Dagoberto Valdés, intelectual católico cubano
Entrevista Dagoberto Valdés
«Cuba está ante una tormenta perfecta»
La dictadura cubana tiene el poder absoluto sobre la vida, trabajo, estudio, oración en la iglesia, ocio, amistades y vecindario de todo cubano
Dagoberto Valdés es un intelectual católico cubano. Director de la revista Vitral publicada en la diócesis de Pinar del Río y director del Centro de Estudios Convivencia. Fue miembro del Consejo Pontificio Justicia y Paz en la Santa Sede.
- Desde hace 6 meses el gobierno de EE.UU. viene aplicando un auténtico bloqueo petrolero a Cuba. El sistema energético cubano, basado en obsoletas centrales soviéticas, mucho antes ya estaba colapsado, con interminables apagones. GAESA esta bajo sanciones nortemericanas. ¿Cómo es que la dictadura sigue aguantando?
- El totalitarismo comunista sigue aguantando incluso en esta crisis nunca vista en 60 años debido al férreo control que sigue ejerciendo sobre todos los ciudadanos. Precisamente, en esto se distingue de las dictaduras corrientes. La cubana ejerce el control absoluto sobre la vida, los movimientos, las actividades, las amistades, el vecindario, el centro de trabajo, el centro de estudios, las iglesias, etc. Dondequiera que el cubano desarrolle su vida cotidiana, habrá un cubano que lo controle, que lo delate, que lo vigile y que, como dicen en su propio lenguaje los miembros de la Seguridad del Estado, sea «un compañero que te atiende».
Segundo, hay un enorme aparato propagandístico que sostiene la vida en la mentira. No se trata solo de mentir en este dato o en aquella estadística; se trata de crear un mundo falso y artificial Esto, cada vez menos, engaña a los cubanos, pero todavía quedan algunos que, si lo dice el noticiero nacional de televisión oficial, le dan cierto crédito. Aunque en los últimos tres años eso se ha deteriorado enormemente, el sistema todavía se sostiene sobre la propaganda y la vida en la mentira.
Y lo tercero es que los cubanos han tenido siempre una válvula de escape. Recuerdo que hace unos cinco o diez años todavía se escuchaba muy comúnmente, en las discusiones en casa, entre amigos o en el trabajo: «Bueno, si no te adaptas, te vas del país.» Es la famosa frase de Fidel Castro: «No los queremos, no los necesitamos.»
El regimen pretende hacer un sistema hibrido con elementos del capitalismo salvaje bajo el control de la oligarquia estatal. Ese sistema Frankeinstein es invabie. Cuba no es ni China ni Vientam
- Precisamente, a la dictadura le ha funcionado siempre abrir la valvula del exilio para dejar salir «mala sangre»: Camarioca, Mariel, balseros, exilio a través de Nicaragua etc. etc. ¿Sigue eficaz este truco de dejar que «se vayan los gusanos»?
- Efectivamente, los éxodos masivos como Camarioca, el del Mariel, la crisis de los balseros, etc. han cumplido esa funcion. Esa vía se ha cerrado considerablemente, debido a que el propio gobierno de los Estados Unidos ha cambiado su política migratoria. Lo que ha reducido de forma notable el éxodo masivo que provocó la adjudicación de paroles por la administración Biden. Aun así, los cubanos, en su ansia de escapar a cualquier precio del territorio nacional, emigran a cualquier rincón del mundo, incluyendo, por ejemplo, Rusia, Bielorrusia o Australia. Pero el éxodo ha disminuido, hay menos posibilidades de usar esa válvula de escape, lo que provoca que aumente la presión dentro de la olla nacional.
- Las esperanzas para una transicion democratica en Cuba nunca se han cumplido. De nada sirvieron ni la perestroika de Gorbachov en la Unión Soviética, ni el ejemplo de las transiciones pactadas y ordenadas en España, Chile o Polonia. El régimen comunista cubano nunca se ha dado por aludido, ha sido inamovible o «inasequible al desaliento». ¿Hay algun motivo para pensar que ahora las cosas pueden cambiar?
- La desintegración del llamado «campo socialista» de Europa central y del Este, y la misma caída de la Unión Soviética, no lograron que cayera el régimen cubano. Estábamos en otra área geopolítica. También se había mantenido el mito de que la revolución cubana era original, era endógena, y que el caso de los países de Europa del Este era distinto por que el comunismo fue instaurado por una la invasión o la amenaza militar de una potencia extranjera.
Sin embargo, ahora existe lo que se llama en sociología una «tormenta perfecta», o la alineación de los astros: distintas facetas de una crisis se superponen y se juntan, afectando todos los aspectos de la vida nacional.
