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Richard Kagan, historiador y escritor estadounidense

Richard Kagan, historiador y escritor estadounidenseIsabel permuy

Entrevista con el historiador y escritor Richard Kagan

«Las relaciones entre EE.UU. y España están en un momento difícil por la mala sangre entre Sánchez y Trump»

El hispanista estadounidense repasa el legado español en Estados Unidos, el papel olvidado de Bernardo de Gálvez en la independencia norteamericana y el estado actual de las relaciones entre Madrid y Washington

Richard L. Kagan (Nueva Jersey, 1943) lleva más de cuatro décadas dedicado al estudio de España desde la academia estadounidense. Catedrático emérito de Historia de Europa en la Universidad Johns Hopkins, donde enseñó desde 1972 hasta 2013, es uno de los hispanistas más reconocidos de su generación.

Miembro de la Real Academia de la Historia y condecorado con la Gran Cruz de la Orden de Isabel la Católica, Kagan es autor de obras de referencia como El embrujo de España y Los cronistas y la corona. En los últimos años ha centrado buena parte de su trabajo en un asunto que considera clave y, sin embargo, injustamente relegado: el papel de la monarquía española en la independencia de Estados Unidos. Kagan destaca durante la entrevista concedida a El Debate: «La herencia de España está escrita en la tierra, en la geografía de Estados Unidos».

Richard Kagan, historiador y escritor estadounidense

Richard Kagan, historiador y escritor estadounidenseWILL KIRK

En esta entrevista analiza el legado hispano en suelo norteamericano, la figura de Bernardo de Gálvez, el peso de la Corona española en las relaciones bilaterales y el lugar que ocupa hoy España en el imaginario estadounidense. «Los grandes embajadores de España no son los políticos, son los actores».

Para el historiador, los verdaderos representantes de España ante el público estadounidense no salen de la diplomacia oficial, sino del cine y del deporte: «Los grandes embajadores de España son más los actores, los directores de cine —Almodóvar, Javier Bardem, Penélope Cruz— que la política», explica. A esa lista de referentes añade, sin dudarlo, a Rafa Nadal y a la selección española de fútbol.

Hay otro nombre que, según Kagan, se ha convertido en una de las caras más visibles de España en Estados Unidos en los últimos años: José Andrés. El chef, fundador de World Central Kitchen y muy presente en televisión –recientemente por su labor tras el terremoto de Venezuela– tiene, en palabras de Kagan, «un perfil muy alto» y representa «la imagen de un país dispuesto a apoyar a los demás», una cara de España tan o más reconocida que la de muchos políticos.

Preguntado por el gran legado histórico de España en Estados Unidos, Kagan habla de geografía: «La herencia de España está escrita en la tierra, en la geografía. Florida, Nuevo México, California... los nombres de los ríos: el Río Grande, el Río Perdido en Florida. Montana, Colorado. Está escrito en los mapas».

Ese legado, sostiene, es tan profundo que ni siquiera los intentos políticos recientes de renombrar accidentes geográficos pueden borrarlo: «La mayoría de los nombres de calles, pueblos, ríos, sierras y montes en el sur y suroeste de Estados Unidos son nombres españoles. No hay ningún interés real, por parte de nadie, en cambiarlo. Sería imposible».

España, el español, es algo que no va a desaparecer de Estados Unidos

Lo mismo ocurre con la lengua, apunta. Existen sectores minoritarios que preferirían sustituir la etiqueta «español» por otra más «americana» para referirse a la lengua que hablan los hispanos en Estados Unidos –lo que él aclara que no es propiamente castellano–, pero no hay, insiste, ninguna campaña seria para lograrlo: «La presencia de la lengua española está en todas las calles, en todos los informes, en todos los documentos que recibo. España, el español, es algo que no va a desaparecer».

Bernardo de Gálvez: el aliado «borrado» de la historia

El nombre que más veces aparece en la conversación con Kagan es el de Bernardo de Gálvez, gobernador español de Luisiana y figura clave –y durante mucho tiempo ignorada– en la ayuda española a la independencia de las Trece Colonias.

Kagan recuerda el episodio que, en su opinión, simboliza tanto el olvido como la reciente reivindicación de esta figura: en 1783, un amigo estadounidense de Gálvez donó al Congreso, entonces en Filadelfia, un retrato del militar español. El cuadro estuvo colgado durante años en una de las salas del Congreso, pero desapareció cuando la capital se trasladó a Washington. Más de dos siglos después, un grupo impulsó la recuperación de esa imagen: se encargó una copia de un retrato conservado en México y se colgó de nuevo en el Capitolio. En 2014, Gálvez fue nombrado además ciudadano honorífico de Estados Unidos, un título que solo han recibido ocho personas en la historia del país.

