Los nuevos reyes del Capitolio: las cripto, la IA y las apuestas financian las campañas del Congreso
Las empresas ya han gastado 517 millones de dólares en los candidatos del Congreso que saldrá de las urnas el 3 de noviembre
El Capitolio de Estados Unidos, sede del Congreso, en una imagen de archivo
Tres industrias que hace una década apenas existían –las criptomonedas, la inteligencia artificial y las apuestas por internet– se han convertido en los mayores donantes corporativos de la política estadounidense, desplazando a sectores tradicionales como el petróleo, la banca o las farmacéuticas. A pocos meses de las elecciones legislativas del 3 de noviembre, el gasto corporativo ya ha batido todos los récords anteriores. En esa fecha se renuevan la Cámara de Representantes al completo y un tercio del Senado.
Según Public Citizen, las empresas estadounidenses han desembolsado 517 millones de dólares en las campañas de los candidatos de las elecciones del Congreso entre 2025 y enero, febrero y marzo de 2026. La cifra supera ya los 461 millones de dólares gastados durante todo el ciclo electoral de 2024, y eso antes del habitual aluvión de publicidad de las últimas semanas de campaña. En total –incluidas las donaciones de multimillonarios, los sindicatos y las causas sociales– la consultora AdImpact calcula que se destinarán 11.600 millones de dólares a publicidad electoral en las elecciones de esta año, otro máximo histórico.
El modelo que lo cambió todo: super PACs sin bandera
La novedad no es la cantidad de dinero, sino su arquitectura. Cripto, IA y las apuestas por internet han adoptado un mismo esquema: una red de super PACs, PACs afiliados –que reciben fondos de los super PACs– y organizaciones de dinero oscuro (dark money, en inglés) que no están obligadas a revelar la procedencia del dinero. Estas estructuras pueden recaudar sumas ilimitadas y financiar publicidad, movilización de voto o actos de campaña, aunque tienen prohibido coordinarse directamente con los candidatos.
PACs, Super PACs y ‘Dark Money’: las tres herramientas del gasto electoral en EE. UU.
PAC (Political Action Committee). Es el vehículo más antiguo y regulado. Puede donar directamente a las campañas de los candidatos, pero con límites estrictos: actualmente un máximo de 5.000 dólares por candidato y elección. Debe declarar públicamente todos sus donantes ante la Comisión Federal Electoral (FEC, por sus siglas en inglés). Por ejemplo, destaca AnthroPAC, el PAC tradicional de empleados de Anthropic, que puede dar dinero directamente a campañas.
Super PAC (Comité de Gasto Independiente). Nació tras la sentencia Citizens United v. FEC (2010). Puede recaudar y gastar sumas ilimitadas de dinero de corporaciones, individuos y sindicatos. La condición: no puede coordinarse directamente con la campaña de ningún candidato ni donarle dinero en mano. En su lugar, financia publicidad, movilización de voto o actos propios a favor de un candidato o en contra. Sí debe declarar sus donantes. Por ejemplo, Fairshake (cripto), Leading the Future (IA), Win for America (apuestas).
Dark money (dinero oscuro). Hace referencia al gasto en campañas políticas en el que se oculta al público el origen de los fondos.
La innovación clave en este caso es que estos grupos no se alinean con un solo partido. Respaldan a quien defienda sus intereses regulatorios y castigan a quien no lo haga, sin importar la etiqueta. Fue lo que hizo la industria cripto en 2024 y lo que en la actualidad hacen la IA y las apuestas deportivas en internet.
Cripto: el pionero que lidera el gasto
La industria cripto ha invertido 189 millones de dólares en las elecciones de mitad de legisltarua de 2026 –el 37 % de todo el dinero corporativo del ciclo—, más que la IA y las apuestas juntas. Su instrumento principal es el super PAC Fairshake, financiado casi en su totalidad por Coinbase, Ripple y la firma de capital riesgo Andreessen Horowitz. Fairshake arrancó el año con 193 millones de dólares y todavía conserva unos 130 millones para gastar en el último tramo de las campañas electorales al Congreso.