Una crisis económica terminal, que demuestra que el sistema económico centralizado socialista no ha sido capaz de resolver ni medianamente las necesidades del pueblo cubano. Una profunda crisis social, con la pérdida de valores, ausencia de proyectos de vida para los jóvenes y un profundo daño antropológico —es decir, ese debilitamiento, quebranto de las facultades de la persona humana: su capacidad cognitiva, su inteligencia emocional, su voluntad debilitada y su espiritualidad desecada. En mi tesis doctoral lo he llamado «daño antropológico»: un deterioro de las dimensiones ética, social y espiritual-trascendente, que hace que el «hombre nuevo», el homo sovieticus que se intentaba formar en Cuba, haya resultado un hombre enfermo —una persona dañada en sus facultades y sus relacionales. Esto no significa que se pierda la esencia propia de la naturaleza humana, creada a imagen y semejanza de Dios, y por lo tanto, la posibilidad de una sanación de ese daño.
A todo esto se superpone una profunda crisis política, porque el régimen está agotado y no tiene proyecto político. Como el comunismo es irreformable, lo que hace es intentar cambios cosméticos para que nada cambie en su esencia.
Todas estas cosas no constituyen una suma matemática, sino una conjunción holística que crea las condiciones que nunca antes, en los 67 años desde la revolución, habían existido en Cuba. Hay razones muy fuertes para afirmar que la crisis es terminal y estructural.
El mundo ha cambiado. Ha desaparecido —después del apoyo de la Unión Soviética— la ayuda de Venezuela, que vino a sustituir el subsidio soviético durante el ejercicio de Hugo Chávez y Nicolás Maduro. Al cese el 3 de enero del envío del petróleo y otros subsidios a Cuba, y al cerco energético de los Estados Unidos, las nuevas sanciones de la administración Trump, se suma el cambio pendular en América Latina: cada vez más países latinoamericanos que en otro tiempo fueron aliados de Cuba han girado hacia la derecha.
El régimen está llegando a su fin.
El intento de crear en Cuba un hombre nuevo, homo sovieticus, ha danado a la persona humana moral y socialmente, le ha inflingido un dano antopologico
- Hoy parece como si la dictadura estuviera atascada en una especie de rigor mortis. No tiene ningun proyecto de cómo gestionar el país más que apegándose al poder pase lo que pase. Ni los cubanos, ni los propios jerarcas de la dictadura, creen que el socialismo en Cuba tiene recorrido.
- En efecto, las condiciones internas y externas han convertido al régimen en una especie de cadáver agónico, casi ya con rigor mortis, pero aún respirando en su etapa terminal. Y efectivamente, no tiene cómo proponer nada nuevo, porque los sistemas totalitarios comunistas no son reformables. Ni tiene la capacidad de adaptación ni de cambio sustancial. Como señalaba Hannah Arendt, estos sistemas totalitarios llevan dentro de sí el germen de su propia destrucción, lo que equivale a decir que es un cuerpo que ya sufre un colapso multiorgánico que lo mantiene en cuidados intensivos, pero en etapa terminal. Nunca se puede decir nunca, pero el régimen cubano nunca había estado tan débil y tan vulnerable como en este momento.
- El regimen esta intentando reformas económicas sin tocar la política y el sistema. ¿Es todavía viable un capitalismo estatal bajo el control del Partido Comunista como en China?
- En una especie de estertor final está intentando reformas económicas y ha publicado 176 medidas con las cuales pretende ensayar un modelo Frankenstein: un híbrido que combina pedazos del capitalismo salvaje de principios del siglo XX, que casi no existe ya en el mundo, con fragmentos de un capitalismo de Estado oligárquico. Pero esto tampoco logra cambiar la la crisis terminal de Cuba.
El régimen se resiste a la reforma política. Hay incluso algunos que todavía sostienen la teoría de que con los cambios económicos y la estabilización de la economía vendría después, automáticamente, el cambio político. Pero todos sabemos que es imposible atraer inversión extranjera en un país donde no existe un marco jurídico que garantice la seguridad de los inversores, la salvaguarda de la propiedad y la empresa privada, cuando todavía hoy el régimen defiende la forma principal de la economía cubana es la empresa estatal. Es decir, no hay un programa coherente, sino una serie de contradicciones que conforman un sistema Frankenstein.
Ademas, Cuba no es China, ni somos Vietnam, ni somos Rusia. Somos cubanos: tropicales, caribeños, con una tradición cultural occidental, de matriz cristiana. Por lo tanto, el modelo chino, el vietnamita y el modelo ruso de tipo putinista no son compatibles con la forma de ser, la idiosincrasia y la formación cultural cubana.
