El primer ministro británico, Keir Starmer, pronuncia un discurso ,
Starmer reivindica su liderazgo con una crítica al brexit y una firme apuesta a volver al «corazón de Europa»
El primer ministro británico, Keir Starmer, se resiste a tirar la toalla. El laborista se aferra al mandato de las urnas, –donde venció hace dos años por mayoría absoluta–, y no asume responsabilidades políticas por el batacazo de su partido en las elecciones locales y regionales de Inglaterra, Gales y Escocia de la semana pasada.
Los intentos de forzar su dimisión, al menos de momento, han caído en saco roto. La amenaza de Catherine West de provocar unas primarias si no dimite y le deja el puesto a alguno de sus ministros no ha tenido éxito. Tampoco las protestas airadas de más de 40 compañeros de filas que piden renovación total.
Starmer no se sale del guion y su esperada intervención de hoy para apaciguar el descontento de la masa laborista no ha traído sorpresas. En su discurso estableció las prioridades de su Gobierno, se esforzó en generar esperanza y prometió terminar la reconstrucción de un país que, desde el brexit, no levanta cabeza.
Al Brexit atribuyó el origen de todos los males: «Nos hizo más pobres y más débiles». Con bríos renovados, en mangas de camisa (blanca) y sin corbata ni chaqueta, el premier detalló el impacto de la salida de Reino Unido de la Unión Europea.
«El último Gobierno [conservador] se definió por romper nuestra relación con Europa. Este Gobierno laborista se definirá por reconstruir esa relación con Europa, poniendo al Reino Unido en el corazón de Europa», afirmó el primer ministro tras supera, pese a los malos augurios, una semana en la que su futuro en Downing Street estuvo en la cuerda floja.
«Tenemos que hablar de eso porque tenemos que encarar la situación en la que estamos: tenemos que ofrecer a este país una economía más fuerte, una defensa más fuerte y una red de relaciones más fuerte, dado el mundo en que vivimos. Por eso dije 'más cerca de Europa', y este Gobierno se definirá por traer a Europa de nuevo», insistió.
Un estudio de la Universidad de Stanford, recogido por el Financial Times, asegura que el país perdió entre un 6 y un 8 % de su PIB por culpa del Brexit.
El primer ministro utilizó este discurso europeísta para atacar a Nigel Farage, el líder populista cuyo partido, Reform UK, fue el gran ganador de las elecciones del jueves. Farage, antiguo eurodiputado que contrató a su mujer a cargo de la Eurocámara, fue uno de los abanderados del brexit y David Cameron, el premier que convocó el referéndum, un error del que se arrepiente sin descanso.
«Farage dijo que [con el Brexit] íbamos a ser más fuertes y más ricos, que tendríamos mucho dinero para el servicio nacional de salud y que descendería la inmigración. Todo resultó una falsedad, y no ha asumido ninguna responsabilidad por ello», señaló, reconociendo así que el líder de Reform UK se ha convertido en uno de sus rivales más peligrosos, por encima incluso de los conservadores, a los que, observa Efe, apenas mencionó.