El caso más citado de su capacidad de influencia es la campaña de 2024 que contribuyó a desbancar al senador demócrata de Ohio Sherrod Brown, entonces presidente del Comité Bancario del Senado y uno de los críticos más duros del sector. Public Citizen llegó a describir a Fairshake como una «estrella de la muerte corporativa» capaz de «aniquilar candidatos individuales». El mensaje caló: Brown, que busca ahora recuperar su escaño, se muestra hoy mucho más conciliador con la industria, según su propio equipo de campaña.
Andreessen Horowitz ha destinado más de 81 millones de dólares a PACs de cripto e IA en este ciclo, de los cuales al menos 23,8 millones fueron a parar a Fairshake. Sus fundadores, Marc Andreessen y Ben Horowitz, han aportado además unos 4 millones de dólares cada uno de su bolsillo, la mayor parte al sper-PAC MAGA Inc., que respalda al presidente Donald Trump.
Inteligencia artificial: de la irrelevancia a la guerra interna
La IA en 2026 se ha convertido en el sector de mayor crecimiento. Su super PAC buque insignia, Leading the Future, ha recaudado 140 millones de dólares desde enero de 2025 –ya por encima de los 137 millones de Fairshake en el mismo periodo–, impulsado en buena parte por donaciones del presidente de OpenAI, Greg Brockman, y su esposa Anna, además de Andreessen Horowitz, que ha aportado 50 millones de dólares.
El dato más singular de este ciclo es que la propia industria se ha enfrentado a sí misma. Grupos vinculados a OpenAI y a Anthropic –que defienden modelos de regulación distintos– gastaron más de 23 millones de dólares en un solo mes de junio apoyando a dos demócratas rivales en un mismo distrito de Nueva York.
Anthropic ha canalizado al menos 40 millones de dólares en este ciclo a través de una organización de dinero oscuro llamada Public First Action, que ha recaudado 100 millones en total. La compañía sostiene que ese dinero se destina a «educar al público» sobre políticas, no a apoyar u oponerse a candidatos concretos. Además está vinculada a un super-PAC menor, Public First, y a un PAC tradicional de empleados, AnthroPAC. Por separado, Anthropic se ha comprometido a aportar 20 millones de dólares a un grupo que respalda a candidatos favorables a la seguridad en IA.
OpenAI, por su parte, insiste en que no financia ni dirige la actividad de Leading the Future y que Brockman y otros empleados donan a título personal; el matrimonio Brockman ha destinado además 25 millones de dólares a MAGA Inc.
Apuestas por internet: el tercer jugador en ascenso
DraftKings, FanDuel, Fanatics y la británica bet365 han donado más de 72 millones de dólares en este ciclo, lo que convierte al sector en el tercer mayor donante corporativo. El grueso de ese dinero fluye a través de dos PACs afiliados –American Conservative Fund y American Future– hacia carreras estatales en los territorios donde la industria enfrenta mayor presión regulatoria.
Un tercer vehículo específico del sector, el super PAC Win for America, ha recibido 43 millones de dólares, de los cuales FanDuel y DraftKings aportaron 19,5 millones cada una. Por su parte, el mercado de predicciones Polymarket donó un millón de dólares en junio, a través de su matriz Blockratize Inc., al Congressional Leadership Fund, el super-PAC republicano respaldado por el presidente de la Cámara, Mike Johnson.
Otros multimillonarios, al margen de los tres sectores
Elon Musk ha destinado ya más de 90 millones de dólares a las elecciones federales de 2026, con planes de gastar mucho más antes de noviembre. El cofundador de Google, Sergey Brin, ha invertido más de 106 millones de dólares en California para combatir una propuesta de impuesto a las grandes fortunas y otras iniciativas estatales. Meta, matriz de Facebook e Instagram, ha repartido 65 millones de dólares entre cuatro súper-PACs distintos para influir en las elecciones estatales de California, Texas, Illinois y otros estados, en parte para frenar la regulación estatal de la IA.
Por qué ahora: influye en la norma antes de que se escriba
El punto en común entre los tres sectores es la urgencia regulatoria. La industria cripto lleva años esperando una ley de claridad regulatoria estancada en el Senado; la IA quiere evitar un mosaico de normas estatales antes de que el Congreso fije un marco federal; las apuestas online buscan blindarse frente al escrutinio creciente sobre el juego digital. En los tres casos, la apuesta es la misma: influir en el Congreso antes de que sea el Congreso quien decida sobre ellos.