Un hombre sostiene un retrato del líder supremo de Irán, el ayatolá Mojtaba Jameneí, en Teherán
La operación secreta y fallida de Estados Unidos e Israel para cambiar el régimen en Irán
Casi tres meses después de que Israel y Estados Unidos lanzaran una ofensiva conjunta sin precedentes contra la República Islámica de Irán, ha salido a la luz el objetivo inicial que buscaba la campaña de bombardeos que, durante el primer día, el pasado 28 de febrero, acabó con la vida del líder supremo, el ayatolá Alí Jamenei, así como de otros altos cargos militares y políticos del régimen. Según publicó este miércoles The New York Times (NYT), citando a altos funcionarios estadounidenses, esa misma jornada también se apuntó contra la casa donde el expresidente iraní Mahmud Ahmadineyad cumplía arresto domiciliario para liberarlo y designarlo como líder de la transición.
Ese 28 de febrero, Ahmadineyad, quien durante sus presidencias representó al ala más radical del régimen y fue un ferviente defensor del programa nuclear iraní, resultó herido por los bombardeos israeloestadounidenses. Sobrevivió al ataque contra su domicilio, pero los miembros del Cuerpo de la Guardia Revolucionaria (CGRI) que hacían guardia frente a su casa y le custodiaban murieron. Un artículo publicado el pasado mes de marzo en The Atlantic, basado en declaraciones de colaboradores cercanos al expresidente iraní, informaba de que que Ahmadineyad había sido liberado del confinamiento al que había sido sometido por el régimen tras el ataque contra su casa.
El texto hablaba de «en la práctica, una operación de fuga de la cárcel», mientras que otra persona del círculo más cercano del político iraní aseguraba al NYT que el propio Ahmadineyad consideraba la operación como un intento de liberarlo. La fuente explicó al rotativo neoyorquino que los estadounidenses le consideraban alguien capaz de liderar Irán y que poseía la capacidad de gestionar «la situación política, social y militar» del país. La idea, siempre según el periódico estadounidense, era una transición al estilo Venezuela, con Ahmadineyad desempeñando el mismo papel que Delcy Rodríguez tras la captura del dictador chavista Nicolás Maduro el pasado 3 de enero, quien ha colaborado estrechamente con la Administración de Donald Trump.
En las primeras etapas de la guerra, Trump defendió el cambio de régimen como uno de sus objetivos para iniciar la guerra en Irán y llegó a hablar de encontrar a «alguien de dentro» del propio estamento político del país para que tomara el control. Sin embargo, este plan pronto hizo aguas y las metas en el conflicto fueron cambiando. Washington establece ahora dos objetivos principales: acabar con el programa nuclear de la teocracia islamista y destruir sus misiles balísticos. Según el Times, el plan para colocar a Ahmadineyad como líder de la transición se desmoronó muy pronto. Desde el ataque contra su domicilio el primer día de la guerra, no se le ha vuelto a ver en público y se desconoce su paradero y estado de salud. La elección de Ahmadineyad, abiertamente antiestadounidense y antiisraelí, parece, a priori, sorprendente.
Sin embargo, en los últimos años el expresidente iraní se ha enfrentado a los actuales líderes del régimen, a los que ha acusado reiteradamente de corrupción. De hecho, ha sido inhabilitado para presentarse a las elecciones en varias ocasiones y sus movimientos se han ido restringiendo cada vez más, hasta el punto de acabar en arresto domiciliario en su casa en el barrio de Narmak, al este de Teherán. Tras abandonar su cargo como presidente, Ahmadineyad afianzó sus vínculos con ese Occidente que tanto decía odiar.
En una entrevista de 2019 con The New York Times, llegó a elogiar al presidente Donald Trump y abogó por un acercamiento entre Teherán y Washington. Asimismo, asesores del político han sido acusados de tener vínculos demasiado estrechos con Occidente, o incluso de espiar para Israel. Esfandiar Rahim Mashai, antiguo jefe de gabinete de Ahmadineyad, fue juzgado en 2018 por su supuesta relación con agencias de espionaje británicas e israelíes, una acusación difundida por los medios de comunicación estatales.
Así, en los últimos años, Ahmadineyad protagonizó viajes fuera de Irán que han avivado aún más las especulaciones. En 2023 viajó a Guatemala y en 2024 y 2025 visitó Hungría. Ambos países mantienen estrechos vínculos con el Estado judío. El entonces primer ministro húngaro, Viktor Orbán, mantiene una estrecha relación con su homólogo israelí, Benjamin Netanyahu. Regresó de Budapest apenas unos días antes de que Israel comenzara a atacar Irán en junio de 2025. Cuando estalló la conocida como guerra de los doce días, mantuvo un perfil público bajo y tan solo compartió unas pocas publicaciones en redes sociales.
Su relativo silencio sobre un conflicto con un país que él mismo había considerado durante mucho tiempo como el principal enemigo de la República Islámica no pasó desapercibido entre la sociedad persa. A pesar de todo, se desconocen los detalles de cómo Estados Unidos e Israel pretendían elevar a Ahmadineyad hasta lo más alto de la cúpula del poder de la República Islámica, pasando incluso por encima del Cuerpo de la Guardia Revolucionaria, rama de las Fuerzas Armadas de Irán que, desde el inicio de la guerra, ha acaparado casi toda la toma de decisiones.