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La amistad «sin límite» de Xi Jinping y Vladimir Putin tras la visita de Trump a Pekín

Los que mandan en China y Rusia vuelven a encontrarse hoy para ratificar su alianza incondicional y avanzar en acuerdos de energía, con el gran desafío en estos momentos del bloqueo del estrecho de Ormuz. Trump, con desconfianza, lo verá por televisión

El presidente ruso, Vladimir Putin, y el presidente chino, Xi Jinping, en el desfile militar del Día de la VictoriaAFP

El periódico británico Financial Times (FT), poco dado a cometer errores o tener que publicar una fe de erratas, publicó este martes que Vladimir Putin estaría arrepentido de haber invadido Ucrania. La confidencia la habría hecho el presidente Donald Trump, que a su vez la habría oído de labios de Xi Jinping durante su visita a Pekín de la semana pasada.

El Gobierno chino salió de inmediato a desmentir la información que el presidente de Estados Unidos, o su círculo más estrecho, habían deslizado al FT. Antes de publicar la noticia, la Casa Blanca fue consultada y rehusó hacer comentarios sobre la misma. Idéntica reacción tuvo la embajada de la República Popular China en Londres. Quizás en Pekín pensaron que la información no saldría publicada. Se equivocaron.

Ironías del destino: mientras el FT consultaba –o advertía– a las partes afectadas, Putin difundía un vídeo donde le regalaba los oídos a su «buen amigo» Xi Jinping. En la grabación, celebra que ambas potencias son un factor «estabilizador en la arena mundial». Asimismo, descarta la idea de que su relación especial signifique «una alianza contra alguien», ya que trabajan «en aras de la paz y el florecimiento común» (sic).

La aclaración de Putin, sin que nadie la pidiera (excusatio non petita...), es una réplica a la reflejada en el texto que ambos líderes suscribieron en Pekín 20 días antes de que decidiera invadir Ucrania.

Los silencios de Xi

Aquella «declaración conjunta de la Federación Rusa y la República Popular China sobre las relaciones internacionales que entran en una nueva era y el desarrollo global sostenible» estaba fechada el mismo día de la inauguración de los Juegos Olímpicos de Invierno, el 4 de febrero de 2022. Popularmente conocida como Asociación Estratégica Sin Límites, para cualquier observador avezado resultaba evidente que el documento llevaba, por acción u omisión, implícito el permiso de Xi a Putin para invadir Ucrania. Pensar que el jefe del Kremlin se habría animado a dar ese paso sin su visto bueno suena a fantasía.

Xi Jinping, hasta el día de hoy, ha evitado condenar la invasión de la antigua república de la Unión Soviética. Las peticiones para que se manifestara en ese sentido no han sido pocas, pero el líder comunista, de cara a la galería internacional, se ha lavado las manos.

Otra cosa es de puertas adentro y sus planes a futuro, como se advirtió en la cumbre de la OTAN en Madrid, donde se señaló: «Las ambiciones declaradas de China y sus políticas coercitivas desafían nuestros intereses, seguridad y valores».

Más lejos todavía, en otro punto, la Alianza Atlántica expresó sin tapujos su desconfianza del gigante asiático porque, entre otros motivos, «mantiene la opacidad sobre su estrategia, sus intenciones y su acumulación militar».

Los que mandan en China y Rusia vuelven a encontrarse hoy para, previsiblemente, ratificar sus acuerdos y avanzar en otros de energía, con el gran desafío en estos momentos del bloqueo del estrecho de Ormuz. Donald Trump lo verá con desconfianza por televisión. En China le pidió a Xi que le eche una mano con Irán, donde alcanzar un acuerdo de paz se ha convertido en una montaña rusa de sensaciones opuestas.

Putin se ha ofrecido para que Rusia sea el almacén y el guardián del uranio enriquecido iraní

Según el presidente de Estados Unidos –en una entrevista en la cadena FOX–, ambos coincidieron en que Irán no debe tener acceso a la fabricación de armas nucleares nunca y tampoco debería tener el control del estrecho de Ormuz, donde pretende cobrar peajes. Curiosamente, Putin se ha ofrecido para que Rusia sea el almacén y el guardián del uranio enriquecido iraní.

China no niega ni afirma las palabras de Trump, pero no le dio nada por escrito. Con su proverbial parsimonia, deja que el tiempo dé y quite la razón, pero alza la voz sobre los asuntos de Estado que son innegociables. Dicho de otro modo: Taiwán. Esa línea roja es la que le mostró Xi a Trump, la misma que Putin respeta con la misma pasión con la que le gustaría conquistar Ucrania.

La publicación del Financial Times sobre el error y «lamentación» de Vladimir Putin al desatar una guerra cuyo nombre está prohibido pronunciar en Rusia no ha debido sentar bien al jefe del Kremlin. La «operación militar especial» le ha costado miles de muertos. Sin cifras oficiales fidedignas, el cálculo supera el millón trescientos mil muertos, según Ukrinform. El Kremlin se ha visto obligado a mandar al frente a soldados de Corea del Norte, África y hasta de Perú y aún así no logra su objetivo.

En cuanto a la «inversión», según un estudio de Henderson y Sullivan, que toma como referencia las cifras del Instituto para el Estudio de la Guerra (ISW), el Kremlin habría gastado cerca de 35 millones de dólares por cada kilómetro cuadrado de territorio conquistado en Ucrania desde 2022. A día de hoy, Rusia controlaría más de 100.000 kilómetros.

En este escenario, los líderes de las principales potencias desfilan por Pekín. No lloran porque estaría mal visto, pero Trump y Putin tienen motivos para soltar más de una lágrima. Y Xi no duda a quién darle un pañuelo para enjuagársela.