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Lidia Fernández
CrónicaLidia FernándezBudapest

¿Por qué Orbán tiene pocas posibilidades de perder las elecciones en Hungría, aunque tenga menos votos?

Tras su vuelta en 2010 y obtener una mayoría de dos tercios, el Gobierno de Orbán aprobó una nueva Constitución y una reforma electoral que rediseñó por completo las reglas del juego

El primer ministro húngaro, Viktor Orban, a su llegada al Consejo Europeo en Bruselas

El primer ministro húngaro, Viktor Orban,en el Consejo Europeo en BruselasEFE

Por más de tres lustros, el sistema político húngaro ha girado en torno a una figura central: Viktor Orbán. Desde su regreso al poder en 2010 al frente de Fidesz, el primer ministro no solo ha consolidado una mayoría parlamentaria duradera, sino que ha impulsado una transformación profunda del sistema institucional y electoral del país. Esa reconfiguración es clave para entender por qué, incluso en contextos de desgaste político, sus opciones de derrota siguen siendo limitadas.

Tras obtener una mayoría de dos tercios en 2010, el Gobierno de Orbán aprobó una nueva Constitución y una reforma electoral que rediseñó por completo las reglas del juego.

El cambio más relevante fue la reducción del número de diputados del Parlamento –de 386 a 199–y la introducción de un sistema mixto que combina circunscripciones uninominales con listas nacionales.

El elemento decisivo es que 106 escaños se eligen en distritos uninominales mediante sistema mayoritario a una sola vuelta, mientras que los 93 restantes se asignan por representación proporcional. Antes, existía un sistema a dos vueltas que facilitaba alianzas entre partidos opositores; la eliminación de esa segunda vuelta dificulta la coordinación de la oposición. Además, la reforma introdujo mecanismos como la compensación de votos, que beneficia al partido ganador en cada distrito, ampliando su ventaja parlamentaria incluso sin un aumento proporcional en votos.

Organismos internacionales como la OSCE (Organización para la Seguridad y la Cooperación en Europa) y el Consejo de Europa han señalado que el sistema favorece estructuralmente al partido gobernante. Las críticas se centran en varios aspectos: rediseño de distritos, que concentra el voto opositor en áreas urbanas; desigualdad en financiación y acceso mediático, con predominio de medios afines al Gobierno. Y uso de recursos estatales en campaña, destacan observadores.

El Gobierno húngaro defiende que el sistema es legítimo, transparente y comparable al de otras democracias europeas. En rigor, lo que sí existe es un amplio consenso entre observadores internacionales y analistas en que el sistema electoral húngaro es desigual y favorece al partido gobernante.

TISZA sería votado entre el 51 y 56% de los votantes decididos. Mientras que Fidesz estaría entre el 37 y 38% de los decididos

Los datos más recientes en encuestas apuntan a que el partido de TISZA sería votado entre el 51 y 56 % de los votantes decididos. Mientras que Fidesz estaría entre el 37 y 38 % de los decididos. Es decir, la oposición podría llegar a tener entre 10 y 15 puntos de ventaja, según algunos sondeos.

Un factor clave es el voto indeciso: entre el 20 % y 26 % de los votantes aún no han decidido a quién votarán. Esto introduce incertidumbre real en el resultado final.

La caída en intención de voto de Viktor Orbán que reflejan algunas encuestas recientes no responde a una sola causa, sino a la convergencia de varios factores políticos, económicos y sociales que, por primera vez en años, están erosionando parte de su base de apoyo.

El desgaste del poder

Orbán gobierna Hungría de forma casi ininterrumpida desde 2010. Ese largo ciclo genera un desgaste natural: fatiga en parte del electorado; percepción de falta de renovación y aparición de nuevas élites políticas. Este fenómeno es habitual en democracias europeas tras largos periodos de gobierno, pero en Hungría se amplifica por la fuerte personalización del poder.

El Gobierno ha aplicado medidas como controles de precios o subsidios

Uno de los factores más determinantes es la economía. Hungría ha sufrido episodios de inflación muy elevada en los últimos años con aumento del coste de vida, especialmente en alimentos y energía, que han provocado presión sobre salarios. Aunque el Gobierno ha aplicado medidas como controles de precios o subsidios, estas políticas han tenido efectos limitados o temporales. Para muchos votantes, la economía pesa más que los debates ideológicos.

«La gran novedad» ha sido la aparición de otras alternativas políticas y el surgimiento de figuras como Péter Magyar; que ha logrado atraer votantes desencantados, incluso de Fidesz. Presentarse como una opción más transversal, y romper la imagen de una oposición fragmentada y débil. Esto es importante porque, históricamente, una de las fortalezas de Orbán ha sido precisamente la debilidad de sus rivales.

Corrupción

Escándalos de corrupción: la acumulación de polémicas sobre corrupción del gobierno de Orbán y el mal uso de fondos públicos, ha provocado la pérdida de confianza de parte de sus votantes. Una imagen que también se ha visto perjudicada por las críticas de la Unión Europea, y, más recientemente, las tensiones generadas por su relación con Rusia y el bloqueo a préstamos a Ucrania.

Otra clave es la edad del electorado; los jóvenes votan de forma abrumadora contra Fidesz, tienen mayor orientación pro europea y liberal. Pero Hungría es uno de los países más envejecidos de Europa, tiene una media de edad de 44,9 años. Según los últimos datos de la pirámide poblacional (2025), aproximadamente el 28 % de la población húngara tiene entre 18 y 40 años, mientras que más del 50 % tiene más de 40. El restante tendría menos de 18 años. Esto significa que el bloque de votantes mayores duplica prácticamente al joven.