Tampoco es posible extrapolar modelos como el chino o el vietnamita a una nación que tiene una diáspora poderosísima a tan solo 90 millas de su capital. Se trata de una nación transnacional cuyo exilio posee en sí mismo un poder de convocatoria política, una capacidad económica suficiente para crear un fondo de inversión y reconstrucción nacional que otros países no tienen. Ademas de una capacidad de presión sobre la administración norteamericana en la que están insertados más de diez cubanoamericanos que han asumido precisamente la misión de presionar a favor de la libertad de Cuba.
- Durante años parecía que la sociedad cubana estaba apabullada por una versión tropical del estalinismo totalitario, sumida en una mezcla de miedo y marasmo, una resignada apatía. Pero en 2021 se produjo un despertar casi a escala masiva. Y hoy, 5 años después, ¿Cómo estan los cubanos?
- Se ha celebrado el quinto aniversario de las manifestaciones pacíficas del 11 de julio de 2021 en toda Cuba. Fue un efecto dominó, una manifestación en cascada de masas interconectadas a través de Internet que, aunque deficiente y controlado, conectó por primera vez a personas a lo largo y ancho de toda la geografía nacional.
- ¿Qué ha cambiado y qué se mantiene cinco años después del 11J?
- Lo que se mantiene —o mejor dicho se ha agravado hasta el límite de lo vivible— es la crisis interna que ha colocado a todos los cubanos que vivimos dentro en una situación de crisis humanitaria: sin electricidad, sin energía, con las industrias paralizadas, con la caída del turismo, la disminución de las remesas y la reducción del programa de médicos en el exterior —quienes trabajaban por un salario miserable del que el Estado retenía el 85%. Todo esto ha aumentado de manera exponencial.
Lo que ha cambiado es la protesta. Se observa una acumulación creciente de malestar ciudadano. A diferencia de hace cinco años, las protestas se están produciendo sistemática, casi diariamente. En La Habana, por ejemplo —que antes registraba menos protestas por disfrutar de condiciones algo mejores que el resto del país— ahora hay manifestaciones prácticamente en todos sus municipios y casi todos los días.
Se están mezclando demandas materiales con demandas de libertad y democracia: «queremos luz, queremos alimento, queremos medicamentos, queremos agua», pero todas terminan con el grito de «libertad, Patria y Vida, democracia».
En aquellas enormes manifestaciones en julio de 2021, cientos de miles de cubanos recorrían las calles a lo largo de toda la isla sin un rumbo ni una dirección establecida. Eran protestas espontáneas que se iban uniendo en cascada, pero sin una dirección determinada, liderazgo o propósito más allá de la protesta ciudadana pacífica.
Desde entonces —y especialmente en este año 2026— estamos constatando que las protestas, tanto en los municipios como en la capital, se dirigen hacia las sedes del Partido y del Gobierno. Los manifestantes han encontrado un destino para sus marchas. En Morón, Camagüey, fue incluso asaltado el local del partido comunista municipal e incendiado su mobiliario. Aunque en otros lugares no se ha llegado a ese extremo —que nadie quiere, evidentemente—, cada vez con mayor frecuencia las personas se organizan para dirigirse hacia los locales desde donde se reprime y se gobierna al pueblo cubano.
La acumulación de estas protestas locales produce lo que en Cuba se llama el efecto «árbol de Navidad»: luces que adornan el árbol pero intermitentes. Se acumulan cada vez más protestas locales, pero sin una articulación nacional. Sin embargo, es muy probable que, con el cansancio, la desesperación, la acumulación del malestar llegue a producirse una manifestación pacífica sincronizada a lo largo de toda Cuba.
- La sociedad civil cubana, divida entre quienes siguen en la isla y la enorme diáspora que alcanza al 20 por ciento de la población, ¿está hoy en condiciones de articular una representacion para negociar una transición?
- No, no creo que la sociedad civil esté dividida entre la isla y la diáspora, el exilio convive de una manera plural y transnacional en el avance de la sociedad civil. El avance en estos últimos meses es muy significativo, fundamentalmente en pasar de la denuncia a la propuesta —a las propuestas, en plural— de proyectos de nación para después del cambio, para el período de tránsito y de reconstrucción nacional.
Como tú sabes, Convivencia —el Centro de Estudios Convivencia, cuya dirección electrónica es centroconvivencia.org— lleva 11 años realizando un itinerario de pensamiento y propuesta para Cuba con participación de académicos, intelectuales, artistas, ciudadanos y profesionales, con cubanos de la isla y de la diáspora, estudiando cada año dos sectores de la sociedad para encontrar propuestas viables para la reconstrucción del país.
