Omar Sixto, historiador y empresario cubano radicado en Miami
Entrevista
Omar Sixto, historiador y empresario cubano: «El destino de Cuba está en las manos de los cubanos»
El escritor agradeció el grado de atención que la actual administración de EE.UU. ha prestado al tema cubano, pero recuerda: «Marco Rubio es un funcionario de una administración norteamericana, no es un líder del exilio o de la oposición anticastrista»
Grandes figuras actuales cubanas opinan desde el conocimiento y la experiencia individual, es el caso de nuestro entrevistado, Omar Sixto (La Habana, 1969), historiador, empresario, que desde Miami responde a El Debate.
–Escribió este libro Se acabó la diversión. La economía cubana: el salto del capitalismo al socialismo (1959-1965), sobre los cinco años en que Cuba cambió de manera abismal. La cubierta del libro es muy elocuente. ¿Cómo sucedió ese cambio y qué significación ofrece la cubierta?
–Lo que se conoce como Revolución cubana no fue más que el apoderamiento de un país próspero y autosuficiente por parte de un muy compacto grupo de personas al frente de un muy heterogéneo movimiento, organizado bajo la promesa de la restitución total de la Constitución de 1940.
El 1.º de enero de 1959, las fuerzas que se oponían a Batista por la vía violenta no ganaron una guerra, sino que llenaron el vacío de poder que dejó este ante la traición de los suyos. Y digo lucha violenta y no armada porque, si bien coexistían varios grupos guerrilleros en las montañas de Cuba, la oposición más violenta contra el gobierno de Batista se ejecutó en las ciudades a través de acciones que hoy se consideran en todo el mundo como terrorismo.
Los siete años que transcurrieron entre 1959 y 1965 constituyeron el escenario no de un cambio de las reglas del juego, sino de un cambio total del juego mismo. De prometer elecciones y restituir la constitución democrática, Fidel Castro y su grupo —incluyendo a los comunistas— se deshicieron de cualquier sombra que obstaculizara su acelerada carrera hacia el totalitarismo.
Es decir, no se reinstauró la democracia plena, se eliminó el poder económico de los cubanos, desde el de los grandes empresarios hasta el de la extensa clase media cubana. Todo esto en medio de una gran y exitosa campaña populista. Cuba entró a 1959 como un país funcional y extasiado ante un cambio político y llegó a 1965 como una dictadura totalitaria de corte marxista, con un racionamiento de alimentos y dependiente de una potencia extranjera para su subsistencia. Ese radical cambio es el que hallarán en el libro.
La portada es un indicador de ese raudo proceso. En la parte superior aparece el pueblo —palabra que no uso mucho, pues solo creo en el individuo, en el ciudadano soberano—; aparece el pueblo cubano en abril de 1957 ofreciéndole loas a Batista después de que este sobreviviera a un atentado terrorista ejecutado por una violenta banda estudiantil. En la imagen inferior aparece ese mismo pueblo ya genuflexo y evidentemente feliz ante un dictador que le prometía un futuro luminoso mientras era observado por un inmenso mural de Vladímir Lenin. Saque sus conclusiones.
Omar Sixto, historiador y empresario cubano radicado en Miami
–¿Con esos cambios en la economía cubana la historia se relató de otra manera? ¿Era un plan? En España se está viendo el mismo proceso. ¿Cree que el pueblo cubano también fue transformándose?
–La dictadura cubana no se sostuvo solamente con los subsidios soviéticos: para su legitimación se deleitó tergiversando toda la historia anterior a 1959. Lo que fue un país que entre 1902 y 1958 se levantó de las cenizas de una guerra obtusa, fue convertido por el castrismo en una república bananera colonia de Estados Unidos. Desaparecieron de los textos a todo aquel que, de una u otra forma, no le fuera útil a su narrativa. Miles de destacados cubanos fueron eliminados de la historia. Muchos también fueron eliminados de la realidad: fueron muertos, presos o exiliados, algunos en otros países y otros en sus propias casas.
Los movimientos antidemocracia y anticapitalismo actuales han aprendido la lección de que la miseria que genera el totalitarismo comunista hace inviable cualquier aplicación directa de sus doctrinas. Desde hace más de una década llegan al poder a través de elecciones y, asumido, hacen hasta lo indecible por aferrarse a él mientras coartan o diluyen los contrapesos de una democracia.
