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Pintadas contra el presidente de Francia, Emmanuel Macron, en la plaza de la Bastilla de ParísPablo Ojer

Francia vive su prueba de fuego para saber si es gobernada por el Estado o por los chalecos amarillos

Macron establece un dispositivo de policías y militares 4,5 veces superior al mayor despliegue policial acontecido en España

Francia amanece este sábado en lo más parecido a un estado de sitio, a una Francia militarizada. Cientos de soldados se encuentran desde primera hora del día patrullando amplias zonas de París «para liberar a los policías y gendarmes y llevar a cabo misiones de aplicación de la ley», anunció el primer ministro galo, Sebastien Lecornu el pasado miércoles.

Al mismo tiempo, el ministro del Interior francés, Laurent Núñez, ha preparado un dispositivo policial integrado por 70.000 agentes de la Police Nationale y la Gendarmerie francesa. Por hacerse una idea de las dimensiones de este despliegue, el Ministerio del Interior español calificó de «el mayor reto logístico de seguridad en los más de 200 años de historia de la Policía Nacional» el despliegue de 15.000 agentes con motivo el pasado verano de la visita del Papa León XIV a España. En Francia se multiplicará por 4,5.

Se trata de contrarrestar la convocatoria de los 'chalecos amarillos' que, tras el «éxito» del sábado pasado, prometen continuar el tensionamiento de la debilidad del Estado en el día de hoy. Enfrentamientos con la Policía, asalto e incendio de decenas de edificios públicos a lo largo de toda Francia, más de 2.500 locales comerciales saqueados sólo en París, más de 2.400 detenidos y un millar de agentes de la Policía y la Gendarmería heridos solo el pasado 17 de octubre.

El propio ministro del Interior llegó a reconocer que «hemos fallado en las previsiones», lo que le llevó a presentar la dimisión, aunque no fue aceptada por el presidente de Francia, Emmanuel Macron.

Así que, con estos antecedentes, Francia, el Estado francés, ha preferido no pillarse los dedos en las previsiones y han organizado un despliegue sin precedentes que vendrá acompañado por la suspensión de algunas libertades fundamentales.

El mismo Macron anunció este jueves que se prohibían las manifestaciones no sindicales, es decir, las de los 'chalecos amarillos'. Porque a las convocatorias de estos grupos que sembraron el terror la semana pasada se han sumado los sindicatos de izquierdas, estudiantes y otros colectivos.

En la ciudad de Orleans, donde este fin de semana se celebra un congreso de Agrupación Nacional, el partido de Marine Le Pen, y otras poblaciones como Lyon, Rouen o Le Havre, ya han prohibido las manifestaciones durante todo el día.

A lo largo de la semana también se han decretado toques de queda en numerosas ciudades de Francia en horarios nocturnos lo que, todo hay que decirlo, parece haber dado resultado porque apenas se han registrado incidentes desde el lunes.

Se trata, pues, de un pulso en toda regla entre los 'chalecos amarillos' y otros colectivos sociales y el Estado de Francia. Los primeros han convocado 84 manifestaciones en 84 ciudades del país, a través de las redes sociales se están haciendo llamamientos a la violencia, lo que alcanza especialmente a los más jóvenes, principales involucrados en los episodios violentos, y se pretende establecer una especie de anarquía de desobediencia.

Por el otro lado, el presidente de la República Francesa, Emmanuel Macron, ha establecido el mayor dispositivo de seguridad de la historia de Francia con el que pretende dar a entender que es el Estado quien gobierna en Francia después de que el pasado sábado, a ojos vista, fue la violencia quien imperó en el país.

Este sábado 24 de octubre se comprobará quién gobierna realmente en Francia.