El presidente ruso Vladimir Putin posa junto a las reliquias del Santo Gran Príncipe Dmitry Donskoy
Los puntos débiles en el mapa de Europa que podría atacar Rusia
Informes de Inteligencia occidentales estiman que Moscú podría poner a prueba la unidad de la OTAN con una ofensiva limitada contra territorio europeo antes de 2029
La visita de la semana pasada del director de la CIA, John Ratcliffe, a Moscú para reunirse con los jefes de la Inteligencia rusa ha desatado todo tipo de especulaciones y ha encendido todas las alarmas en Europa, sobre todo, en el flanco oriental. El último director de la Agencia Central de Inteligencia estadounidense que viajó hasta Rusia fue William Burns, en noviembre de 2021, tan solo unos meses antes de que Vladimir Putin ordenara la invasión a gran escala contra Ucrania en febrero del año siguiente. Las capitales bálticas, que vienen advirtiendo de que el Kremlin planea un ataque antes de 2029, no han visto con buenos ojos este último encuentro.
Las filtraciones sobre el contenido de la reunión tampoco ayudan a rebajar el ambiente entre Europa y Rusia. Medios estadounidenses como CBS News y The Wall Street Journal informaron de que Ratcliffe había advertido a los rusos ante cualquier ataque contra un miembro de la OTAN, especialmente contra un país báltico. Sin embargo, The New York Times publicó que el director de la CIA se tomó la molestia de viajar hasta Moscú para decirle a sus pares que su aventura bélica en Ucrania no les está yendo nada bien y convencerles así de que se sienten a negociar. Asimismo, otros expertos sostienen que el encuentro podría haber versado sobre la guerra en Irán y el apoyo encubierto que el Kremlin ofrece al régimen fundamentalista.
El presidente de Estados Unidos, Donald Trump –propenso a pronunciarse sobre cualquier asunto de actualidad–, tampoco ha ayudado a frenar las especulaciones. El republicano ha optado por restar importancia diciendo que se trataba de una visita «semirrutinaria», sin ofrecer más detalles. En Europa, y ante este secretismo, ya no se habla de si Rusia atacará, sino de cuándo y dónde podría hacerlo. Las estimaciones de Inteligencia de los servicios europeos y estadounidenses revelan que el Kremlin podría lanzar una ofensiva antes de 2030 para poner a prueba la unidad de la Alianza Atlántica.
Esta provocación podría materializarse de muchas formas y no se descarta una invasión terrestre limitada. En este escenario, los territorios más expuestos del Viejo Continente serían el corredor de Suwalki –en la frontera entre Polonia y Lituania–, una isla del Báltico o la ciudad estonia de Narva. Un estudio de la Universidad de Harvard del pasado mes de febrero ya advertía de que Europa «se enfrenta al entorno de seguridad más peligroso de las últimas décadas» y ponía el foco en la combinación de tácticas de «zona gris» y amenazas abiertas de acción militar que combina Moscú para debilitar a la OTAN. Aquí entran también las campañas de desinformación rusas, los ciberataques, la injerencia e, incluso, ataques a infraestructuras críticas.
El corredor de Suwalki
Esta franja de tierra de unos 70 kilómetros de longitud es considerada el talón de Aquiles de Europa, por su vulnerable situación geográfica. El corredor de Suwalki separa Polonia de Lituania y se trata del único paso terrestre que conecta a los Estados bálticos; sin embargo, está rodeado de enemigos: al este, Bielorrusia, y al oeste, el enclave ruso de Kaliningrado.
Esquema de la franja Suwalki
«En un escenario de ofensiva rusa, el corredor Suwalki constituiría el principal punto de vulnerabilidad terrestre para Europa. Desde Kaliningrado y a través de Bielorrusia, Rusia podría desplegar fuerzas para cortar la conexión terrestre entre los Estados bálticos y el resto de los aliados de la OTAN y la Unión Europea», explicaba Alfonso Goizueta el pasado mes de enero en un artículo de la revista Política Exterior.
La ciudad de Narva
Los expertos de Harvard, por su parte, creen que la opción más plausible es que el Kremlin apueste por una incursión limitada y, en este caso, uno de los objetivos podría ser la ciudad estonia de Narva. «Rusia podría decidir subir la apuesta y pasar a tomar una ciudad fronteriza como Narva con fuerzas no identificadas o mediante grupos afines, apostando por poder hacerse con un territorio de importancia simbólica y, al mismo tiempo, mantener a la OTAN dividida y la escalada bajo control», exponen en su informe.
El pasado mes de marzo, las autoridades de Estonia ya denunciaron una campaña de desinformación sobre una convocatoria a la «República de Narva», vinculada a Moscú. La campaña de propaganda buscaba promover el sentimiento independentista y la creación de una «República Popular de Narva». Una estrategia que ya ha utilizado en otros lugares, como Transnistria, en Moldavia, o Abjasia, en Georgia. «Los servicios de Inteligencia rusos también podrían inundar de forma más agresiva el espacio informativo con propaganda extranjera; por ejemplo, intensificando la condena pública de la «represión sistémica» de las minorías rusas en Letonia y Estonia», advierten en su estudio.
Islas del Báltico
Por último, los expertos de Harvard destacaron en su investigación Amenazas rusas al flanco oriental de la OTAN: escenarios, estrategia y política para la seguridad europea la vulnerabilidad de las islas del Báltico, en concreto, la sueca de Gotland. «En lo que respecta a la guerra en el mar, Rusia podría emplear sistemas de misiles antiaéreos y antibuque para impedir el acceso a la región del Báltico, además de sembrar minas navales, utilizar embarcaciones de superficie no tripuladas y vehículos submarinos no tripulados contra el tráfico marítimo, e intentar desembarcos limitados en la isla sueca de Gotland», escribieron.
Mientras la preocupación crece en las capitales europeas, Rusia aprovecha para alimentar los miedos de Occidente y eleva el tono con amenazas directas contra los Estados miembros de la Alianza Atlántica. Nada nuevo bajo el sol en estos cuatro años –casi cinco– de invasión rusa de Ucrania, donde, actualmente, la gran batalla se está librando en internet y las redes sociales.