Richard Kagan, historiador y escritor estadounidense

Richard Kagan, historiador y escritor estadounidenseWILL KIRK

«Es un intento de reivindicar lo que ocurrió en 1783», explica Kagan. Pero advierte de que ese reconocimiento institucional no se ha trasladado todavía a la educación: «Es algo que no ha entrado en los libros de texto». El cambio, dice, empieza a producirse gracias a instituciones como el Queen Sofía Spanish Institute de Nueva York y el Gilder Lehrman Institute, que han introducido pósteres y materiales didácticos sobre Gálvez en las escuelas primarias: «Estamos solo al comienzo de una corriente para elevar la imagen de Gálvez. Está empezando hoy mismo».

Kagan sitúa con precisión el período en que el papel de España fue apartado de la narrativa histórica estadounidense: «Desde el centenario hasta el bicentenario de la independencia, la contribución española no estaba ni en los libros de texto ni en los manuales.» Solo a partir de las conmemoraciones del bicentenario, en los años setenta, empezaron a publicarse nuevos documentos y monografías académicas sobre el tema. Pero, matiza, «el mundo de los historiadores es muy reducido»: para que ese conocimiento llegue a la sociedad hacen falta libros de texto, películas, documentales. «Estamos solo en el alba de este nuevo movimiento», resume.

¿Por qué España desapareció de los relatos?

¿A qué obedece este olvido? Kagan lo atribuye a un choque cultural e ideológico de fondo, heredado de la tradición protestante inglesa de los siglos XVI y XVII: «Había ya, a finales del XVIII y principios del XIX, la idea de España como un país atrasado, despótico, heredero de la Inquisición». Esa imagen –la llamada Leyenda Negra– hacía difícil, según el historiador, que los primeros cronistas estadounidenses reconocieran que un país así hubiera podido desempeñar un papel decisivo en un proceso que entendían como parte de un «plan providencial»: «Para ellos era muy difícil concebir que España tuviera un papel en ese plan. Por eso era fácil reducir su protagonismo, aunque aparece en las historias, pero nunca con el mismo perfil que Francia».

A ese relato se sumó otra idea, reconoce Kagan, que no carece de fundamento: que España no intervino tanto para apoyar a los estadounidenses como para proteger sus propios intereses –recuperar Florida y Menorca, proteger México–. «Es bastante cierto», admite, aunque recuerda que existió también una sincera simpatía entre Gálvez y los colonos americanos en Luisiana y Florida. Los primeros colonos pensaban que la fundación de Estados Unidos procedía de un deseo divino de Dios, y los intereses de España no encajaban en esa concepción que habían creado.

Kagan dedica una parte importante de la conversación al vínculo entre la Casa Real española y Estados Unidos, un canal que considera más estable que el político. Recuerda que la primera visita de un miembro de la familia real española al país se remonta a la Exposición Universal de Chicago de 1893, y que Juan Carlos I viajó a Washington con motivo del bicentenario de la independencia estadounidense en 1976, donde se dirigió al Congreso y fue nombrado socio de la American Philosophical Society de Filadelfia.

También destaca el papel de la Reina Sofía, muy presente en Estados Unidos gracias a los programas del Queen Sofía Spanish Institute de Nueva York, con encuentros recientes en Washington y Miami y uno previsto en Nueva Orleans, todos ellos centrados en el papel histórico de España en la guerra de independencia estadounidense. «Es siempre una buena oyente y tiene un gran interés en el tema. Quizás es más conocida que sus propios hijos, aunque esto cambiará con el tiempo», apunta Kagan, que confía en que el Rey Felipe VI y sus hijas den continuidad a ese vínculo, reforzado por la propia formación del monarca en Estados Unidos, entre otros centros en Georgetown: «Creo que tiene un conocimiento de Estados Unidos quizás mejor que el de algunos políticos».

Somos buenos aliados en democracia, economía, turismo y cultura

Preguntado por el momento actual, Kagan separa con claridad dos planos: el de la política y el de la relación de fondo entre los dos países. «Es un tema muy complicado, porque la política es una cosa y las relaciones entre los dos países es otra. Políticamente, estamos en un momento difícil por la mala sangre entre Sánchez y Trump». Pero, matiza, esa tensión es superficial: «La política es como una espuma encima de corrientes más profundas. Somos buenos aliados en democracia, economía, turismo y cultura, y también en la lengua. Creo que estas relaciones estrechas durarán a pesar de las tormentas del día a día».

La ausencia de un programa oficial

Uno de los puntos en los que Kagan se muestra más crítico es la falta de una estrategia institucional española para dar a conocer este legado, a diferencia de lo que sí ha hecho Francia con su propia contribución a la independencia estadounidense: «Es una lástima que el Gobierno español, a diferencia del francés, no haya formado una comisión especial para fomentar el conocimiento del papel español en la guerra de independencia. Toda la iniciativa ha venido de instituciones privadas, como el Queen Sofía Spanish Institute, y no del gobierno. No sé bien por qué, pero creo que depende en parte de la política del Gobierno español».

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