Chile en un punto de inflexión
Chile se está cansando de las promesas vacías de la izquierda y retoma un camino de seriedad y trabajo para sacar adelante el país
José Antonio Kast en una de sus imágenes oficiales
El nuevo Gobierno chileno, liderado por José Antonio Kast, ha debido enfrentar graves dificultades en sus primeros meses en el poder. En efecto, el legado de Gabriel Boric, ha sido desastroso. Un país sin crecimiento, con alta deuda pública y una situación de peligrosa inseguridad interna.
La izquierda llevó a dos millones –10 % de la población– el porcentaje de extranjeros, de los cuales aproximadamente un millón son venezolanos. Crímenes, extorsiones y narcotráfico han sido el pan de cada día. A lo anterior debemos sumar los efectos del alza de los combustibles, en un país dependiente del petróleo externo. Finalmente, las últimas tres semanas han sido fatales en cuanto a inundaciones y daños en infraestructura, producidos por frentes de borrascas de una intensidad hasta ahora desconocidas. En este escenario, la izquierda perversa intenta culpar al presidente Kast de los problemas de Chile, olvidando su propia responsabilidad. Los meses que vienen serán muy complicados para los chilenos, esperándose un cambio de tendencia a partir de 2027, en que se espera una tasa de crecimiento de PIB de 3 % anual.
El cambio de signo político de los gobiernos de Argentina, Bolivia, Perú y Colombia, sin duda son también buenas noticias para Chile. Las razones que explican el optimismo que vive el empresariado chileno, guardan relación con una mayor velocidad de aprobación de proyectos de inversión que estuvieron estancados por años, con un gobierno no interesado en el crecimiento económico. Los procesos de calificación ambiental están siendo tratados con mayor velocidad. Por otra parte, el gobierno está controlando el gasto público, eliminando cargos innecesarios y organismos parasitarios.
Chile reaviva su comercio con países de Asia, cada vez más relevantes para la economía chilena. Kast, que fue tildado de ultraderechista y hasta de fascista, por la izquierda y por aquellos medios de prensa que viven de la mentira, ha demostrado prudencia, decencia y responsabilidad en su actuar. Chile y Argentina están llevando adelante proyectos de integración en energía, minería e infraestructura vial y portuaria.
Con Perú se da una coyuntura favorable tras la ascensión al poder de Keiko Fujimori y con Bolivia es posible que las relaciones diplomáticas se restablezcan plenamente. En lo referente a intercambio con España, Chile es un destino relevante de la inversión española y en lo político las relaciones son cordiales, aunque Kast y Sánchez están en las antípodas en términos ideológicos.
La segunda mitad de 2026 será clave para verificar si el nuevo gobierno chileno deja atrás la mala racha y se encamina una vez más al desarrollo, que estuvo cerca de alcanzar. En el inter tanto miles y miles de burócratas de izquierda exploran formas de pulverizar a Kast y de prepararse para volver una vez más a succionar al Estado en su propio beneficio. Ellos no saben producir. Son satélites de la ONU, de las ONG, de universidades «progresistas» y de grupos ecologistas y feministas que buscan bloquear el desarrollo económico.
El pueblo chileno se aburrió de tanta verborrea zurda. Lo que viene parece encaminarse por la senda correcta. Trabajo serio, más deberes y menos derechos mal entendidos.