La Internacional de Sánchez, el mejor aliado involuntario de Trump en noviembre
El avance de los socialistas en las primarias demócratas puede darle a los republicanos el adversario que necesitaban para unas midterms que, hoy por hoy, tenían perdidas
Fotomontaje de Pedro Sánchez y Donald Trump
Donald Trump tiene un problema. A menos de tres meses de las midterms, los demócratas aventajan a los republicanos en el voto genérico al Congreso y la aprobación presidencial ronda mínimos preocupantes. La economía sigue sin transmitir al bolsillo de muchos votantes el optimismo que vende la Casa Blanca, sobre todo desde la guerra de Irán. Y entonces apareció la izquierda socialista del Partido Demócrata (DSA) para echarle una mano.
Las primarias del 2026 han dejado una secuencia difícil de ignorar. Claire Valdez y Darializa Avila Chevalier han ganado en Nueva York con el impulso del alcalde Zohran Mamdani. En Colorado, Melat Kiros se ha cargado a Diana DeGette, que llevaba en el Congreso desde 1997. En Pensilvania, Chris Rabb ganó la candidatura por un distrito tan demócrata que ni siquiera tiene rival republicano. Y en agosto, Donavan McKinney se sumó a la fiesta en Detroit. La propia DSA calcula que siete de sus candidatos o miembros tienen muchas posibilidades de sentarse en la próxima Cámara.
A primera vista, es una victoria de la izquierda. Electoralmente, puede acabar siendo uno de los mejores regalos que reciba Trump de aquí a noviembre.
La revolución cabe en un distrito seguro
El truco está en el mapa. Como ha señalado Karl Rove, los socialistas están ganando, sobre todo, donde, para los demócratas, perder unas elecciones les exige un esfuerzo casi profesional. En varios de los distritos de Nueva York y Colorado donde han ganado candidatos de la DSA, Trump obtuvo en 2024 apenas entre el 11% y el 21% de los votos.
La DSA puede conquistar esos escaños sin conquistar América. En algunos de esos lugares, un ficus con la letra D junto al nombre tendría posibilidades razonables de salir elegido. El problema para los demócratas no está en perder esos distritos, que seguirán siendo azules toda la vida, sino en la marca nacional: una candidata puede ganar en Brooklyn prometiendo abolir ICE y, al día siguiente, aparecer en un anuncio republicano en Pensilvania o Michigan.
El programa que los republicanos no necesitan escribir
Lo más extraordinario es que los republicanos tampoco necesitan exagerar demasiado. La DSA acaba de publicar su programa nacional de 2026, Workers Deserve More, y la campaña republicana se escribe prácticamente sola.
Propone abolir ICE y terminar con las deportaciones; avanzar hacia la abolición de la policía y del sistema penitenciario; abolir el Colegio Electoral y el Senado; sustituir al presidente y al Tribunal Supremo por un Ejecutivo y una judicatura elegidos por —y subordinados a— el Congreso; nacionalizar las mayores corporaciones y sectores esenciales; acabar con la ayuda a Israel; y eliminar las sanciones contra Cuba, Venezuela e Irán.
No es una caricatura redactada por Fox News después de tres copas. Es el programa oficial de la organización. Naturalmente, no todos los candidatos demócratas —ni siquiera todos los que orbitan alrededor de la DSA— abrazan cada punto. Pero las campañas no funcionan por sutilezas. Cuando el adversario te entrega un documento que pide abolir el Senado, la policía y las deportaciones, el director creativo republicano puede tomarse la semana libre.
Marx probablemente no imaginó que la vanguardia proletaria del siglo XXI acabaría teniendo un máster, alquiler en Brooklyn y problemas para conseguir reserva en el restaurante de moda. La nueva izquierda habla en nombre de la clase trabajadora, pero su entusiasmo más intenso se concentra en segmentos urbanos, universitarios y acomodados. Ese divorcio entre estética obrera y sociología real es mejor munición republicana que limitarse a gritar 'comunismo'.
