El líder del partido soberanista y nacionalista rumano «Alianza para la Unión de los Rumanos» (AUR), George Simion
Entrevista a George Simion, diputado rumano y ex candidato presidencial
«La moción de censura fue una respuesta democrática a un Gobierno que ya no representaba la voluntad del pueblo»
George Simion, líder del partido soberanista y nacionalista, «Alianza para la Unión de los Rumanos» (AUR), explica a El Debate las razones que le llevaron a presentar una moción de censura contra el primer ministro Ilie Bolojan.
–¿Podría explicarnos un poco por qué decidió presentar una moción de censura contra el Gobierno de Ilie Bolojan?
–La moción se presentó porque el Gobierno había perdido tanto su legitimidad como su rumbo. Rumanía entró en recesión económica, el coste de la vida siguió aumentando y la carga recayó casi por completo sobre los ciudadanos de a pie, mientras que los privilegios políticos permanecieron intactos.
Durante meses, el Gobierno pidió «solidaridad» a los jubilados, las familias, los trabajadores y las pequeñas empresas, pero se negó a reformarse a sí mismo. Cinco viceprimeros ministros, una burocracia desmesurada, nombramientos políticos por todas partes: eso no es una reforma.
Al mismo tiempo, se estaban imponiendo decisiones estratégicas sin transparencia, incluyendo debates sobre los activos estatales y programas de endeudamiento externo que no benefician claramente a la economía rumana.
La moción de censura no fue un acto de inestabilidad. Fue una respuesta democrática a un Gobierno que ya no representaba la voluntad del pueblo.
–¿Cómo se tomó la decisión de colaborar con el PSD? En el pasado la relación con ellos no ha sido buena y fue bajo el mandato de Ciolacu cuando se suspendieron las elecciones.
–No nos hemos «aliado» políticamente con el PSD. Hemos respaldado el mismo instrumento democrático por motivos distintos.
Nuestra postura respecto a Marcel Ciolacu, la cancelación de las elecciones de 2024 y los abusos cometidos por la clase política no ha cambiado. Hemos sido coherentes en eso desde el principio.
Pero cuando un Gobierno pierde el apoyo parlamentario, la oposición tiene la responsabilidad de actuar. Una moción de censura no es un acuerdo de coalición ni una alianza ideológica. Es un mecanismo constitucional.
Votamos de acuerdo con lo que los rumanos esperan de nosotros, no según viejos reflejos políticos o narrativas televisivas.
–¿Por qué cres que se ha apoyado la moción? No es la primera vez que se presenta una moción de censura.
–Porque esta vez la frustración de la ciudadanía es mucho más profunda. La gente ya no cree en las promesas de «reforma» y «estabilidad» mientras su poder adquisitivo se hunde y las mismas redes políticas siguen controlando el Estado. El Gobierno intentó presentarse como la única opción «responsable», pero los rumanos veían cada vez más clara la brecha entre el discurso oficial y la realidad.
También hubo una enorme presión entre bastidores en los días previos a la votación: llamadas telefónicas, negociaciones, intentos de persuadir a los diputados para que no apoyaran la moción. Eso por sí solo demostraba lo frágil que se había vuelto el Gobierno.
Al final, muchos comprendieron que continuar con la misma fórmula solo agravaría la crisis.
–¿Cuál es el siguiente paso? ¿Se reunirá con el presidente Dan para formar un gobierno? ¿O el objetivo es convocar elecciones anticipadas?
–Rumanía necesita recuperar la legitimidad política. Esa es la cuestión clave. Estamos abiertos al diálogo institucional, porque forma parte de la vida democrática, pero nuestra postura sigue siendo que, en última instancia, deben ser los rumanos quienes decidan el rumbo futuro del país a través de las elecciones.
No se puede recuperar la confianza simplemente cambiando a unos cuantos ministros mientras se mantiene intacto el mismo sistema político y los mismos hábitos. La crisis va más allá de un simple gabinete.
Las elecciones anticipadas serían la solución más limpia y democrática
Las elecciones anticipadas serían la solución más limpia y democrática, porque devolverían la decisión directamente a los ciudadanos.
–Según la Constitución rumana, existe la posibilidad de destituir al presidente; ¿es ese otro de los objetivos?
–En este momento, nuestra prioridad es estabilizar el país política y económicamente y restablecer la credibilidad democrática tras la crisis del último año.
Hemos criticado duramente al presidente Nicușor Dan, especialmente por su forma de abordar a la oposición y por continuar con la lógica divisiva que ha dominado la política rumana en los últimos años. Pero el conflicto institucional por el simple hecho de conflictir no es nuestro objetivo.
Rumanía ya ha pasado por demasiada inestabilidad. Lo que importa ahora es reconstruir la confianza democrática y respetar la voz de los ciudadanos.
–Usted ha dicho que Georgescu debería ser el primer ministro de Rumanía; ¿sigue apoyando esa idea?
–Călin Georgescu sigue siendo una figura cuyas ideas sobre la soberanía, el desarrollo económico y los recursos nacionales encuentran eco entre muchos rumanos.
La idea general que hemos defendido sistemáticamente es que Rumanía necesita un liderazgo centrado en el interés nacional, la reconstrucción económica y la rendición de cuentas democrática, y no simplemente administradores del sistema existente.
Cualquier decisión futura sobre el liderazgo del Gobierno dependerá del contexto político y de los debates que puedan surgir tras esta crisis.
–Por último, ¿cuál cree que será su papel? ¿Está dispuesto a presentarse como candidato a la presidencia o, por el contrario, a ocupar el cargo de primer ministro?
–En estos momentos, no deberíamos centrarnos en ambiciones personales ni en cargos políticos. A los rumanos les interesa mucho más saber si su país podrá recuperarse económica y políticamente que quién ocupa cada cargo.
Mi papel es seguir representando a las personas que nos votaron y luchar por lo que es fundamental: el retorno a la democracia y al Estado de derecho.