El exilio reclama su regreso: los caminos de María Corina Machado para llegar a Venezuela
Las aguas son porosas y la dificultad de llegar a destino, en principio, escasa. Todo es posible, caminos hay de sobra. Otra cosa es poner pie en tierra venezolana y seguir viva
María Corina Machado en la rueda de prensa de Santiago de Chile
Nadie dijo que fuera fácil, pero los obstáculos en el camino de regreso a Venezuela de María Corina Machado van de menos a más. La líder de la oposición venezolana supera una prueba tras otra. De lealtad, de coraje, de paciencia y de decisión, pero desde que salió de su país, el 9 de diciembre, pareciera que nada es suficiente para la Casa Blanca.
Una palabra del presidente Donald Trump bastaría para que Machado pudiera abordar un vuelo directo de Panamá a la Valencia venezolana, donde despegan y aterrizan vuelos de compañías internacionales como COPA o Turpial. El régimen bolivariano de la «presidenta encargada», Delcy Rodríguez, acata las órdenes de Washington, –por la cuenta que le trae–, pero no recibe una en firme que le diga que se abstenga de perseguir a la líder de Vente Venezuela si esta, finalmente, logra pisar territorio venezolano.
El republicano es conocido por sus cambios de opinión y permeabilidad a discursos contradictorios. La veleta del pensamiento Trump apuntó primero a darle un «no» a María Corina para regresar a Venezuela, la negativa se tradujo en un sí tras escuchar sus argumentos y en un no posterior, en tiempo récord, cuando ella ya estaba en Panamá, a un paso –unos 1.500 km– de Caracas.
Machado tiene el pasaporte venezolano vencido y no dispone de otro. Viaja por el mundo con algo parecido a un salvoconducto, algo inútil para entrar en Venezuela sin el blindaje de la Administración Trump, a la que están, con matices, sometidos todos los países que se sumaron a la invitación del Escudo de las Américas. Entre ellos, el de Panamá que cumplió rápidamente con los deseos de Trump de arrinconar a los socios chinos que operaban cerca del canal que el republicano, en el fondo y en sus declaraciones, considera suyo.
¿Qué pasó para que María Corina Machado no pudiera, ni puede, embarcar en uno de esos vuelos? Nada y todo. Es decir, nadie «from USA» dio instrucciones de que la permitieran salir de Panamá o alguien levantó el teléfono y dijo exactamente lo contrario: que la prohibieses subir por la escalerilla del avión.
Las fuentes consultadas aseguran que el presidente de Estados Unidos no habló con el presidente José Raúl Mulino Quintero ni le hizo llegar un mensaje al estilo del de la presencia china en su país. Ella ya lo había recibido (todos), alto y claro, en forma de «amenaza». Es decir, la advertencia de que estaría sola frente al régimen que, si pudiera, pondría precio a su cabeza.
En el Palacio de Miraflores es un triunfo, y una victoria soñada llevarla esposada a una cárcel, mientras Diosdado Cabello –ministro del Interior– sigue bloqueando el acceso al auxilio y deja pista libre a los militares para saquear las casas de los muertos y de los que sobreviven.
No a sumar «cuestiones políticas»
La agencia Afp, difundió en un cable de un portavoz de la secretaria de Estado estadounidense, el malestar y tensión que han generado en la Casa Banca estos últimos episodios y la declaración de intenciones de Machado de intentar llegar hasta Venezuela. «Añadir cuestiones políticas sensibles a la situación en este momento es contraproducente para nuestros esfuerzos de respuesta tras esta tragedia», deja por escrito en un email a la agencia de noticias el representante del secretario de Estado, Marco Rubio.
El medio Axios, va en la misma línea, pero con una dureza extrema: «Es oportunismo político y es grotesco», le reprocha una fuente anónima «de la Administración haciéndose eco de las opiniones de otros cuatro», según el portal estadounidense.
Diferentes organizaciones de venezolanos en el exilio coinciden con Machado en que su presencia es necesaria y solicitaron al, «Gobierno de Estados Unidos, que hoy –por ayer– se pronunció diciendo que están complacidos con las acciones del Gobierno tutelado de Delcy Rodríguez, se pronuncie de manera diferente», en palabras de Helene Villalonga, presidenta de la Asociación Multicultural de Activistas Voz y Expresión (Amavex).
Venezolanos Perseguidos Políticos en el Exilio (Veppex) también cuestionó las palabras del encargado de negocios de Washington en Caracas, John Barrett. El embajador a efectos reales en Venezuela celebró que existe «mucho compromiso» del Gobierno venezolano y «mucha confianza» en el régimen en una entrevista en TelevisaUnivision.
José Antonio Colina, presidente fundador de Veppex, criticó la actitud de Washington. «El presidente de los Estados Unidos y su agregado comercial en Venezuela han dicho que Delcy Rodríguez y que el Gobierno interino tienen la intención de colaborar, de hacer las cosas bien, involucrando una fuerza armada. Los hechos demuestran que no lo están haciendo bien», sostuvo
Las organizaciones quieren una transición verdadera y terminar con la dictadura que ahora responde a las instrucciones de Washington. Villalonga insistió en una carta: «Presidente, Donald Trump, una vez más, como madre, como venezolana, por favor, ya quitó la cabeza y se lo agradecemos profundamente, pero es hora de quitar el cuerpo, porque usted no ha entendido que el cuerpo sigue allá y que ese cuerpo es el que está destruyendo a mi país».
Mayra Marchán, representante de All For Venezuela, uno de los grupos que recopila ayuda para enviar al país, sostuvo que la Guardia Nacional está «decomisando los insumos médicos» y que la asistencia «no le está llegando a la gente».
María Corina Machado midió al milímetro sus palabras en el vídeo que lanzó desde Panamá donde se ocupó expresamente de no mencionar al presidente de Estados Unidos o a cualquier otro miembro de su Gobierno con el que sabe que no puede cortar de cuajo el cordón umbilical que les une.
Aún así, empeñó su palabra en llegar a Venezuela. ¿Cómo podría hacerlo? Descartada la ayuda de la Casa Blanca que hubiera sido el camino más recto, corto y directo, podría tratar de hacerse con una embarcación como la que la «extrajo» a principios de diciembre. Podría recurrir a pistas de avionetas y arriesgarse. Es decir, ponerse a tiro de Delcy y Jorge Rodríguez y de Diosdado Cabello. Las aguas son porosas y la dificultad de llegar a destino, en principio, escasa. Todo es posible, caminos hay de sobra. Otra cosa es poner pie en tierra venezolana y seguir viva.