De Brooklyn a Barcelona: Sánchez presta el escenario
Aquí entra Pedro Sánchez. Desde 2022 preside la Internacional Socialista y, en abril, convirtió Barcelona en escaparate de una coordinación de la izquierda mundial con la Global Progressive Mobilisation. Más de 6.000 activistas y dirigentes de más de 40 países acudieron a la cita. Tim Walz intervino en persona; Bernie Sanders, Hillary Clinton y Zohran Mamdani enviaron mensajes; y el senador Chris Murphy defendió compartir experiencias internacionales para combatir a la derecha.
Conviene precisar algo antes de que algún fact-checker se emocione: la DSA no pertenece hoy a la Internacional Socialista. Se marchó en 2017, en pleno giro a la izquierda de la organización estadounidense. Para algunos socialistas americanos hasta la Internacional Socialista resultaba demasiado socialdemócrata.
Ceuta entra en las midterms
Y entonces llegó Ceuta.
No conviene mezclar causas para fabricar un relato fácil. La regularización extraordinaria aprobada por el Gobierno exigía acreditar presencia en España antes del 1 de enero de 2026; por tanto, los recién llegados a Ceuta técnicamente no pueden acogerse a ella. Pero ignorar que ambas cosas están ligadas es una tontería. Trump entendió inmediatamente el potencial de las fotografías y anunció que la frontera española sería un talking point de las midterms.
Para el votante americano de clase media que sufre por la vivienda, su salario, los servicios públicos y las fronteras, la combinación de más Estado, regularizaciones masivas y políticas migratorias expansivas no resulta seductora. Ese votante, y no el activista de Manhattan, decidirá muchos distritos en noviembre.
Cuando cinco votos pueden secuestrar una mayoría
El segundo problema para los demócratas es que ganar puede implicar perder. Un bloque de siete, diez o doce socialistas disciplinados podría convertirse en árbitro de cada votación importante.
Los republicanos conocen la película: la sufrieron con el Tea Party y después con el Freedom Caucus. Una minoría pequeña y dispuesta a votar 'no' puede convertir al speaker de su propio partido en rehén. No hacen falta cien diputados; bastan los cinco votos que separan una mayoría de una derrota. Jeffries podría tener que negociar a la vez con moderados que necesitan sobrevivir en Michigan y activistas que quieren abolir el Senado. Encontrar el punto medio promete tardes entretenidas.
Si ocurre, les tocará a los zurdos descubrir que la pureza ideológica es mucho más divertida desde la oposición que cuando hay que aprobar presupuestos.
El salvavidas que Trump no esperaba
Nada de esto significa que Trump tenga noviembre ganado. Una encuesta Reuters/Ipsos de comienzos de agosto daba a los demócratas cinco puntos de ventaja en el voto genérico al Congreso, 42 % frente a 37 %, y situaba la aprobación del presidente en el 35 %. La economía y el coste de la vida siguen importando mucho al votante medio.
Precisamente por eso la DSA puede ser tan útil para los republicanos. Trump necesita convertir las midterms en una elección entre dos alternativas y no en un referéndum sobre su presidencia. Los socialistas le están ayudando. Los demócratas intentarán hacer de noviembre un plebiscito contra los excesos, las formas y el intervencionismo de Trump; los republicanos ahora pueden contestar: puede que teleñeco naranja os canse, pero mirad lo que viene detrás.
Sánchez reunió en Barcelona a la izquierda mundial para demostrar que el progresismo podía organizarse internacionalmente frente a Trump. Mamdani mandó su mensaje, los socialistas ganaron sus primarias, la DSA puso por escrito el país que quiere construir y hasta Ceuta terminó entrando en la campaña americana. Puede que la gran Internacional progresista sí influya en las elecciones de noviembre. Solo que no en la dirección que imaginaba su anfitrión.
Trump necesitaba un salvavidas. Y Pedro Sánchez y sus nuevos amigos socialistas parecen empeñados en lanzárselo desde Barcelona.