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Eduardo Zalovich
CrónicaEduardo ZalovichTel Aviv

Washington refuerza «el puente aéreo» militar a Israel y Jerusalén advierte a la dictadura iraní

Sólo desde 2023, Estados Unidos ha destinado 22.000 millones de dólares en asistencia armamentística directa a Israel, una cifra que incluye transferencias, ventas y respaldo técnico

F35 I, modelo americano con adelantos israelies incorporados

F35 I, modelo americano con adelantos israelies incorporados

El lunes 18 de mayo esta prevista la llegada de seis nuevos aviones F35 desde Estados Unidos a Israel. La entrega es parte del acuerdo ampliado entre ambos gobiernos en 2023, tras el ataque terrorista de Hamás.

El primer ministro Netanyahu afirmó en diálogo con CBS que planea reducir «a cero» la ayuda militar que recibe de Washington, en un plazo de diez años. El periodista Major Garrett consultó al líder israelí si piensa reevaluar el respaldo financiero a su nación, a lo que Bibi respondió: «Por supuesto. Se lo he dicho al presidente Trump y se lo he dicho a mi propia gente. Se quedaron con la boca abierta... creo que es hora de que nos desacostumbremos al apoyo militar constante».

EE.UU. entrega anualmente 3.800 millones de dólares a Israel, con la condición de que sus compras de equipos militares sean a la industria americana. Netanyahu declaró también que la guerra en Irán «ha logrado mucho pero no ha terminado»; mientras la solución al peligro del uranio es «ir y sacarlo... una misión tremendamente importante» que analizamos con el presidente.

Por otra parte, el jefe del ejército hebreo (FDI), Eyal Zamir, afirmó que estamos «preparados para responder con la máxima fuerza», si Teherán ataca durante la actual crisis del Golfo. «Nuestras fuerzas están desplegadas en todos los sectores y listas para actuar de inmediato ante cualquier escenario, tanto cercano como lejano», declaró en la ceremonia de asunción del nuevo jefe de la Fuerza Aérea –Omer Tishler– que asumió la comandancia en lugar de Tomer Bar. El flujo de armas entre Washington e Israel se multiplicó debido a la guerra con Irán.

En la práctica adopta el modo de un puente aéreo y marítimo permanente, comparable –aunque a mayor escala– a hechos históricos como el de la guerra de Yom Kipur, en 1973. Este puente no es un asunto puntual, sino un sistema continuo de abastecimiento, reposición y modernización que combina ventas aprobadas por el Congreso, envíos urgentes, emergencias y acuerdos de largo plazo.

En concreto, se han registrado más de 400 vuelos de transporte y decenas de envíos por mar, acumulando más de 115.000 toneladas de material bélico transferido a Israel en el período reciente, lo que muestra una logística constante, no una operación aislada.

Nivel de apoyo récord

El contenido de estos envíos es amplio y coherente con las necesidades operativas de Israel: municiones de precisión, bombas de diversos calibres, sistemas guiados por satélite, radares, equipos de mando, y componentes para la defensa antimisiles.

En la fase más intensa del conflicto, una parte sustancial del esfuerzo estadounidense se centró en reponer stocks consumidos rápidamente por la Fuerza Aérea israelí y sus sistemas de defensa, especialmente tras campañas prolongadas en Gaza, Líbano e Irán. La reposición de munición –más que la entrega de plataformas nuevas– ha sido el eje clave del puente aéreo, porque permite mantener la continuidad operativa sin alterar doctrinas ni estructuras existentes.

Sólo desde 2023, Estados Unidos ha destinado 22.000 millones de dólares en ayuda militar directa a Israel

A nivel cuantitativo, la magnitud del apoyo americano es histórica. Sólo desde 2023, Estados Unidos ha destinado 22.000 millones de dólares en ayuda militar directa a Israel, una cifra que incluye transferencias, ventas y asistencia técnica. Este volumen se complementa con paquetes adicionales: en 2026 se aprobaron compras por 8.700 millones de dólares. Incluyen aviones F35 –considerado el mas avanzado del mundo– armas, radares, soporte logístico, y operaciones de emergencia como la entrega de miles de componentes de bombas. Este uso de mecanismos de emergencia ilustra la prioridad estratégica que Washington asigna a mantener la superioridad militar israelí en tiempo real.

