Diane Foley, madre de Jim, en su casa
Diane Foley: «Solo entregando a Dios el resentimiento podemos sanar»
Diane Foley, que se reunió cara a cara con el yihadista Alexanda Kotey, explica cómo su fe la sostuvo durante el cautiverio y la muerte de su hijo
¿Qué significa perdonar cuando el dolor parece imposible de asumir? Esa fue la pregunta vertebradora del encuentro «Cuando el dolor se encuentra con el perdón», que este pasado viernes 23 de octubre reunió en la parroquia barcelonesa de Sant Vicenç de Sarrià a Diane Foley y al periodista P. J. Armengou, con la colaboración de Ayuda a la Iglesia Necesitada y Albada Editorial.
Diane Foley, enfermera de formación y madre de cinco hijos, vio cómo su hijo mayor, el periodista James Foley, era asesinado por el Estado Islámico en agosto de 2014 tras casi dos años de cautiverio en Siria. Tres semanas después, esta madre católica convertía su duelo en acción con la James W. Foley Legacy Foundation, y años más tarde se sentaba frente a Alexanda Kotey, uno de los responsables de la muerte de Jim, para terminar perdonándole. Ese camino –el dolor, la fe y la misericordia– es el que ha contado en American Mother, escrito junto al escritor Colum McCann y publicado por Albada en castellano y catalán.
En vísperas de su testimonio en Barcelona, El Debate ha tenido el privilegio de conversar con Diane Foley sobre su hijo, sobre la fe que la sostuvo durante el cautiverio y tras su muerte, y sobre lo que supone perdonar a quien te ha arrebatado lo que más quieres.
–Este viernes compartió su testimonio en una parroquia de Barcelona, junto a P. J. Armengou, en la charla «Cuando el dolor se encuentra con el perdón». ¿Qué significa para usted contar su historia en un lugar así?
–Es un honor estar aquí, en Barcelona, y poder compartir mi historia en español, porque mi madre era de Ecuador y mi querido cuñado, de Madrid. Así que es verdaderamente un honor estar aquí para compartir mi historia en español y en catalán.
–Durante años fue enfermera y madre de cinco hijos en New Hampshire. ¿Quién era Diane Foley antes de que el mundo conociera su nombre a raíz de una tragedia?
–Era, y sigo siendo, madre de cinco hijos, ya mayores, y tengo ocho nietos de entre siete meses y 19 años. Fui enfermera de salud comunitaria y después, durante muchos años, enfermera de práctica avanzada en una clínica de medicina familiar.
–Para quienes solo conocieron a James Foley a través de los titulares, ¿qué recuerdos de su hijo le gustaría que la gente conociera?
–Me gustaría que la gente supiera que Jim era una persona corriente, como todos nosotros, pero que aspiraba a ser un hombre de valentía moral y quería cambiar el mundo a mejor. Veía el periodismo como una forma de investigar la verdad y compartirla con los demás, y consideraba que la libertad de prensa era un pilar de nuestra democracia.
Familia de Diane Foley, con James a la derecha cuando era niño
–Durante los casi dos años que Jim estuvo cautivo, ¿cómo vivió su fe?
–Mi fe en un Dios amoroso y misericordioso ha sido esencial para mí. Sinceramente, no sé cómo otras personas soportan una pérdida tan devastadora sin tener fe en un poder superior.
–Apenas tres semanas después del asesinato de Jim, puso en marcha la fundación que lleva su nombre. ¿Cómo se toma una decisión así en pleno duelo?
–Poco después del asesinato de Jim, era necesario encontrar la manera de que su bondad y su valentía moral siguieran presentes en el mundo. Por eso creamos la James W. Foley Legacy Foundation: para defender a los ciudadanos estadounidenses secuestrados o detenidos injustamente en el extranjero y para promover la seguridad de los periodistas. Era una forma de prolongar en el mundo el legado de bondad y de valentía de Jim.
–American Mother es el título del libro que escribió con el escritor Colum McCann. ¿Por qué decidió confiar su historia a un novelista?
–Jim leía con pasión la obra de Colum McCann. Yo conocí a Colum en una videollamada durante la pandemia, cuando alumnos y profesores de la Universidad Marquette comentaban sus libros. Colum se convirtió en un querido amigo y me acompañó a mis encuentros con el yihadista Alexanda Kotey. Después decidimos colaborar en este libro, pero le recordé en todo momento que se trataba de una historia real que no debía adornarse en absoluto.
Diane Foley
–De todo lo que relata en el libro, ¿qué fue lo más difícil de poner en palabras y compartir con el mundo?
–Bueno, una de las cosas más importantes que quería transmitir era mi fe en un Dios amoroso y misericordioso. Sin mi fe, sin Dios y sin la bondad de los demás no habría podido atravesar nada de esto.
–En el libro describe su encuentro con Alexanda Kotey, uno de los responsables del secuestro y asesinato de Jim. Si no le importa volver sobre ello: cuando decidió reunirse con él, ¿qué necesitaba obtener de esa conversación?
–Decidí reunirme con Alexanda Kotey porque sabía que Jim habría querido hacerlo y preguntarle por qué se convirtió en un yihadista que cometió tantos crímenes atroces contra los derechos humanos. Y también porque soy madre. Quería contarle quién era Jim y recordarle que era un no combatiente, que estaba en Siria únicamente para contar el sufrimiento de la población durante la guerra civil.
–En una entrevista reciente afirmó que «es más fácil perdonar las grandes ofensas» que las pequeñas. ¿Qué hay detrás de esa afirmación?
–No creo que perdonar, ya sea algo grande o pequeño, sea nunca fácil. Creo que es uno de los desafíos de ser cristiano: pedir la gracia de perdonar a los demás, como Dios nos ha perdonado a nosotros.
–¿Cómo le ha ayudado la fe a sobrellevar la muerte de su hijo y cómo le ayuda en su día a día?
–Mi fe me ha dado una fortaleza que nunca creí posible. Me ha ayudado a saber que Jim por fin ha quedado libre de las torturas y del hambre que padecía a manos del Estado Islámico. También me ha hecho comprender que, al final, el amor vence. Ha sido de verdad el amor de Dios, el de mi familia y el de desconocidos lo que me ha ayudado a sobrevivir y a tratar de ayudar a otros a través de la James W. Foley Legacy Foundation.
–¿Cómo conviven para usted el perdón y la exigencia de justicia?
–La justicia es necesaria, porque todos debemos reparar el daño que causamos a los demás, pero la misericordia también es absolutamente necesaria.
–Para terminar, ¿qué le diría a una madre, o a cualquier persona, que hoy carga con una herida que cree imposible de perdonar?
–Muchos cargamos con heridas, resentimientos o agravios que sentimos que jamás podremos perdonar. Creo que solo con la ayuda de un poder superior, entregando a Dios muchos de esos resentimientos, podemos de verdad soltarlos y encontrar la sanación. También creo que es importante reconocer que ninguno de nosotros está libre de pecado, todos, yo incluida, y que, igual que nuestro Señor nos perdona, nosotros debemos perdonar a los demás.