Votos versus escaños

Hungría utiliza un sistema mixto: 106 distritos uninominales; gana el candidato más votado, sin segunda vuelta. 93 escaños por lista nacional que se reparten proporcionalmente, pero con correcciones que benefician al ganador.

Ganar en muchos distritos, aunque sea por márgenes estrechos, puede garantizar una mayoría parlamentaria

Esto implica que ganar en muchos distritos, aunque sea por márgenes estrechos, puede garantizar una mayoría parlamentaria amplia.

Aquí radica una de las claves: la oposición puede acercarse o incluso superar a Fidesz en voto popular agregado, pero aun así perder en escaños. El Fidesz de Orbán: tiene más probabilidades de ganar en número de distritos. Mientras que TISZA de Péter Magyar puede competir en voto total, especialmente en áreas urbanas.

El mapa político húngaro está claramente dividido entre las zonas rurales y pequeñas ciudades con fuerte apoyo a Orbán y Fidesz. Aquí el control mediático y las redes clientelares tienen mayor influencia. Otras ciudades como Szeged o Pécs también tienden a votar contra. Grandes ciudades como Budapest son un bastión de la oposición, concentran muchos votos, pero pocos distritos en comparación con el conjunto rural, lo que reduce el impacto parlamentario de la oposición.

Qué necesita la oposición para ganar

Aunque la oposición gane en votos, necesitaría ganar por unos 3 - 5 puntos a nivel nacional para tener mayoría parlamentaria. Y, además, ganar en muchos distritos uninominales, no solo acumular votos en ciudades.

A pesar de que por primera vez en la última década Orbán pueda perder en votos, el sistema electoral sigue favoreciendo a Fidesz. La victoria de la oposición requiere una ventaja amplia y homogénea territorialmente.

Para derrotar a Orbán, la oposición tendría que: coordinar candidaturas únicas en los 106 distritos, evitando dividir el voto. Ganar al menos la mitad de los distritos uninominales (alrededor de 53). Y superar claramente a Fidesz en voto nacional, compensando las ventajas estructurales del sistema. Esto supone no solo unidad política, sino también penetración en zonas rurales, algo que históricamente no ha logrado.

No existe segunda vuelta en el actual sistema electoral. Uno de los cambios más determinantes introducidos por Orbán fue precisamente eliminar la segunda vuelta. Esto impide que los partidos opositores negocien apoyos entre rondas, consolidando la ventaja del partido más votado en cada distrito.

La clave no es tanto quién gana más votos como quién suma más escaños

En Hungría, la clave no es tanto quién gana más votos como quién suma más escaños, y ahí el margen para pactos tiene límites importantes. Esto condiciona mucho la estrategia de la oposición frente a Viktor Orbán. Un gobierno puede formarse si una mayoría de diputados en el Parlamento (al menos 100 de 199) apoya a un candidato a primer ministro. Eso permitiría que distintos partidos opositores pactaran tras las elecciones, pero en la práctica el sistema húngaro hace que ese escenario sea muy difícil.

¿Por qué? Porque los pactos tienen poco margen. El sistema electoral favorece enormemente al partido que gana distritos: los 106 distritos uninominales se llevan por mayoría simple. Si Fidesz gana muchos de ellos, parte con una base parlamentaria muy alta y los escaños proporcionales (93) no suelen ser suficientes para compensar esa ventaja. Como resultado si la oposición pierde claramente en distritos, aunque gane en votos totales, puede quedarse lejos de la mayoría parlamentaria.

¿Podrían pactar varios partidos opositores? Sí, pero con condiciones. Necesitan suficientes escaños combinados; no basta con sumar votos, deben traducirse en diputados. Deben superar a Fidesz en el Parlamento; si Orbán tiene más escaños, seguirá gobernando. Alta coordinación previa; en realidad, el sistema obliga a pactar antes de las elecciones (candidatos únicos por distrito), no después. Esto ya se intentó en 2022, cuando prácticamente toda la oposición concurrió unida, y aun así perdió.

Si Fidesz gana, por ejemplo, 70 - 80 distritos parte con una ventaja casi insalvable.

El gran obstáculo son los distritos: Si Fidesz gana, por ejemplo, 70 - 80 distritos, parte con una ventaja casi insalvable. La oposición tendría que compensarlo con una victoria muy amplia en voto nacional. Sin ganar suficientes distritos, no hay aritmética parlamentaria posible, aunque luego se pacte todo lo que se quiera.

Para que la oposición pudiera gobernar: tendría que ganar al menos cerca de la mitad de los distritos (50+), y además obtener un buen resultado en listas nacionales. Solo entonces un pacto postelectoral tendría sentido. Si no alcanza ese umbral, los pactos no cambian el resultado.

En las elecciones de 2022, Fidesz logró una victoria contundente con mayoría de dos tercios, a pesar de que la oposición concurrió unida. Ganó la gran mayoría de distritos uninominales, mientras que la oposición se concentró en Budapest y algunas ciudades. Ese resultado confirmó que incluso una oposición unificada tiene dificultades para superar las ventajas estructurales del sistema.

Más que una cuestión de popularidad puntual, la fortaleza electoral de Viktor Orbán se explica por una combinación de factores: diseño institucional, control territorial, fragmentación opositora y una base sólida en el mundo rural. En este contexto, que Viktor Orbán pueda perder las próximas elecciones no es imposible, pero sí estructuralmente improbable sin un cambio profundo en la dinámica política del país.

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