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Cómo cambió el mundo después de los atentados a las Torres Gemelas

De la Patriot Act a la biometría en los aeropuertos: cómo los atentados de 2001 transformaron para siempre el equilibrio entre seguridad nacional y privacidad

Uno de los aviones secuestrados el 11-S de 2001 se estrella contra una de la Torres Gemelas

«Hacía un día precioso, cielo azul». Todos los testigos coinciden en esta afirmación en diferentes entrevistas que se han hecho a lo largo de los años al recordar los momentos previos al 11 de septiembre de 2001.

A las 8:46 de la mañana de ese día, Nueva York seguía con su rutina. En las calles de la zona financiera de Manhattan comenzaba otro día de trabajo en las Torres Gemelas. Entonces, un avión atravesó el cielo y se estrelló contra la Torre Norte. El vuelo 11 de American Airlines, secuestrado por cinco terroristas de Al Qaeda, golpeó el edificio entre los pisos 93 y 99. En cuestión de segundos, una de las construcciones más reconocibles del mundo quedó envuelta en fuego y humo.

17 minutos después, a las 9:03, la duda desapareció. El vuelo 175 de United Airlines se estrelló contra la Torre Sur. Las dos torres, diseñadas para representar el poder económico de Nueva York, se habían convertido en el centro de una tragedia que todavía estaba comenzando. Otro avión cayó en Pensilvania, el cual se dirigía al Congreso o la Casa Blanca, y otro en el Pentágono.

El Congreso aprobó la USA PATRIOT Act apenas 45 días después de los atentados. Firmada por el presidente de Estados Unidos, el republicano George W. Bush, el 26 de octubre de 2001, la ley amplió las facultades federales para rastrear e interceptar comunicaciones, investigar posibles actividades terroristas y obtener determinados registros. Con el paso de los años, algunas de aquellas herramientas fueron modificadas, limitadas o sustituidas. Otras desaparecieron formalmente. Pero el principio que surgió entonces —que ante una amenaza extraordinaria el Estado necesita mayores capacidades para anticiparse al peligro— perdura un cuarto de siglo después.

Entonces, se acuñó el término la Guerra contra el Terror, el enemigo, los terroristas de Al Qaeda, y el terreno de batalla eran indefinidos. Los primeros detenidos llegaron en enero de 2002 de Afganistán a la base naval de Guantánamo que tiene Estados Unidos en Cuba. El traslado y su detención, en la actualidad siguen allí el Khalid Sheik Mohammed, considerado ideólogo del 11-S, y otros terroristas en el campo 7, se escribió en los márgenes de la legalidad.

Un preso de Guantánamo por una entrevista con Obama

Incluso Barack Obama el presidente que sucedió a Bush tuvo en sus iniciativas de campaña de 2008 cerrar Guantánamo. En cambio, cuando ganó las elecciones ni el Congreso ni los líderes europeos de izquierdas que habían apoyado la iniciativa aceptaron el traslado de estos terroristas ni a las cárceles de EEUU ni a las europeas. Incluso, en la filtración de WikiLeaks, realizada por Julian Assange en 2010 y 2011, se vieron despachos de embajadas de EEUU a Washington, donde daban cuentan de que los diplomáticos europeos proponían aceptar detenidos de Guantánamo a cambio de una entrevista de los líderes de sus países con Obama en el despacho oval. Entonces, el presidente demócrata recibía tratamiento de estrella del rock en las capitales de los gobiernos de izquierda europeos, y todos querían una fotografía con él.

En los atentados murieron asesinadas 2.977 personas, sin contar a los 19 secuestradores

En los atentados murieron asesinadas 2.977 personas, sin contar a los 19 secuestradores. Pero sus consecuencias fueron mucho más allá de aquella terrible cifra de muertos asesinados en el ataque terrorista. El 11 de septiembre de 2001 no solo cambió la política exterior de Estados Unidos. También transformó, de manera profunda y duradera, la relación en la que los Estados entienden la seguridad de sus ciudadanos.

Después de los atentados contra las Torres Gemelas y el Pentágono, Washington emprendió una guerra contra Al Qaeda, el grupo terrorista autor de los ataques y el régimen talibán que había permitido a su líder Osama bin Laden establecerse en Afganistán. Al mismo tiempo, dentro de Estados Unidos comenzó una expansión extraordinaria de las capacidades de vigilancia, investigación y control fronterizo.

Operación Libertad Duradera: la guerra que siguió al 11-S

La respuesta estadounidense no comenzó con una ley de vigilancia, sino con una operación militar: La Operación Libertad Duradera, que se lanzó para cazar a Bin Laden en Afganistán. La red terrorista Al Qaeda llevaba años utilizando Afganistán como una de sus principales bases. La organización de Bin Laden había establecido una relación estrecha con los talibanes, que controlaban buena parte del país y proporcionaban refugio a la organización terrorista.

El 7 de octubre de 2001 Estados Unidos y sus aliados comenzaron ataques aéreos y operaciones especiales contra objetivos de Al Qaeda y de los talibanes, mientras agentes de la CIA y fuerzas especiales estadounidenses colaboraban con facciones afganas contrarias al régimen.