Cuando pensábamos que la verdad iba a neutralizar la leyenda negra, hemos sido testigos, de su deconstrucción desde dentro de la misma España
El caso de España y su historia: la historia de España, con sus claroscuros, como toda historia, ha sido una de las épicas nacionales más vilipendiadas. Cuando pensábamos que la verdad iba a neutralizar la leyenda negra, hemos sido testigos, de su deconstrucción desde dentro de la misma España. Tergiversación que forma parte de un proceso de deconstrucción de su integridad como país y que es parte vital del antes mencionado proceso de dilución de la democracia plena y del capitalismo libre.
–¿Cuba tiene salvación? Le he oído afirmar que solo desde adentro pueden venir los cambios, al mismo tiempo estaría de acuerdo con una intervención humanitaria. ¿Solo proveniente de Estados Unidos, de cualquier otro país que lo intentara (pudieran ser Argentina o un grupo de países hispanoamericanos)?
–Hoy en día están todas las fichas en la posición correcta para solucionar de una vez y por todas el «problema de Cuba» —término histórico—. Estados Unidos, como esa leyenda negra de España, tiene la mala fama —en ocasiones merecida— de ser un poder imperial, que no lo es. La coalición Escudo de las Américas, resultaría el instrumento adecuado para una posible intervención humanitaria en la isla. Intervención que me asombra —con sarcasmo lo digo— que no haya sido ya implementada por las Naciones Unidas ante la catástrofe humanitaria en la que están sumidos los cubanos. La parte militar de esta, estoy seguro, será breve e inocua. Una vez en Cuba, se hará necesaria para el control y mantenimiento de la seguridad pública en un país en el que desde hace varios años operan pandillas delincuenciales, tiene un creciente problema de adicciones y, tras sesenta y siete años de comunismo, ha perdido el respeto a la propiedad individual.
Lo más importante, imprescindible y urgente es una toma humanitaria de lo que queda de isla. Una operación cívico-militar para regresar a los cubanos a la vida civilizada. Quizás aquí en Europa no sea posible visualizar del todo las condiciones infrahumanas en las que languidecen esos mismos cubanos a los que Fidel Castro les prometió durante décadas un hermoso futuro. La Junta Militar que heredó su empobrecedor legado no solo no les promete ese futuro, sino que les asegura que no le interesa sacarlos de esa catástrofe.
Sin ayuda exterior, los cubanos tendrán que salvarse si no quieren morir de hambre, enfermedades o represión. Cuándo será, no lo sé. Que será un proceso mucho más violento, desorganizado y con resultados desconocidos, eso sí lo sé.
–¿Imagina la libertad de Cuba y la reconstrucción del día después? ¿Debiera contemplarse la justicia como principio para recuperar la ley y el orden?
–Lo primero, insisto, es la eliminación total de toda la estructura política y represiva de la Junta Militar. Es mi deseo, que puede no hacerse realidad al ver eso que llaman negociaciones entre Estados Unidos con integrantes de ese régimen. No se negocia con criminales. Una vez logrado esto, es inevitable iniciar la titánica labor de reinstaurar los servicios públicos. Los cubanos están desamparados ante la ineptitud, la desidia y la apatía de quienes los someten.
La economía se recuperará más rápido de lo que imaginamos. La historia de Cuba, la real, nos ha demostrado las potencialidades y la riqueza de esa isla
La economía se recuperará más rápido de lo que imaginamos. La historia de Cuba, la real, nos ha demostrado las potencialidades y la riqueza de esa isla. La recuperación de una sociedad de convivencia y de respeto a las leyes —ahora justas— tomará más tiempo, pero la sanación será más rápida gracias a la prosperidad.
Justicia y ley son dos pilares básicos de un país exitoso y serán instaurados en la Cuba que sueño. Pero también debe aplicarse hacia el pasado. Sesenta y siete años después, ya no alcanzará esa justicia y ley a muchos de los represores originales, pero sí a los que hoy mismo están humillando, intimidando y reprimiendo a muchos de mis paisanos. «Justicia y castigo» es mi divisa.
