Un gran ataque híbrido contra España y la Unión Europea ¿Preludio de una ocupación?
El enemigo de España, los flujos migratorios como presión política contra las fronteras, amenaza a sus aliados, entre ellos la Unión Europea
Varios inmigrantes intentan cruzar a nado la frontera entre España y Marruecos en Ceuta
En el verano de 2021, la invasión de Ucrania vino precedida por una agresión de Bielorrusia en la frontera noreste de Europa: en junio de ese año, más de 4.000 personas, en su mayoría iraquíes, aunque también sirios, afganos, congoleños y cameruneses, entraron de forma irregular en Lituania por una nueva ruta creada artificialmente desde Bielorrusia. Cuando Lituania selló su frontera, la afluencia de migrantes se trasladó a Letonia y, sobre todo, a Polonia.
El régimen bielorruso de Aleksandr Lukashenko había abierto un puente aéreo hasta Minsk, eludiendo las peligrosas travesías por mar desde Turquía y el norte de África, con el objetivo de presionar y tensar la situación en la Unión Europea. Desde allí, las fuerzas militares bielorrusas movilizaban a estas personas hasta la frontera polaca.
Entonces se produjo un conflicto híbrido, un ataque que no requería la movilización de efectivos directos, pero que obligaba al país acosado a desplegar sus fuerzas militares. Sabemos que Lukashenko tenía realmente desplegadas tropas tras la barrera humana de los más de dos mil inmigrantes desplazados hasta allí.
De esta forma, obligaba al Gobierno polaco a desplegar un amplio contingente militar y policial para impedir el tránsito y la ocupación de su territorio. Se había creado artificialmente una confrontación y, a su vez, una crisis humanitaria de primer orden.
Con esta presión, fomentaba la polarización en el territorio atacado (no solo en Polonia, sino en el conjunto de la Unión Europea) y ponía de manifiesto sus contradicciones, valores e intereses encontrados: ¿humanitarismo o integridad del territorio? Polonia y Lituania sufrieron un «ataque híbrido» con la crisis migratoria provocada por Bielorrusia. La OTAN y la Unión Europea consideraron que se enfrentaban a uno de los casos más claros de guerra híbrida.
La violencia y la presión que sufrió Polonia, miembro de la Unión Europea, fueron máximas. De hecho, el entonces presidente del Consejo Europeo, Charles Michel, pidió «actuar con rapidez y decisión» ante lo que describió como «un ataque híbrido, brutal, violento e indigno».
Incluso el socialista J. Borrell, por entonces alto representante de la Unión para Asuntos Exteriores y Política de Seguridad, afirmó que aquello fue una «virulenta agresión híbrida de Bielorrusia contra Polonia» y advirtió: «Europa está en peligro y los europeos no siempre son conscientes de ello».
Lanzar flujos migratorios como presión política contra las fronteras de una nación es uno de los ataques híbridos más directos y claros.
En la crisis de Ceuta, estamos claramente ante un ataque de estas características, no solo en la frontera de España, sino también en la frontera sur de la Unión Europea.
Estas son las verdaderas coordenadas en las que hemos de entender el problema. Cualquier otra interpretación es errónea o malintencionada.
En este momento, la integridad del territorio español está en grave peligro. España está sufriendo un ataque cuyos precedentes se remontan a la Marcha Verde, una marcha masiva y aparentemente pacífica de civiles marroquíes organizada por Hasán II en 1975 para ocupar el Sáhara español, que provocó el abandono del territorio por parte de España.
Que en un solo día hayan entrado en Ceuta 50.000 personas supone un ataque híbrido sin precedentes y el preludio de una invasión. La pasividad del Gobierno de España, la falta de previsión y de seguridad en nuestras fronteras y la elección de las fechas para realizar el ataque a través de un movimiento migratorio concentrado en Ceuta, justo cuando buena parte de la población española está o se va de vacaciones, son factores que han contribuido a esta situación.
Todo lo que estamos contemplando es una operación de ataque híbrido perfectamente diseñada por Marruecos.
En Marruecos, como hemos informado en El Debate, se apunta a que los ciudadanos recibieron un aviso en sus teléfonos que les informaba de que, supuestamente, España había abierto la frontera y permitía entrar sin papeles. Pero sabemos que en el país vecino no se mueve una hoja sin que el régimen de Mohamed VI lo sepa. Además, el ataque híbrido coincide con la reciente visita oficial de Pedro Sánchez a Argelia –país en continua rivalidad con el reino alauí– y con la Fiesta del Trono, el 30 de julio, en la que se celebra el día en que el actual monarca del país, Mohamed VI, sucedió a su padre, Hassan II, en el trono.
No hace falta ser un experto en política internacional para reconocer la realidad: estamos sufriendo un ataque híbrido y asimétrico que incluye un movimiento migratorio masivo, la creación de una crisis humanitaria, desinformación y el objetivo de desestabilizarnos y mostrar la vulnerabilidad de nuestras fronteras.
Lo peor de todo es que el Gobierno de España ni está ni se le espera. Mientras los ciudadanos de Ceuta vivían el terror de ver sus calles invadidas, los ministros celebraban en la embajada marroquí el aniversario de Mohamed VI.
No está de más que nos preguntemos, ¿es este el preludio de una ocupación?