría el 7 y 8 de abril para reunirse con Orbán antes de los comicios. Su apoyo quedará expresado públicamente durante un discurso que pronunciará sobre la «rica asociación» bilateral.
En este contexto un quinto mandato del líder húngaro puede significar que seguirá limitando «la capacidad de la UE para hablar con una sola voz», según Zsuzsanna Vegh, coordinadora de programas del centro de reflexión German Marshall Fund. Orbán incluso se sentiría «envalentonado», porque «cuenta con el apoyo del presidente estadounidense», destacó.
Zoltán Kiszelly, del grupo de pensamiento progubernamental Századvég, no comparte esa opinión y cree que será posible llegar a un acuerdo, ya que la UE necesita el apoyo de Hungría para adoptar decisiones por unanimidad, mientras que Budapest requiere desbloquear los fondos europeos para volver a encarrilar su maltrecha economía.
El líder húngaro también se ha acercado y apoyado a la derecha hispanoamericana. Recibió en Budapest a finales de marzo al presidente argentino, el libertario Javier Milei, en un encuentro por «la defensa de los valores occidentales», según la Casa Rosada.
Además se entrevistó en febrero con José Antonio Kast antes de que asumiera la presidencia de Chile para discutir su «lucha contra la inmigración ilegal y las formas de apoyar a las familias», dos de las promesas de ambos líderes.
En caso de un cambio de gobierno en Hungría ninguno de los analistas consultados espera un giro «incondicionalmente» proeuropeo y proucraniano por parte de Peter Magyar, el jefe del partido Tisza, quien actualmente lidera las encuestas.
«Llevaría a cabo una política soberanista, aunque constructiva, respecto a la UE, y seguiría oponiéndose a la inmigración y al Pacto sobre Migración», opina Vegh.
Sin embargo, el «veto húngaro desaparecería» y su oposición a Bruselas ya no sería tan «espectacular», afirma Kiszelly, quien considera que su línea se parecería más a la de la presidenta del Consejo italiano, Giorgia Meloni, o al primer ministro eslovaco, Robert Fico.
Una derrota de Orbán también podría afectar «al movimiento soberanista–nacionalista de derecha, a nivel mundial», según András Biro-Nagy, director del grupo de reflexión Policy Solutions.
Muchos líderes lo consideran «una fuente de inspiración» y «son sus 16 años en el poder los que, en definitiva, le otorgan su credibilidad», recuerda.
Trump, además, «perdería a su mayor defensor dentro de la UE y nadie estaría presente en la mesa para ofrecer el mismo tipo de alternativa, al menos durante un tiempo», opinó también Kiszelly.
En el plano interno, una victoria de Orbán mantendría a Hungría en una senda compleja. «Ha renunciado claramente a implementar las reformas necesarias para obtener los fondos europeos» y desprecia «abiertamente las decisiones del Tribunal de Justicia de la UE», señaló Vegh.
Pero, si sale victorioso, «se puede esperar una mayor radicalización y una intensificación de las acciones agresivas contra los opositores políticos», predijo Biro-Nagy, quien recuerda que en febrero amenazó con seguir tomando medidas drásticas contra «las falsas organizaciones de la sociedad civil, los periodistas a sueldo, los jueces y los políticos».
Magyar, por su parte, se ha comprometido a llevar a cabo las reformas exigidas a Hungría para acceder a los fondos, pero la posibilidad de un cambio real en comparación con lo hecho por Orbán depende de la magnitud de su victoria y sus mayorías, subrayó Biro-Nagy.