En consecuencia, el estado del arsenal israelí es sólido pero dinámico. Israel no enfrenta una escasez estructural de armamento, sino ciclos de consumo intensivo seguidos de reposición acelerada. Su doctrina militar, basada en superioridad tecnológica y rapidez operativa, exige stocks elevados de munición de precisión y disponibilidad constante de plataformas aéreas.

La experiencia de los últimos conflictos ha llevado además a una conclusión clara dentro del gobierno: reducir la dependencia externa mediante la producción local de municiones. Sin embargo, esa transición es gradual, y en el corto plazo el suministro estadounidense sigue siendo decisivo.

El núcleo del poder militar israelí sigue apoyado en tecnología estadounidense, aunque con una fuerte capa de desarrollo nacional, con mejoras incluso al F35. La Fuerza Aérea, pieza central de la estrategia israelí, se está reforzando con nuevas adquisiciones: Israel ha aprobado la compra de dos escuadrones adicionales de cazas F-35 y F-15 avanzados, en acuerdos multimillonarios con la industria estadounidense, que se integran en un plan de defensa a largo plazo valorado en 100.000 millones de dólares. Estas plataformas aseguran la superioridad aérea frente a actores regionales y permiten operaciones de largo alcance, incluidas aquellas dirigidas a lugares estratégicos en escenarios como Irán.

El inventario israelí combina estos sistemas con desarrollos propios emblemáticos, como la defensa antimisiles en múltiples capas –incluyendo Cúpula de Hierro, Honda de David y Arrow– financiados en parte con apoyo estadounidense. Este ecosistema híbrido, en el que Israel adapta, mejora e integra tecnología extranjera, explica por qué el país puede absorber grandes volúmenes de armamento sin perder coherencia operativa. Además, Israel mantiene reservas estratégicas y acceso a depósitos americanos en la región, lo que amplía su capacidad de respuesta en caso de guerra prolongada.

Matices políticos entre demócratas y republicanos

Desde la perspectiva partidaria estadounidense, el apoyo a Israel ha atravesado diferencias entre administraciones, pero no rupturas. Bajo la administración de Joe Biden, el respaldo fue amplio, con paquetes de ayuda significativos y transferencias continuas, aunque acompañado de tensiones puntuales, como la suspensión temporal de ciertos envíos de bombas pesadas y debates sobre el uso de armamento. En contraste, la administración de Donald Trump ha mostrado una línea más directa y sin condicionamientos, acelerando envíos, ampliando ventas y utilizando con mayor frecuencia mecanismos de emergencia para evitar demoras legislativas.

El Congreso norteamericano refleja esta realidad: existe un consenso amplio, bipartidista, a favor de mantener la superioridad militar de Israel, considerado un aliado estratégico clave. Sin embargo, en sectores del Partido Demócrata han surgido críticas sobre la supervisión del uso de armas y la necesidad de condicionar la ayuda. Los republicanos, por su parte, han respaldado de forma más uniforme el suministro, sin restricciones. Aun así, incluso en los momentos de debate, el flujo de armas no se ha detenido, lo que indica que el apoyo supera las diferencias puntuales.

En este contexto, organizaciones como AIPAC -con cinco millones de afiliados de variadas religiones- desempeñan un papel relevante en la consolidación de este apoyo, reforzando en Washington la idea de que la ventaja militar cualitativa de Israel es un interés fundamental de Estados Unidos. Este principio, establecido desde finales del siglo XX, sigue guiando tanto la política de ventas de armas como la cooperación tecnológica. Se argumenta que en una zona de extremismos, dictaduras y terrorismo islámico en el mundo, solo el estado hebreo ofrece estabilidad y democracia. Como dato valioso hay unos 70 millones de evangélicos cuya doctrina religiosa incluye el apoyo al estado judío.

El resultado es un sistema profundamente integrado: Israel depende de Estados Unidos para la reposición rápida, el acceso a tecnologías críticas y la financiación indirecta, mientras que Estados Unidos considera a Israel un pilar de su arquitectura de seguridad en Oriente Medio. El puente aéreo no es sólo una cadena logística, sino la prueba visible de una sólida alianza estructural en la que la continuidad del suministro militar garantiza la capacidad de disuasión y la superioridad hebrea en un entorno regional de dictaduras y organizaciones terroristas.

El sistema esta funcionando a pleno en estos mismos momentos, cuando se prevé un nuevo choque directo contra la teocracia iraní, dirigida ahora por la radical Guardia Revolucionaria.

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