¿Una «paz fría» en Corea?
Corea del Norte ahora tiene experiencia en guerra combinada con armas, uso de drones y guerra electrónica, que definen el campo de batalla moderno, una experiencia que ningún ejercicio de entrenamiento puede replicar
Donald Trump y el dictador norcoreano, Kim Jong Un, dándose la mano (Foto de archivo)
Varios analistas y medios liberales se hacen eco de las posibilidades de distensión en la península coreana.
Una «paz fría» entre las dos Coreas y el arbitrio de Washington. Esto viene a cuento porque hace unos días hubo maniobras militares conjuntas entre el ejército surcoreano y las fuerzas norteamericanas, entonces Donald Trump ordenó al Pentágono que «redujera sustancialmente» las maniobras militares conjuntas con Corea del Sur, afirmando que Corea del Norte «no ha supuesto ninguna amenaza y se ha mostrado respetuosa».
Ante este hecho, el presidente de Corea del Sur, Lee Jae-myung, ha reiterado su deseo de que el mando total vuelva a manos de Seúl y ha abogado por la independencia militar.
La orden de Trump supuso limitar estas maniobras denominadas «Ulchi Freedom Shield», en tiempo y extensión. En ellas participaban 18.000 soldados surcoreanos, junto con numerosas fuerzas estadounidenses y personal del Mando de las Naciones Unidas (UNC), que supervisan el armisticio que puso fin a las hostilidades en la península desde 1953.
Trump ha motivado esta decisión afirmando tener buenas relaciones con Kim Jong-un y de alguna forma aseveraba, como acostumbra, tener todo bajo control.
A finales de junio, la revista Foreign Affairs publicaba un debate entre importantes analistas estadounidenses y coreanos, en respuesta a un artículo anterior del politólogo Víctor D. Cha, titular de la Cátedra de Corea en el Centro de Estudios Estratégicos e Internacionales, en el que sostenía que Estados Unidos debería buscar una «paz fría» en la región centrada en reducir riesgos para su territorio y prevenir la escalada.
Sin embargo, en opinión de estos especialistas, una «paz fría» para Washington supondría un riesgo «caliente» para Seúl. Una rebaja de la disuasión militar socavaría la credibilidad de la alianza entre EE. UU. y Corea del Sur, e intensificaría la ansiedad nuclear en la región y, en última instancia, perjudicaría los intereses estadounidenses.
Si los diálogos con Corea del Norte priorizan la seguridad de Estados Unidos frente a las vulnerabilidades de Corea del Sur, como sostiene Cha, Pyongyang podría aprovechar esa brecha para atacar a Seúl mediante coacción en la «zona gris» y ataques híbridos (operaciones cibernéticas y acoso naval), demostraciones de fuerza nuclear y ataques limitados que pongan a prueba la disuasión. Todo ello sin superar el umbral de una guerra convencional o a gran escala.
Lo cierto es que la península coreana es hoy más peligrosa que en cualquier otro momento de las últimas décadas. La causa principal es que Pyongyang ha integrado la expansión nuclear en su identidad constitucional, su doctrina jurídica y su planificación operativa. Las capacidades nucleares y los misiles de Corea del Norte son hoy mucho más avanzados que hace tres décadas.
Por eso, una estrategia estadounidense realista debería ir más allá de la gestión de crisis. Debería evitar trasladar el peligro de Washington a Seúl.
Una verdadera «paz fría» requiere un orden regional sustentado en la disuasión militar y la fuerza, la diplomacia y la cooperación bilateral y multilateral entre aliados. Pero, además, hay que añadir otros factores que, en este momento y en este espacio regional, no podemos obviar:
Corea del Norte no solo ha obtenido capacidades militares de Rusia y experiencia al participar en su guerra, sino que el fortalecimiento de los lazos económicos y diplomáticos entre ambos países ha aliviado parte de la presión que, durante décadas, ha mantenido a Corea del Norte subordinada a China. Ahora, con mayor confianza en su ejército convencional y en condiciones de enfrentarse a sus dos grandes potencias protectoras, Corea del Norte se enfrenta a menos limitaciones que nunca. Y si Pyongyang optara por la agresión contra su vecino del sur, es probable que la guerra resultante no se limitara a un enfrentamiento entre Corea del Norte y una Corea del Sur respaldada por EE. UU., sino que también involucraría a Rusia y China.
Corea del Norte ahora tiene experiencia en guerra combinada con armas, uso de drones y guerra electrónica, que definen el campo de batalla moderno, una experiencia que ningún ejercicio de entrenamiento puede replicar.
Rusia le ha suministrado modernos sistemas de defensa aérea para protegerse contra drones, misiles de crucero y munición de precisión. También le ha proporcionado equipos avanzados de interferencia electrónica y conocimientos operativos para degradar las comunicaciones de Corea del Sur.
Pero, además, en el último año, desde finales de 2025, las relaciones con China se han intensificado. La colaboración entre ambos es estrecha Kim viajó a Pekín en septiembre y se reunió en privado con Xi, la primera vez que lo hacían en seis años. Al mes siguiente de esta cumbre, el primer ministro chino, Li Qiang, realizó un viaje de respuesta a Pionyang, convirtiéndose en el funcionario chino de más alto rango en visitar Corea del Norte.
De producirse una guerra entre las dos Coreas, China y Rusia se verían involucradas y podría extenderse más allá de la península.
Geográficamente, hemos de añadir la tensión existente en el mar de China Oriental y el estrecho de Tsushima con Japón, que incluye islotes como Liancourt, motivo de disputa histórica.
Pero al norte de Japón también se sitúa otra disputa territorial, esta entre Rusia y Japón, por las islas Kuriles del Sur, y que esta semana ha alcanzado su punto de máxima tensión por la primera e histórica visita de Vladímir Putin a este archipiélago, administrado por Rusia.
Es difícil sin duda alcanzar una «paz fría» en la península de Corea y su entorno.