Noruega, el salvavidas energético de Europa en tiempos de incertidumbre
El país nórdico refuerza su papel como proveedor clave de gas y petróleo mientras lidera la transición hacia un modelo energético más sostenible
Buque granelero LMZ Pluto remolcado frente a Bremsnes, municipio de Averoy, Noruega
En un momento de fuerte tensión en los mercados energéticos internacionales, marcado por las consecuencias de la invasión rusa de Ucrania de 2022 y la vulnerabilidad de rutas estratégicas como el estrecho de Ormuz, Noruega se ha consolidado como un actor imprescindible para garantizar el suministro de energía en Europa.
Noruega es hoy el principal suministrador de gas natural a la Unión Europea. Según datos de la propia UE y de organismos como la Agencia Internacional de la Energía, el país nórdico ha llegado a cubrir en torno al 30 % del gas importado por la UE en los últimos años, especialmente tras la drástica reducción de los flujos procedentes de Rusia.
Este gas llega principalmente a través de una red de gasoductos submarinos que conectan directamente los yacimientos del mar del Norte con el continente. Entre las principales infraestructuras destacan: Europipe I y II, que abastecen a Alemania; Langeled, uno de los gasoductos submarinos más largos del mundo, que conecta con el Reino Unido; Norpipe, que también suministra a Alemania y Franpipe, con destino a Francia.
Esta red permite un flujo constante y relativamente inmune a interrupciones logísticas, lo que otorga a Noruega una ventaja estratégica frente al gas natural licuado transportado por barco.
En el ámbito del petróleo, Noruega es también uno de los principales exportadores europeos. Aproximadamente entre el 10 % y el 15 % del petróleo importado por la UE procede de este país. Aunque la UE está más diversificada en crudo que en gas, el suministro noruego destaca por su estabilidad y por provenir de un socio políticamente fiable.
La situación geográfica de Noruega, además, aleja al país de la incertidumbre que sufren otros pasos como el estrecho de Ormuz, por donde transita una parte sustancial del petróleo mundial, pero que sufre uno de los principales cuellos de botella del sistema energético global. Como estamos viendo, cualquier interrupción en esta vía afecta directamente a los precios y al suministro.
En este contexto, Noruega cobra aún mayor relevancia: sus exportaciones se realizan directamente hacia Europa, sin depender de rutas marítimas críticas; reduce la exposición europea a crisis en Oriente Medio, y refuerza la seguridad energética en momentos de alta volatilidad.
«Primer banco de petróleo»
El Government Pension Fund Global fue creado en 1990 por el Parlamento de Noruega, aunque comenzó a recibir ingresos en 1996, cuando el Estado ya percibía importantes beneficios del petróleo y el gas del mar del Norte. Su objetivo desde el inicio fue claro: evitar los desequilibrios económicos asociados a la abundancia de recursos naturales y transformar una riqueza limitada en el tiempo en una base financiera duradera para el país.
Este «banco del petróleo» se gestiona a través de Norges Bank y responde a un modelo de funcionamiento muy definido: recibe los ingresos del Estado derivados del petróleo y el gas (impuestos, licencias y dividendos); invierte ese dinero en el extranjero –en acciones, bonos e inmuebles– y evita que la economía noruega se sobrecaliente. Gracias a este enfoque, se ha convertido en el mayor fondo soberano del mundo, con activos que superan el billón de euros (más de 1,3 billones de dólares), y con participaciones que equivalen aproximadamente al 1,5 % de todas las acciones cotizadas del planeta.
Una de las claves de su éxito es su estricta disciplina fiscal. El modelo se basa en una regla: el Gobierno solo puede utilizar una pequeña parte anual del fondo (en torno al 3 % de su valor), mientras el resto se invierte para las generaciones futuras. Este sistema evita el gasto excesivo en el presente y convierte los ingresos del petróleo en un instrumento de estabilidad a largo plazo, alineando la gestión económica del país con una visión intergeneracional en pleno contexto de transición energética.
Terje Aasland, ministro de Energía
Terje Aasland es diputado del Parlamento noruego desde 2005, y ha ocupado distintos cargos en comisiones relevantes relacionadas con la energía, la industria y medio ambiente hasta llegar a ministro en marzo de 2022, apenas unas semanas antes de la invasión a gran escala en Ucrania. Pertenece al Partido Laborista de Noruega, de tradición socialdemócrata. Su gestión ha coincidido con el momento en que el país se ha convertido en el principal proveedor de hidrocarburos de Europa.
