El presidente de Estados Unidos y Marco Rubio. Empieza la cuenta atrás para la liberación de Cuba
Cuba se niega a ceder ante la presión de EE.UU. y rechaza negociar cambios políticos o económicos
La Habana endurece su discurso frente a Trump y el aumento de sanciones, mientras advierte de una respuesta armada ante cualquier agresión y recibe el respaldo del bloque ALBA
El régimen cubano ha endurecido su discurso frente a Estados Unidos en un momento de máxima tensión política, económica y militar. El canciller de la isla, Bruno Rodríguez Parrilla, reiteró este sábado la negativa absoluta de La Habana a negociar cualquier reforma del sistema político o económico, pese a la creciente presión de Washington.
Durante un encuentro internacional celebrado en La Habana con motivo del Primero de mayo, al que asistieron más de 700 sindicalistas, políticos de izquierdas y activistas, Rodríguez fue tajante: «No forma parte de conversaciones con los Estados Unidos ningún asunto interno de nuestro pueblo ni de nuestra revolución». A su juicio, cuestiones relacionadas con la soberanía nacional quedan fuera de cualquier negociación.
El jefe de la diplomacia cubana insistió en que el Gobierno no discutirá «jamás» con Estados Unidos asuntos que afecten a la independencia y la libre determinación del país. En un tono marcadamente combativo, advirtió además de las consecuencias de una eventual intervención militar: «Cuba sería un avispero. Cuba sería una trampa mortal».
Las declaraciones llegan después de que el presidente estadounidense, Donald Trump, afirmara el viernes que «tomará el control» de Cuba «casi de inmediato», una vez concluya su actuación en el conflicto con Irán. El mandatario incluso sugirió el posible despliegue del portaaviones USS Abraham Lincoln en el Caribe como medida de presión.
En paralelo, Washington ha intensificado su ofensiva económica contra la isla. Una nueva orden ejecutiva amplía el alcance de las sanciones para incluir a prácticamente cualquier empresa o persona no estadounidense que mantenga relaciones comerciales con Cuba, especialmente en sectores estratégicos como la energía, la defensa, la seguridad y las finanzas.
Desde enero, estas medidas se han traducido en un bloqueo petrolero que ha reducido casi por completo la entrada de combustible en el país, provocando apagones recurrentes y una economía prácticamente paralizada.
A pesar de este escenario, ambas partes han reconocido contactos en el último mes, si bien no han trascendido detalles sobre los avances o contenidos de esas conversaciones. Desde Washington, tanto Trump como el secretario de Estado, Marco Rubio, han insistido en la necesidad de que el régimen cubano acometa cambios estructurales.
En el ámbito internacional, la Alianza Bolivariana para los Pueblos de Nuestra América (ALBA) ha salido en defensa de Cuba, rechazando lo que considera amenazas de uso de la fuerza por parte de Estados Unidos. En un comunicado, el bloque instó a la comunidad internacional a oponerse a cualquier acción militar y pidió a Washington que apueste por un diálogo «respetuoso» y sin condicionamientos.
La escalada verbal y las medidas adoptadas por ambas partes reflejan un deterioro acelerado de las relaciones bilaterales, en un contexto marcado por la presión internacional, la crisis económica interna de la isla y el riesgo de una confrontación de mayor alcance.