Trump anuncia que el Departamento de Defensa, también pasará a llamarse «Departamento de Guerra»
Los asesores de Trump le animan a bombardear las plantas eléctricas y los puentes de Irán: «Es legítimo»
Ultimátum tras ultimátum se acerca la hora de la verdad para las centrales eléctricas de Irán. Este martes a media tarde, –salvo nueva rectificación de Donald Trump–, se vence el plazo para que el país persa despeje el estrecho de Ormuz y se rinda ante las demandas de Estados Unidos y de Israel. Pero Teherán reitera que en su ánimo no está ni estará la intención de someterse a los dos países que bombardean sus estructuras políticas y militares desde el 28 de febrero.
El presidente de Estados Unidos no ahorra en calificativos y exabruptos contra la dirigencia de lo que queda del régimen de los ayatolas. La traducción libre de los insultos en ingles elige los apelativos más suaves como canallas o bastardes cuando la realidad es que, en sus mensajes en Truth Social, Trump recuerda con poco cariño a las madres de la cúpula persa que resiste los ataques.
La Guardia Revolucionaria que controla el estrecho de Ormuz devuelve las amenazas de Trump con otras de grueso calibre que dejarían virtualmente secos a buena parte de los países del golfo Pérsico. Las plantas desalinizadores que surten de agua potable están a tiro de los misiles hipersónicos y de los drones iraníes. Las consecuencias para algunos serían demoledoras; sólo tendrían agua para un par de días.
El presidente de Estados Unidos está informado de los efectos que podría tener entre sus aliados reventar las centrales eléctricas y duda. Trump, según el Wall Street Journal (WSJ), respaldó inicialmente el plan de hacer saltar por los aires toda la infraestructura energética, pese al cuestionamiento de expertos legales y grupos de derechos humanos. Bombardear Irán «hasta reducirlo a la Edad de Piedra» fue su compromiso de hace unos días.
Asesores de Defensa, entre ellos, el secretario de la Guerra y expresentador de televisión, Pete Hegseth, intentan acelerar los tiempos y tratan de convencer al hombre con más poder del planeta de que, materialmente, arrase con Irán. Según su criterio, «sería legítimo». Trump se resiste, pero hace concesiones.
El jueves, Estados Unidos atacó un puente iraní que conecta Teherán con la ciudad de Karaj. Entre los argumentos de los asesores que se inclinan por la opción más definitiva destaca aquella que aseguraba que el puente podía utilizarse para transportar misiles, drones y otro material militar. Según los medios estatales iraníes, al menos 13 personas murieron en el ataque.
Con ese botón de muestra y el mensaje implícito de que está dispuesto a todo, el viernes por la mañana, Donald Trump dio a entender que se avecinan ataques aún más severos de los sufridos hasta ahora. Dicho de otro modo, la vida de los 93 millones de habitantes de Irán pende del hilo de su paciencia. Según el WSJ algunos funcionarios de la Administración Trump han empezado a llamar en privado a esta fase de la guerra «Operación Furia Épica 2», aunque el nombre todavía no es oficial.
«Nuestro ejército ni siquiera ha empezado a destruir lo que queda en Irán. ¡Luego los puentes, y después las centrales eléctricas!», anticipó el presidente en Truth Social.
La estrategia de la Casa Blanca plantea una serie de cuestiones legales y humanitarias, que podrían desembocar en acusaciones de crímenes de guerra si convierte en objetivos a los civiles. Ironías de esta guerra, es a la población de Irán a la que el presidente se comprometió a ayudar cuando el gentío se echaba a las calles en contra de la dictadura. «La ayuda está en camino», transmitió Trump al tiempo que animaba a mantener las protestas del pasado mes de diciembre en las calles.
La idea de destruir las instalaciones eléctricas la defienden con entusiasmo los halcones del Pentágono. Entre otras razones para justificarla destacan que esa decisión coordinada provocaría el caos en la sociedad y esta saldría a terminar el trabajo que ellos no han sabido hacer: derrocar definitivamente al régimen. Y de paso, alejar la posibilidad de fabricar armamento nuclear.
Las posiciones a favor y en contra mantienen un oscilante equilibrio. El Wall Street Journal consultó a expertos sobre el actual escenario. «Podría redactar un memorando que diga que toda la infraestructura energética de Irán es un objetivo legal, pero eso sería demasiado general», dijo Geoffrey Corn, un ex abogado del Ejército que ahora dirige el Centro de Derecho y Política Militar en Texas, «y para aquellos que dicen que si atacas la infraestructura civil estás cometiendo un crimen de guerra, bueno, eso es igualmente demasiado general».
«En última instancia, dichos objetivos pueden ser o no objetivos legítimos, pero eso debe basarse en las circunstancias relacionadas con la operación militar y las consideraciones civiles para cada uno», matizó Corn.
El portavoz del Pentágono, Sean Parnell, respondió sobre el asunto: «Es deber del Departamento de Guerra garantizar que el comandante en jefe tenga a su disposición todas las opciones militares posibles».
La portavoz de la Casa Blanca, Anna Kelly, afirmó que Trump «mantiene un contacto estrecho con nuestros socios en Oriente Medio» y que «los ataques del régimen terrorista iraní contra sus vecinos demuestran lo imperativo que era que el presidente Trump eliminara esta amenaza para nuestro país y nuestros aliados». La historia continúa.