Esto ha convertido al Centro de Estudios Convivencia en la primera organización de la sociedad civil que presenta un catálogo de propuestas sectoriales que responden a los principales desafíos que enfrentará Cuba después de un cambio. Este trabajo ha sido consensuado con un amplio espectro político —de izquierda, de derecha, de arriba y de abajo— y el más amplio espectro filosófico: católicos, protestantes, ateos, agnósticos, y personas especializadas en cada uno de los sectores estudiados.
En nuestra página web ya existen 20 informes sobre la reconstrucción de Cuba, entre ellos: modelo económico; marco jurídico y nuevo texto constitucional; hoja de ruta para una transición pacífica, ordenada y gradual, que incluye verdad y memoria histórica, justicia transicional y proceso de reconciliación nacional; cultura, educación, salud, agricultura, medios de comunicación, relaciones internacionales, papel de la diáspora. Proponemos cómo enfrentar los tres mayores peligros para la democracia futura: la corrupción, el narcotráfico y la inseguridad ciudadana. Cómo sanar el daño antropológico causado por el totalitarismo. Cada informe contó con la participación promedio de 50 a 60 personas.
Lo que nosotros venimos haciendo como pioneros desde 2015, otros grupos de la sociedad civil —sobre todo en la diáspora, particularmente en Miami— están elaborando ahora también. Todo ello demuestra que hay cubanos con capacidad, talento y preparación técnica para trabajar por la reconstrucción del país. Hay pensamiento estratégico, propuestas y prospección. Esto nos llena de esperanza.
Hay cuatro escenarios del cambio en Cuba. Se pueden resumir en cuatro palabras: el primer, volcán; el segundo, avión; el tercero, cúpula; y el cuarto, una transición negociada y pacífica
- Si una transición pacífica no está a la vista, ¿es posible un desplome de la dictadura y un violento reajuste de cuentas con sus represores?
- No estoy seguro de que una transición pacífica no esté a la vista o sea una opción desechada. El Centro de Estudios Convivencia ha identificado, hace ya un año, cuatro posibles escenarios de salida de la situación crítica de Cuba. A esos cuatro escenarios se une ahora la articulación de un plan de los Estados Unidos para facilitar el cambio en Cuba. Esos cuatro escenarios se pueden resumir en cuatro palabras: la primera, volcán; la segunda, avión; la tercera, cúpula; y la cuarta, una transición negociada y pacífica.
El volcán es una explosión social articulada que, dirigiéndose al objetivo del cambio en Cuba, provoque el colapso del régimen. Cuba está en esa fase, todo el mundo ve que hay cada vez más humo, ruidos, llamas y lava que anuncian una erupción por la situación límite de asfixia y agonía que vive el pueblo cubano.
El avión es la salida que Cuba ya vivió en sus dos dictaduras anteriores. Gerardo Machado, en los años 30, terminó yéndose en un avión con parte de su dinero, su familia y sus colaboradores. Fulgencio Batista hizo lo mismo el 31 de diciembre de 1958, escapando con su familia y su dinero al exilio, dejando paso a la revolución comunista. Puede ser que, al llegar el momento límite, se repita el escenario del avión, quizás combinado con el del volcán o con el de la fractura de la cúpula.
El tercer escenario: la ruptura de la cúpula. Cada vez es más notoria una fractura, una disidencia dentro de la cúpula castrista. Recientemente han salido declaraciones del nieto de Raúl Castro, quien se arroga el derecho de negociar directamente con la Administración Trump. Han surgido también llamados a «cerrar filas» que reflejan, precisamente, una fractura interna en el poder.
El que nosotros preferimos es el escenario de una transición pacífica y negociada en una mesa redonda donde quepan las propuestas de todos los cubanos. Esta transición negociada se hace cada vez más difícil y menos probable, porque el régimen ha apostado por el «cambio fraude»: aparentar una negociación para la transición cuando en realidad se trata de conversaciones para cambiar en lo económico sin cambiar absolutamente nada en lo político.
Muy probablemente puede haber también una combinación de los cuatro.
Sanar el alma de la nación será uno de los mayores desafíos que tengan la Iglesia Católica y las demás iglesias y también el mayor desafío para la sociedad civil
- Usted dijo hace ya muchos años que el comunismo había inflingido a los cubanos un «daño antropológico» que sería muy difícil de superar. Pero usted mismo desde Vitral y Convivencia jamás ha perdido la fe en que el daño era reversible, que el alma cubana, humana y cívica, era recuperable. ¿Cómo lo ve?