En pocas semanas, el régimen talibán perdió el control de las principales ciudades. Kabul cayó en noviembre y el gobierno talibán fue desplazado. Pero Bin Laden no fue capturado. Con ello, las mujeres afganas encontraron un beneficio colateral: empezaron a atisbar algo de libertad y derechos. Y con el tiempo se empezó a lograr una pequeña economía local alrededor de Kabul. Todo eso se perdió 20 años después con la desastrosa salida de Afganistán.

La ‘Patriot Act’: cuando la excepción se convirtió en arquitectura

La USA PATRIOT Act fue aprobada en un tiempo récord después de los atentados. Su objetivo era dotar al Gobierno de nuevas herramientas para combatir el terrorismo. La ley amplió las capacidades federales para interceptar comunicaciones, investigar movimientos financieros, perseguir determinadas actividades relacionadas con el terrorismo y obtener información mediante instrumentos como las National Security Letters y determinadas órdenes bajo la legislación de inteligencia.

Una de las disposiciones que terminaría adquiriendo mayor importancia fue la Sección 215, relacionada con la obtención de determinados registros empresariales y otros documentos.

Con el tiempo, esta disposición se convirtió en la base legal utilizada por el Gobierno para el programa de recopilación masiva de metadatos telefónicos de la NSA. Los datos incluían información como números de teléfono, fecha, hora y duración de las llamadas, pero no el contenido de las conversaciones. La propia NSA describe el programa como una recopilación autorizada por el tribunal especializado de vigilancia exterior, el FISC, que comenzó en 2006.

Objetivo: Hacer estallar un avión de París a Miami

Los ciudadanos cedieron en sus libertades a cambio de estar más seguros. A los ataques del 11 de septiembre, le sucedieron otros intentos de atentado: El 22 de diciembre de 2001 Richard Colvin Reid, ciudadano británico y miembro de Al Qaeda, intentó hacer saltar por los aires el vuelo 63 American Airlines que iba de París a Miami. Llevaba un explosivo alojado en un zapato. El 25 de diciembre de 2009 Umar Farouk Abdulmutallab, terrorista de Al Qaeda, intentó hacer lo mismo cuando su avión sobrevolaba Detroit (Michigan). Su vuelo venía de Amsterdam. Entonces, se aumentó la seguridad en los aviones. Incluso, en algunos viajaban Marshall de paisano.

Snowden y el momento en que el secreto dejó de serlo

Durante años, buena parte de estas operaciones permaneció fuera del debate público. En 2013, la filtración de un agente de la Agencia de Seguridad Nacional (NSA, por sus siglas en inglés) Edward Snowden mostró al mundo la dimensión de los programas de vigilancia electrónica estadounidenses y desencadenaron una discusión internacional sobre los límites de la NSA, el secreto gubernamental y la privacidad digital.

La polémica tuvo consecuencias políticas. En 2015, el Congreso aprobó la USA FREEDOM Act, que prohibió la recopilación masiva de registros bajo la Sección 215 y estableció un sistema basado en términos de selección específicos para las solicitudes de información. La reforma no eliminó la Sección 215 ni todas las formas de recopilación: puso fin a su utilización para la recopilación masiva nacional de registros telefónicos tal como se había desarrollado.

Merkel y los límites de la Patriot Act

En 2013, salió a la luz que la Agencia de Seguridad Nacional estadounidense había vigilado las comunicaciones de la entonces canciller alemana Angela Merkel. El episodio provocó una crisis diplomática entre Washington y Berlín. Incluso, Obama, entonces presidente de EEUU, bromeó con el asunto.

El control del teléfono de Merkel no se realizó directamente al amparo de la Patriot Act. La vigilancia de inteligencia exterior estadounidense se apoyaba también en otras autoridades y mecanismos, entre ellos la Executive Order 12333, que regula determinadas actividades de inteligencia en el extranjero.

Después del 11-S, la seguridad aérea se convirtió en una prioridad nacional. En 2001 se creó la Administración de Seguridad de Transporte (Transportation Security Administration), que asumió responsabilidades que anteriormente estaban fragmentadas entre distintos organismos y empresas privadas. Se introdujeron nuevas tecnologías de detección y, con el tiempo, se extendió el uso de escáneres corporales. La seguridad antiterrorista pasó así de ser una actividad asociada principalmente a los servicios de inteligencia a convertirse en una experiencia cotidiana.

Cuando el rostro se convierte en la identificación

En la actualidad, el rostro puede funcionar como un DNI. El programa TSA PreCheck Touchless ID permite a determinados pasajeros utilizar el reconocimiento facial para verificar su identidad en los controles de seguridad, sin tener que mostrar físicamente su documento de identidad en el punto de control. El programa, inicialmente limitado a un número reducido de aeropuertos, se expandió durante 2026 hasta alcanzar 65 aeropuertos, según información publicada sobre la expansión de la TSA.

La biometría y la nueva normalidad

La expansión de la biometría representa quizá la evolución más visible de aquella transformación. Después del 11-S, el objetivo era detectar amenazas terroristas. En la actualidad, las tecnologías desarrolladas para identificar personas y evaluar riesgos forman parte de experiencias mucho más habituales: controles fronterizos, aeropuertos, documentos digitales y sistemas automatizados de verificación. La tecnología ofrece una ventaja evidente: rapidez y comodidad, sobre todo para los pasajeros que viajan de manera frecuente.