Jorge Cachinero, directivo y socio fundador de European Risk Advisory
Jorge Cachinero, directivo de 'European Risk Advisory': «Europa está perdida en combate, ni está ni se le espera»
En una semana atravesada por la Asamblea General de Naciones Unidas, detalla su crítica visión de los desafíos que tienen por delante los principales actores y líderes globales
Jorge Cachinero es una voz más que autorizada en temas geopolíticos y un observador atento del convulso panorama mundial. En una semana atravesada por la Asamblea General de Naciones Unidas, este directivo y socio fundador de ERA (European Risk Advisory), detalla su crítica visión de los desafíos que tienen por delante los principales actores y líderes globales. Graduado en Geografía e Historia y con una Maestría en Historia Contemporánea, ambos, por la Universidad Complutense de Madrid y Executive MBA por el Instituto de Empresa, realizó estudios de postgrado en la Universidad de Oxford . Por más de tres décadas fue directivo de Asuntos Gubernamentales y Regulatorios, Legal y Cumplimiento en grandes corporaciones multinacionales como Ford Motor Co., Japan Tobacco International e International Road Transport Unión (IRU). Durante 15 años fue profesor en IE Business School e IE Universitario además de miembro del Consejo Científico del Real Instituto Elcano. Aquí sus opiniones
- Ante el debilitamiento de las instituciones multilaterales tradicionales y el auge de bloques de países hegemónicos, ¿estamos asistiendo a la consolidación de un orden multipolar estructurado o adentrándonos en una fase prolongada de fragmentación y desorden sistémico global?
El orden internacional está en transición. El colapso de la Unión Soviética y el final de la Guerra Fría fueron seguidos por el ‘Momento unipolar’ de hegemonía de los Estados Unidos, con su intento de imponer un «orden liberal basado en reglas», a pesar de que nunca supimos cuáles eran, mientras fracasaba en Yugoslavia, Irak, Libia y Afganistán.
El discurso del presidente de la Federación de Rusia, Vladimir Putin, en la reunión del Consejo Rusia - OTAN, hoy disuelto, dio inicio al giro hacia un mundo multipolar, de grandes y medianas potencias y de bloques reforzados. Las dinámicas de poder político en la era de la multipolaridad están lideradas por países que conforman grandes bloques económicos, territoriales y militares, como es el caso de EE. UU., Rusia, China y la India.
El presidente de Estados Unidos (EE. UU.) Donald J. Trump y el secretario de Estado, Marco Rubio, reconocieron en enero de 2025, tras su llegada al poder, que el mundo es multipolar.
El centro de gravedad del mundo se desplaza de oeste a este. El proceso no está estructurado y es impredecible. El riesgo más acuciante del mismo es que la competencia entre las grandes potencias por obtener el máximo beneficio geopolítico y geoeconómico pueda provocar el estallido de la III Guerra Mundial.
- La polarización política en Estados Unidos y sus oscilaciones en política exterior plantean dudas sobre su rol histórico como garante de la seguridad global. ¿Cómo afecta esta incertidumbre política interna la predictibilidad de sus alianzas estratégicas?
El último presidente norteamericano del Partido Demócrata estaba profundamente comprometido con que EE.UU. siguiera actuando como si el «Momento unipolar» no se hubiera extinguido y su estrategia en Ucrania es prueba de ello.
La segunda presidencia de Trump intenta romper con ese patrón, pero quiere seguir siendo la potencia más poderosa de todas y repartirse el mundo, por áreas de influencia, a modo de una segunda Yalta, con China y con Rusia.
En esto estamos, aunque todavía no se pueda emitir un juicio sobre si dicho empeño concluirá con éxito.
La suerte de Europa
– ¿Y qué sucede en ese contexto con Europa?
Europa está perdida en combate, ni está ni se le espera y el proyecto de una «Europa imperial» está fracasando.
Europa persiste en librar una guerra de desgaste contra Rusia a través de apoderados, mantiene una relación de fricción con China, no cuenta para nada ni para nadie en el Oriente Próximo y prolonga su disputa geopolítica, política y económica con Washington.
El gobierno de EE. UU. reclama una herencia civilizacional compartida con Europa en oposición a los líderes de la UE en Bruselas y de muchos países europeos en el continente, quienes quieren acabar con ella.
– Con el conflicto en Ucrania y las tensiones en el Vecindario Sur, la UE aboga por reforzar su 'autonomía estratégica'. ¿Tiene Europa los recursos industriales, militares y la cohesión política necesaria para convertirse en un actor geopolítico de primer orden o corre el riesgo de ser una periferia dependiente?
Europa no será un actor geopolítico de primer orden y acabará siendo una periferia dependiente.
El Viejo Continente sufre una erosión severa de su competitividad y de su capacidad industrial, lo que agrava las expectativas de desarrollo económico, dada su dependencia energética crónica, agravada por permitir el sabotaje del suministro de hidrocarburos baratos de Rusia, como hizo Alemania, de forma suicida.
Europa no cuenta con las capacidades de poder duro para proyectarse como una potencia militar respetable, en un momento en el que la influencia mediante herramientas del poder blando está obsoleta.
– ¿En qué medida esa pérdida de gravitación europea, hunde sus raíces en cuestiones de índole más bien cultural y de valores que se han dejado en desuso?