- El tema lo considero de suma importancia para la transición, la recuperación y la reconstrucción del país.
Aunque se prevean reformas económicas, políticas, educacionales y culturales, cada una de esas reformas depende del ciudadano que las protagoniza. Es decir: el sujeto del cambio está dañado, y el sujeto de la reconstrucción también está dañado. De ahí que la prioridad número uno sea comenzar un proceso de sanación —digo «comenzar» a nivel nacional, porque ya lo venimos haciendolo en Pinar del Río, desde la revista Vitral, el Centro de Formación Cívica y Religiosa, y ahora en el Centro de Estudios Convivencia y su revista Convivencia, desde hace mas de 30 años: educación ética y cívica.
Sin educación ética y cívica no se puede sanar el daño antropológico. Sin que la familia ayude a restañar esas heridas —en la que los padres les decían a sus hijos que dijeran una cosa en la escuela, otra en la casa y otra en la iglesia— sin superar esa etapa de dicotomía, de máscaras, en el seno de la familia, del vecindario, de los centros de trabajo y de estudio.
En mi tesis doctoral, realizada en la Universidad Francisco de Vitoria en Madrid y publicada como libro, concluyo que el daño antropológico en Cuba es curable, sanable, superable. Ya tenemos el primer libro de texto de ética y cívica para los ciudadanos, con 14 cursos participativos; un manual para los educadores y un texto para los ciudadanos. El libro puede descargarse desde nuestra página web.
La sanación del daño antropológico debe incluir el protagonismo de la familia, los grupos de la sociedad civil, la Iglesia, el sistema educacional y los medios de comunicación social, para que todos contribuyamos a restañar, fortalecer y reconstruir el interior del ser humano cubano. Sanar el alma de la nación: ése será uno de los mayores desafíos que tengan la Iglesia Católica y las demás iglesias en Cuba, y también el mayor desafío para la sociedad civil.
- Usted fue miembro del consejo pontifico «Justicia y Paz» durante el papado de Juan Pablo II. ¿Qué papel puede desempeñar la Iglesia católica para iniciar una transición?
- Sí, tuve el honor inmerecido de ser nombrado por el Papa polaco Juan Pablo II, muy recordado en Cuba, que marcó la historia de la Iglesia en Cuba con su visita en 1998 transcendental y que abrio el camino para una futura transicion en Cuba. Nos dejó un programa de vida, con sus palabras, con gestos y su carisma inigualable. Depués vinieron el Papa Benedicto y el Papa Francisco, pero cuando en Cuba se habla de «la visita del Papa» todo el mundo entiende que fue la del Papa Juan Pablo II.
Durante su visita, en la última eucaristía celebrada en la Plaza de la Revolución —también llamada Plaza Cívica—, el Papa me entregó, junto con otros laicos cubanos, una Biblia como símbolo de nuestro compromiso con la Iglesia y con Cuba. Al año siguiente, en 1999, el propio Papa Juan Pablo II me nombró miembro pleno del Pontificio Consejo Justicia y Paz, dicasterio en el que estuve durante dos períodos de cuatro años. Fue un gran entrenamiento para mí haber participado y contribuido también a la fundación, en Cuba, de las Comisiones de Justicia y Paz.
Creo que la Iglesia Católica puede hacer algo trascendental como ninguna otra organización de la sociedad civil. Primero: la Iglesia tiene una red capilar a lo largo, ancho y en profundidad de todo el país. Es la única institución capaz de cubrir todos los estamentos sociales y llegar hasta los barrios más vulnerables, los campos y las montañas más alejadas. Ninguna otra institución u organización de la sociedad civil posee esa capacidad de penetración.
Segunda: la Iglesia lleva en su propio mensaje el llamado a conducir a las personas, como decía el Papa San Pablo VI, de «condiciones menos humanas a condiciones más humanas» —en la carta Populorum Progressio. Y el Papa polaco decía: «Ustedes son y deben ser los protagonistas de su propia historia, personal y nacional», indicando que los laicos, especialmente, tenemos la misión de estar presentes en todos los ámbitos de la sociedad cubana.
Es por eso que la inspiración cristiano-católica del Centro de Estudios Convivencia —y la mía personal— va dirigida a cumplir la vocación de los laicos católicos en el mundo, es decir, en medio de la sociedad cubana. La Iglesia es experta en humanidad y, por lo tanto, tiene los medios y los contenidos necesarios: primero, para una conversión antropológica; segundo, para una sanación antropológica; y tercero, para una promoción humana integral.