–¿Cuál es su opinión sobre la Constitución de 1940? ¿Debiera retomarse en el proceso de recuperación del país?
–La C40 es la última carta magna aprobada en Cuba bajo preceptos democráticos y legales. Mancillada por la acometida de Batista en 1952, no fue nunca derogada hasta la implantación por Fidel Castro de la Ley Fundamental de 1959. En la primera etapa de la refundación de la república tendrá que ser reconocida como la base sobre la que iniciará el proceso, aunque en ese primario momento sea imposible la adopción de todos sus preceptos. Hasta 1959, Cuba era una república democrática con división de poderes y organismos autónomos. Nada de eso queda después de la plaga totalitaria, por lo que no hay forma de aplicarla de inmediato en toda su magnitud.
A diferencia de la Constitución de los Estados Unidos, la Constitución de 1940 tiene 286 artículos, muchos de los cuales mantienen su vigencia, mientras que otros necesitarán ser reformados para adaptarlos a la realidad actual después de casi noventa años.
–¿Cómo ve la actualidad entre Cuba y Estados Unidos después de las recientes declaraciones del secretario de Estado Marco Rubio?
–Debemos agradecer el grado de atención que la actual administración ha prestado al tema cubano y a nuestro hemisferio. Gran parte de esta voluntad ha sido gracias al trabajo incansable del secretario de Estado. Sus recientes declaraciones sobre la política de paciencia y perseverancia son un paso adelante en la errática política exterior norteamericana de las últimas décadas, pero un balde de agua fría para quienes no dormimos angustiados por la catástrofe humanitaria que día con día aniquila a nuestros paisanos.
Marco Rubio es un funcionario de una administración norteamericana, no es un líder del exilio o de la oposición anticastrista
Marco Rubio es un funcionario de una administración norteamericana, no es un líder del exilio o de la oposición anticastrista. Sus declaraciones y su trabajo van en ese sentido; es muy positiva su intención de no dar la espalda al cáncer que ha infectado el continente y el mundo mientras arruinaba una isla próspera y torcía el tronco de su nación.
Desde el punto de vista humanitario, mi paciencia en liberar a los cubanos de la isla de la bota totalitaria que los asfixia y mata es totalmente nula, mas no la perseverancia. Cada día que pasa la catástrofe humanitaria se profundiza, el costo humano se eleva y la dificultad de la reconstrucción futura se duplica.
Omar Sixto, historiador y empresario cubano radicado en Miami
–Su segundo libro, de próxima publicación, en el que nos devuelve la gran historia cubana, y en el que trata el tema de la construcción de Cuba donde España ocupa un sitio relevante. Se titula El tren de los egos. ¿Nos adelanta algo?
–Se acabó la diversión trata de cómo en pocos años una dictadura totalitaria devastó un país autosuficiente y próspero, El tren de los egos se desarrolla justo en el momento en que ese país da un salto al desarrollo. Trata de cómo Cuba, española entonces, sin complejos ni limitaciones abraza el progreso y lo aplica con iniciativa segura y efectiva. Mientras la Península se desangraba en guerras sucesorias, su más rica colonia —de las pocas que le quedaban— decidió construir un ferrocarril para solucionar un problema logístico que obstruía su desarrollo.
El castrismo y sus cómplices en la academia han presentado a la Cuba de antes de 1959 como un país atrasado, dependiente, pobre y explotado por los malignos capitales extranjeros. El tren de los egos es una estaca al corazón de ese discurso. Es la exposición de la pujanza primigenia de una nación que en 1834 apenas balbuceaba su identidad. Es el relato, basado en fuentes documentales, de un gran paso adelante del florecimiento económico de una isla que en los próximos 125 años llegará a ser uno de los países más desarrollados del continente americano. Tan desarrollado que, hasta 1959, todavía recibía inmigrantes de su antigua metrópoli.
Me dolió mucho escribir Se acabó la diversión; disfruté al escribir El tren de los egos. Uno trata de destrucción y fracaso; el otro, de construcción y progreso. Uno es una lección de lo que le puede suceder a una sociedad que entrega su destino a un individuo; el otro es el recuerdo de lo que puede alcanzar una sociedad que toma el destino de su futuro en sus manos. Me gustó tanto que podría quedarme a vivir en sus páginas. Sé que no estaré solo.