Absolutamente. Esta delicada situación responde también a la renuncia de buena parte de la dirigencia europea a los tres pilares de nuestra civilización, el monoteísmo de la tradición judeocristiana, la razón del pensamiento griego y el derecho y las instituciones de Roma. El objetivo detrás del ataque a las raíces civilizacionales de Europa y de Occidente no es más que un medio para debilitar y destruir sus estados nación, a los que se pretende someter mediante esa artimaña.
– Y en ese sentido, ¿esa diría que es la gran deuda de la arquitectura institucional europea?
Ciertamente algo de eso existe. La UE optó por transferir y concentrar más poder en detrimento de la soberanía de sus miembros durante las dos últimas décadas, a cambio de una propuesta de valor que ofrecía la promesa combinada de paz en el continente y prosperidad entre sus socios.
Sin embargo, los ciudadanos europeos se están dando cuenta de que muchos de sus líderes se equivocaron o los engañaron, ya que dicha visión estratégica se ha desvanecido y el doble objetivo de la ausencia de guerras y el bienestar económico no se está materializando.
Ante esto, los dirigentes de la UE han sustituido la promesa de un dividendo de paz y riqueza que justificaba la centralización del poder en el continente por la confrontación permanente con cualquier adversario externo que se preste como mecanismo de distracción frente a las crisis internas no resueltas y a los problemas que siguen creciendo en la UE.
En ese plano situaría, por ejemplo, las crisis migratorias que enfrenta el continente y sus dificultades políticas y operativas para resolverlas.
El ejemplo más nítido de lo anterior ha sido la gestión de la inmigración irregular, ya que la centralización comunitaria derivó en un descontrol fronterizo que permitió que cualquiera entrara en Europa, lo que hoy amenaza la propia cohesión social y el Estado de derecho.
El continente de la esperanza
– Hispanoamérica posee reservas cruciales de litio, cobre, agua dulce y producción alimentaria, lo que la convierte en un escenario central de disputa entre EE. UU. y China. ¿Cómo pueden los gobiernos y las empresas de la región posicionarse estratégicamente sin quedar atrapados en un conflicto de alineamiento forzado?
Hispanoamérica debería optar por un modelo de protección de sus intereses corporativos y nacionales, equidistante de ambas potencias, como hacen los gobiernos indios, turcos o saudíes, por poner tres ejemplos, que apoyan a sus corporaciones en el difícil equilibrio de perseguir el cumplimiento de sus planes estratégicos sin dejarse arrastrar a disputas geopolíticas que están por encima de sus necesidades e intereses.
Esto exige a los líderes gubernamentales y corporativos de la región que desarrollen sólidas habilidades de diplomacia corporativa, tanto dentro como fuera de sus jurisdicciones y en las de intervención diplomática o de desarrollo de sus modelos de negocio, para manejar un entorno tan complejo y cambiante.
– El aumento del crimen transnacional organizado y la polarización política amenazan la estabilidad institucional en varios países de la región. ¿Cuáles son los principales riesgos no financieros ni geopolíticos clásicos que las grandes empresas multinacionales deben incluir hoy en su matriz de riesgos en Hispanoamérica?
Los riesgos más importantes están en creer que las reglas internas de cumplimiento normativo son negociables y que sus relaciones con los gobiernos de cada momento son permanentes.
Las corporaciones no pueden dejarse atrapar por relaciones dudosas, sospechosas o directamente cómplices del crimen transnacional organizado, especialmente el relacionado con el tráfico de drogas y el blanqueo de sus beneficios. Y en esos temas, la región hispanoamericana tiene mucho que trabajar por delante.
Las enfermedades de la ONU
– Frente a este cuadro global, como evalúa el papel de la ONU, que en estos días ha celebrado en Nueva York su Asamblea Plenaria?
La ONU dejó de ser un actor central en este mundo multipolar embrionario.
Pensemos por ejemplo en cuál ha sido el rol de la ONU en la guerra en Ucrania o en la de Irán. Simplemente ninguno. Los mediadores, los negociadores, los intermediarios y los transmisores de los mensajes entre las partes son otros que, además, son reemplazados sucesivamente en esas tareas.
– Y ahora que viene la elección de un nuevo Secretario General, existe alguna posibilidad de rectificar el camino?
Ahora que se está por elegir a un nuevo secretario general, sería bueno que alguien hiciera un balance del desempeño de Antonio Guterres desde 2017. Nadie sabe qué ha hecho en todos estos años. Todo un misterio.
En los últimos años, la ONU y las organizaciones de su sistema han sido cooptadas para ponerse al servicio de agendas ideológicas, lo que ha convertido a dichas instituciones en correas de transmisión de políticas que buscan imponerse a los países miembros sin que tengan que rendir cuentas ante nadie.
Las cuotas de género, los planes que hipotecan el desarrollo y la prosperidad económica, las ideologías iliberales y antidemocráticas son criterios más importantes que la capacitación y el mérito para la elección de sus máximos dirigentes.
La ONU y las organizaciones internacionales de su sistema se han convertido en prestadoras de planes de prejubilación generosos para políticos ideologizados, quienes se convierten en sus principales beneficiarios.