Fundado en 1910

Las miserias que esconde el golpe nacionalista de Mohamed VI

El 35 % de los jóvenes marroquíes está en el paro y a este fenómeno se suman otros como la huida de médicos y la radicalización de la represión política

Jóvenes participan en una manifestación para exigir reformas en la sanidad pública y la educación frente al Parlamento en Rabat

Jóvenes participan en una manifestación para exigir reformas en la sanidad pública y la educación frente al Parlamento en Rabat (Archivo)AFP

Un informe de la aseguradora Allianz publicado el pasado mes de febrero bajo la firma de Lluís Dalmau, su economista para Oriente Medio y África, rezumaba optimismo acerca de los principales indicadores macroeconómicos de Marruecos. «Se prevé que el crecimiento del PIB marroquí se mantenga sólido en un 3,7 % interanual en 2026, seguido de un 3,5 % en 2027, porque, se lee, «desde 2023, Marruecos ha experimentado un fuerte crecimiento del 3,5 %, tras un período de alta volatilidad a raíz de la crisis financiera mundial y la pandemia de COVID-19». Esta expansión se debe a varios factores.

El primero, la producción industrial, que «ha registrado varios trimestres sólidos y se espera que continúe su tendencia alcista, impulsada por el aumento de la inversión extranjera en manufactura, energía y minería». El segundo, la producción agrícola, «afectada en los últimos años por la sequía prolongada, muestra ahora signos de recuperación». El tercero, el turismo, pues «se prevé que la llegada de turistas alcance un nuevo récord, con un aumento del 20 % en 2026, debido en gran medida a que Marruecos será sede de la Copa Africana de Naciones en enero de 2026».

Mas el informe tampoco oculta la faceta más débil de la economía del Reino alauita. Advierte, por ejemplo, de que «las empresas y los hogares marroquíes siguen enfrentándose a importantes desafíos». Por ejemplo, en lo tocante a las quiebras empresariales. Se han estabilizado en 2026, «tras un aumento interanual del 10 % en 2025. Esta tendencia se debe principalmente a las dificultades que atraviesan los sectores minorista, inmobiliario y de la construcción. Los retrasos en los pagos parecen ser un factor determinante en las quiebras empresariales».

Y, por supuesto, está el desempleo, que «sigue siendo uno de los principales riesgos en Marruecos, sobre todo entre los jóvenes, donde alcanza el 35 %. Tres cuartas partes de la población activa trabajan en el sector informal, y la brecha entre las zonas rurales y los centros urbanos continúa ampliándose». Los jóvenes, precisamente, protagonistas del asalto a la frontera española en Ceuta: hasta las estadísticas oficiales aumentan, en tres puntos porcentuales: «La tasa de desempleo juvenil se sitúa en el 38,4 %, solo ligeramente inferior al 39,5 % del año anterior, y muy por encima de la media nacional del 13,1 %», reconoció el Alto Comisariado para el Plan en enero. «Detrás de estas cifras se esconde la realidad cotidiana de cientos de miles de jóvenes que luchan por encontrar su lugar en el mercado laboral».

Estas dificultades juveniles, insertadas en un futuro económico algo incierto, serían, pues, la causa inmediata del asalto en Ceuta. Sin embargo, otros hechos acaecidos en los últimos tiempos corroboran otras debilidades estructurales de Marruecos. Por ejemplo, en materia sanitaria: se calcula que, cada año, alrededor de 700 médicos, un tercio de los que han terminado la carrera, abandonan el país para probar suerte en el extranjero.

Motivos tienen: aún retumba el escándalo de agosto de 2025, cuando ocho mujeres que se disponían a dar a luz por cesárea en el Hospital Regional Hassan II de Agadir fallecieron repentina y casi simultáneamente. Las consiguientes protestas, que se extendieron mucho más allá de la ciudad costera, obligaron al Gobierno encabezado por Aziz Ajanuch a formular una serie de promesas para la mejora del sistema de salud. Promesas encaminadas, entre otros objetivos, a detener el éxodo de los médicos. Un año después, apenas se perciben concreciones de lo prometido.

A estas dificultades socioeconómicas se suma, en fechas más recientes, una radicalización política poco acorde con las intenciones liberalizadoras expresadas por Mohamed VI. En las últimas semanas, en la prensa española se ha tratado profusamente el caso del periodista Ali Lmrabet, detenido a su llegada a Marruecos y liberado poco después bajo presión internacional. Se le reprochaban sus críticas al entorno del monarca.

Pero no es el único caso. Por ejemplo, el rapero y cineasta El Mahdi Lyubi permanece encarcelado desde el 15 de julio en la prisión de Oukacha, en Casablanca. Luybi es un artista comprometido con diversas luchas, contra las desigualdades sociales, la corrupción que corroe la sociedad, pero también contra la institución monárquica y los ataques a las libertades fundamentales. Por no hablar del espionaje informático a sectores enteros de la sociedad mediante un refinamiento de las técnicas del denunciado sistema Pegasus.

comentarios
tracking

Compartir

Herramientas