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Daniela Brik
CrónicaDaniela Brik

Sheinbaum encaja el efecto Ayuso con un debate de política doméstica que salpica a la oposición

En México la lectura del episodio provocado por la presidenta no se ha situado en el plano diplomático, sino en el político y el histórico y podría «salirle cara al PAN», al evidenciar su debilidad para articular una narrativa coherente

La presidenta de México, Claudia Sheinbaum, gesticula mientras habla durante su conferencia de prensa diaria en el Palacio Nacional de la Ciudad de Méxic

La presidenta de México, Claudia Sheinbaum, puño en alto mientras habla durante su conferencia de prensa diaria en el Palacio Nacional de la Ciudad de MéxicAFP

La visita de la presidenta de la Comunidad de Madrid, Isabel Díaz Ayuso, a México terminó antes de lo previsto y de forma abrupta, pero ha acabado poniendo de manifiesto un efecto político difícil de ignorar. Más allá del cierre anticipado del viaje, la dirigente madrileña ha colocado en el centro del debate mexicano la tensión en torno a las figuras de la conquista española revisadas desde el ideario anticolonial que defiende el Gobierno de Claudia Sheinbaum.

Y lo ha hecho con voz propia en un momento en el que tanto el Gobierno de Pedro Sánchez como la Jefatura del Estado han tratado de amortiguar el conflicto con México y preservar la relación bilateral en aras de circunvalar la tan manida reclamación de disculpas por la conquista.

En México, sin embargo, la lectura del episodio no se ha situado en el plano diplomático, sino en el político y el histórico. El foco se ha desplazado rápidamente hacia el homenaje a Hernán Cortés durante la visita y la respuesta de la dirigente mexicana, quien elevó el tono al calificarlo como una muestra de «ignorancia» histórica.

En su conferencia del 6 de mayo de 2026, tras el homenaje al conquistador protagonizado por Ayuso, Sheinbaum afirmó que «ese era Hernán Cortés, el que ordenó la matanza de Cholula», y añadió que «imagínense la ignorancia de ir a hacer un homenaje a Hernán Cortés». En la misma intervención describió al conquistador como «uno de los más crueles invasores» y lo vinculó a «dos matanzas» atribuidas al periodo de la conquista.

Durante el gobierno de su predecesor, Andrés Manuel López Obrador, México envió en 2019 una carta oficial a la Corona española solicitando disculpas por «los abusos» de la conquista. Aunque la petición no obtuvo la respuesta esperada, sí dejó instalado un marco político que hoy sigue plenamente vigente para el Ejecutivo mexicano, en el que la historia funciona como herramienta de disputa política contemporánea.

En marzo pasado, Felipe VI reconoció ante el embajador de México en España que hubo «mucho abuso» durante la conquista de América, enmarcando sus palabras en la necesidad de tomar lecciones de la historia compartida.

Tres lecturas mexicanas del mismo episodio

La polémica en torno a la visita de Ayuso se explica principalmente por la forma en que se interpretaron sus palabras y acciones dentro del ecosistema político mexicano. Tres voces permiten ordenar ese mapa.

Desde una lectura social, el analista Ricardo Heredia Duarte, director del medio Plano Informativo Aguascalientes, ciudad donde una representante del partido gobernante interrumpió el acto en el que Ayuso iba a recibir la Medalla de la Libertad otorgada por el Congreso estatal, reduce el alcance del episodio.

Consultado por El Debate, sostuvo que el hecho, «como ya se advertía, fue más ruido que fondo». Sobre la disputa en torno a la conquista, añadió que «para el mexicano de a pie ese episodio histórico se ve como algo etéreo. Solo en algunos círculos cerrados y quizá un tanto anacrónicos es algo de lo que se habla».

Su análisis apunta a una distancia clara entre la intensidad mediática del debate y su impacto real en la sociedad, aunque reconoció que Madrid se ha convertido en un destino dorado para cualquier mexicano.

«No por nada Madrid se ha convertido en el retiro del sueño dorado de la clase política mexicana –de todos los colores– y del empresariado de clase media alta que puede pagar y vivir en Madrid. Pasamos de querer vivir en San Diego, Miami o Nueva York a aspirar a tener un piso en el barrio de Salamanca», recalcó el periodista.

En el plano político, Luis Castro Obregón, en una columna publicada en El Financiero, introduce otra lectura, especialmente interna. Advierte que la invitación a Ayuso puede tener costes políticos para la oposición mexicana y señala que este tipo de visitas podría «salirle cara al PAN», al evidenciar su debilidad para articular una narrativa coherente en un entorno altamente polarizado.

La prensa mexicana de referencia ha tendido a interpretar el episodio más como un movimiento de política interna que como una tensión bilateral. En El Universal, el análisis editorial en torno a la visita subraya que el caso ha sido utilizado por el Gobierno para «exhibir quién es quién dentro de la oposición mexicana», reforzando así el encuadre doméstico del conflicto.

El viaje, la agenda y la interrupción del recorrido

La visita de Isabel Díaz Ayuso estaba prevista como una agenda institucional de aproximadamente diez días en México, con paradas en Ciudad de México, Aguascalientes y un cierre en la Riviera Maya, donde debía participar en la gala de los Premios Platino.

Ese cierre no llegó a producirse. La presidenta madrileña regresó antes de lo previsto y no asistió a la última parte de la agenda.

La Comunidad de Madrid atribuyó a «las presiones claras por parte del Gobierno de la presidenta Sheinbaum» la cancelación del tramo final del viaje institucional.

La organización de los Premios Platino, en cambio, negó haber recibido presiones del Ejecutivo mexicano y explicó que la retirada de la invitación respondió a la voluntad de evitar la politización del evento.

Historia, política y choque de marcos

Más allá de las versiones enfrentadas sobre el cierre del viaje, el núcleo del episodio está en otro plano. En México, la conquista sigue funcionando como un eje político activo y revisado. De ahí que la intervención de Ayuso se interpreta como una afrenta porque la historia opera como elemento de identidad política y arma arrojadiza intramuros y extramuros.

El resultado no ha sido una crisis diplomática en el sentido clásico, sino un choque de interpretaciones.

En México, el episodio se integra en una narrativa interna sobre memoria histórica y soberanía simbólica. En España, más allá del impacto mediático, el relato es otro y va más allá del mero titular. Si se le puede atribuir algún logro a Ayuso, más allá de echar la cerilla al combustible, es el de evidenciar la brecha profunda que existe en el debate histórico a ambas orillas del Atlántico.

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