Desde su llegada al ministerio, Aasland ha defendido una colaboración estrecha con la UE para estabilizar el suministro energético tras la crisis de 2022. Sin embargo, ha sido tajante en un punto: rechazó propuestas europeas para intervenir los precios del gas (como corredores de precios), argumentando que el gas noruego lo venden empresas privadas bajo reglas de mercado, no directamente el Estado.
Terje Aasland, ministro de Energía de Noruega
–¿Qué foco tienen puesto en las relaciones con la Unión Europea?
–Mantenemos nuestra producción y nuestra actividad en la plataforma continental aunque haya disturbios en el mundo, esto no afecta a la producción de petróleo y gas noruego. Estamos enfocados en ser un proveedor estable y a largo plazo para Europa, y nos preocupamos de que nuestros niveles estén al máximo. Actualmente, Noruega suministra el 30 % de gas a UE; entre los grandes receptores está Alemania, Polonia, además del Reino Unido. Y nuestra intención es seguir trabajando para crear alianzas de confianza con la Unión Europea.
Nuevos yacimientos
El país noruego cuenta con más de cien yacimientos de petróleo entre los que destacan: Ekofisk, Statfjord, Oseberg, Gullfaks y Troll. Y sigue explorando y desarrollando nuevos recursos. Entre los hallazgos recientes destacan descubrimientos en el mar del Norte y el mar de Barents, impulsados por la empresa estatal Equinor.
Uno de los desarrollos más relevantes es el campo Johan Sverdrup, considerado uno de los mayores descubrimientos en décadas en Europa occidental. Este yacimiento tiene una producción significativa de petróleo; presenta bajos costes de extracción y emite menos CO₂ por barril que la media global gracias a su electrificación parcial.
Liderazgo en la transición energética
Paradójicamente, Noruega no solo es una potencia fósil, sino también un referente mundial en sostenibilidad: más del 90 % de su electricidad procede de energía hidroeléctrica y es el país con mayor venta de vehículos eléctricos del mundo. En 2024, más del 80 % de los coches nuevos vendidos en Noruega eran eléctricos. Este éxito se explica por políticas públicas muy agresivas: exención del IVA en la compra de vehículos eléctricos; reducciones o eliminación de impuestos de matriculación, y beneficios adicionales como peajes reducidos o acceso a carriles preferentes.
Noruega se ha comprometido a convertirse en una economía prácticamente neutra en carbono para 2050, en línea con los objetivos europeos. Entre sus estrategias destacan: electrificación de plataformas petrolíferas; inversión en captura y almacenamiento de carbono (CCS), e impulso a energías renovables y al hidrógeno.
El caso noruego refleja una de las grandes contradicciones del presente: un país que financia buena parte de su prosperidad gracias a los combustibles fósiles, mientras lidera algunas de las políticas más avanzadas de descarbonización.
Astrid Hoem, secretaria de Estado de Clima
Astrid Willa Eide Hoem pertenece al Partido Laborista noruego, formada en la Universidad de Oslo y vinculada desde joven a la organización juvenil del partido (AUF). Fue vicepresidenta de esta organización (2018–2020) y posteriormente su líder entre 2020 y 2024, consolidándose como una de las figuras emergentes de la política noruega.
Actualmente ejerce como secretaria de Estado en el Ministerio de Clima y Medio Ambiente de Noruega. Su enfoque político combina acción climática con la idea de una transición justa, es decir, que el cambio ecológico sea compatible con la cohesión social y el desarrollo económico.
Astrid Hoem, secretaria de Estado de Clima
–¿Cómo está liderando Noruega su paso a una energía más sostenible?
–En Noruega tenemos una ventaja natural al tener cascadas por todo el país, y eso es una fuente para poder desarrollar energía hidroeléctrica. Llevamos décadas trabajando e investigando en cómo crear grandes estructuras hidroeléctricas, eso nos ha permitido desarrollar energía renovable. En 2025 casi un 100 % de las ventas de coches fueron eléctricos. Tenemos una política clara en este sentido y a largo plazo.
Desde nuestra parte facilitamos la compra de coches eléctricos a través de reducciones fiscales y de IVA para que sea más fácil y barato para los contribuyentes, pero también invertimos en otras políticas estructurales como, por ejemplo, se pueda conducir en los carriles para colectivos –bus, tranvía– y pagar menos en peajes. Noruega se ha puesto como objetivo pasar de lo fósil a lo renovable, y ser una sociedad de bajas emisiones para 2050 aplicado a todos los sectores, incluido el petróleo y trabajamos para alejarnos del consumo de lo fósil.