¿Por qué Xi Jinping despreció a la ONU y prefirió ir a la Casa Blanca para verse con Trump?
Ante el reciente impulso de la hegemonía estadounidense, el régimen comunista de Pekín ha dicho que defiende el multilateralismo, pero los hechos muestran lo contrario
Xi Jinping y el presidente de EE.UU. Donald Trump en la Casa Blanca
Mientras los detalles más banales y los gestos de complicidad entre Donald Trump y Xi Jinping en Washington acaparaban los titulares de la prensa occidental se ha pasado por alto un detalle, cuanto menos interesante, con respecto al futuro de Naciones Unidas: el desprecio de Xi a la mayor cita multilateral a nivel mundial.
A pesar de sus duras críticas a Naciones Unidas, Trump sí asistió a la Asamblea General en la sede de Nueva York mientras Xi, que recorrió miles de kilómetros desde Pekín para llegar a Washington, no quiso presentarse ante el mayor órgano multilateral que se encontraba a unos cientos de kilómetros de la capital estadounidense.
Ante el reciente impulso de la hegemonía estadounidense, el régimen comunista de Pekín ha dicho que defiende el multilateralismo, pero los hechos muestran lo contrario.
Para Javier Rupérez, la ausencia del dirigente chino es una falta de respeto a las Naciones Unidas. Entrevistado en RTVE, el exembajador de España en EE.UU. atribuyó la ausencia de Xi en la ONU a una «falta de respeto, de consideración y en cierta forma una muestra de desprecio».
Y es que mientras Xi Jinping era recibido con honores en Washington su vicepresidente Han Zheng encabezaba la delegación china ante Naciones Unidas en Nueva York, en donde según la prensa estatal china «expuso la postura de Pekín en favor del multilateralismo y la reforma de la gobernanza global».
Si a los hechos nos remitimos, Xi no privilegió el multilateralismo, en cambio optó por el diálogo entre potencias al margen de Naciones Unidas, y en cuanto a la «reforma de la gobernanza global» que el régimen comunista chino propone podríamos intuir que se refiere a una Naciones Unidas que no hable de las violaciones derechos humanos en China, del expansionismo que amenaza a Taiwán o Filipinas o quizás se refiere a la creación de nuevas estructuras del «Sur Global» como el grupo de los BRICS donde China es la potencia reinante.
Aparentemente, la cumbre entre Trump y Xi estuvo llena de muchos gestos, pero poca sustancia. Al final de su visita lo poco que hemos sabido sobre acuerdos tangibles es que Estados Unidos y China establecerán un «canal de comunicación» para incidentes relacionados con la inteligencia artificial (IA).
Xi adoptó por un tono mesurado en este nuevo tema de competencia con Trump y abogó por que Estados Unidos y China lleven «una relación sin conflicto ni confrontación», así como por mantener la IA bajo «control humano».
Poco menos conciliador se mostró el portavoz de Defensa Jiang Bin quien declaró en una rueda de prensa que mantener la paz y la estabilidad en el estrecho de Taiwán era el «principal denominador común» entre Pekín y Washington, un recordatorio directo de cual era el tema de conversación prioritario de Xi con Trump.
En todo caso, la respuesta más sencilla a la pregunta planteada es que Xi se ausentó de Naciones Unidas porque así lo decidió y porque no le rinde cuenta a nadie ni necesita convencer a la opinión pública. Es un dictador designado por el Partido Comunista chino, único autorizado en el país.
Xi tendrá una imagen más afable que Trump, pero eso no cambia la realidad: No compitió en una elección democrática por su puesto, pero sí ha purgado a todos sus posibles rivales en su propio partido -el único autorizado en China- y a diferencia de Trump, no debe convivir con una prensa hostil, por que de hecho en China no hay libertad de prensa, ni mucho menos ningún periodista que se atreva a «filtrar» información sensible del régimen o que compita por una exclusiva gracias a «fuentes anónimas» gubernamentales porque de hacerlo simplemente arriesga su vida. Esa es en la práctica la diferencia entre Trump y Xi, entre Estados Unidos y China y en defectiva, en la idea del mundo que tienen las potencias que luchan por la hegemonía global.