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Marruecos copia en Ceuta a las mafias de la inmigración

La táctica del Gobierno de España para sobrevivir a las próximas elecciones pasa por dejar sin comentar cualquier nueva información del asalto para que se hable de Ceuta lo menos posible. No les demos ese gusto

Imagen de la Guardia Civil, conjuntamente con la Salvamar Atria de Salvamento Marítimo, en las costas de CeutaEFE

Los secretos, cuando se comparten por un gran número de personas, nunca duran demasiado. Como cabría esperar, a medida que las semanas se van convirtiendo en meses, van saliendo a la luz detalles del asalto a Ceuta que demuestran con evidencias irrefutables la falsedad de las explicaciones dadas de común acuerdo por los Gobiernos de España y de Marruecos. Aquello nunca fue una crisis migratoria –sigue sin serlo– sino un ataque híbrido de libro, diseñado y dirigido por Rabat contra nuestra integridad territorial y, de forma más inmediata, contra nuestra soberanía. Un ataque que, por desgracia, nuestro Gobierno ha dejado sin respuesta.

Aunque no faltan en las redes sociales, en las calles de Ceuta o en lo que hoy se llama espacio cognitivo claros indicios que apuntan a la culpabilidad del Gobierno de Marruecos, son particularmente incuestionables las evidencias que nos llegan desde la mar. Mas allá de la playa, no hay en las aguas que rodean a la ciudad autónoma multitudes que puedan disimular a los asaltantes, ni relieve que oculte las actividades de unos buques, los de guerra, que ni siquiera pueden enmascararse vistiendo de paisano.

En los medios españoles –a menudo más papistas que el Papa, como suele decirse, porque Rabat no ha presentado excusa alguna por lo ocurrido– se ha debatido el derecho al apagado de los sistemas de identificación automática (AIS) por las unidades de la Marina Real. Sepa el lector que los buques de guerra no están obligados a llevarlo permanentemente en funcionamiento. Solo faltaría que, en misiones de vigilancia –una tarea que, como mínimo, es complementaria a cualquier otra actividad en la mar– tuviéramos que ir anunciando a los cuatro vientos nuestra posición.

Sin embargo, este derecho a ocultarnos no se aplica a las aguas territoriales de otros países, donde el «paso inocente» excluye toda posible misión que pudiera justificar el apagado del AIS. Así pues, no hay mucho que debatir. Marruecos ha incumplido las normas… pero lo reconoce sin complejo alguno. Rabat nunca ha alegado «paso inocente», sino su derecho a permanecer en unas aguas que no reconoce como españolas.

Con todo, el AIS pierde buena parte de su importancia en aguas restringidas como las de Ceuta donde, en los días de buena visibilidad, casi todo sucede ante los ojos de quien quiera prestar atención. Los buques marroquíes han sido vistos por numerosos testigos desde tierra y desde la mar. La última novedad que ha llegado a los medios de comunicación españoles procede de una embarcación de Salvamento Marítimo, la Salvamar Atria, que ha denunciado que un patrullero marroquí devolvió a la mar a una treintena de emigrantes rescatados de las olas para que fuera el barco español quien, obligado por los convenios internacionales sobre la protección de la vida humana en la mar, los rescatara y los llevara a Ceuta.

El hecho, desde luego, no es nuevo. La mar, mucho más vieja que la humanidad, ha visto de todo. Los marinos españoles hemos vivido situaciones parecidas con alguna frecuencia, sobre todo en aguas de Libia, donde las mafias de la emigración hacían lo mismo en presencia de los buques de guerra que participaban en la mal concebida operación Sophia de la Unión Europea. En ocasiones, eran los propios emigrantes, contados por centenares, los que hundían sus precarias pateras para ser recogidos, obligando a los patrones de las saturadas embarcaciones neumáticas de los buques de guerra que se encontraban en las proximidades a tomar en pocos segundos la decisión de quien vivía y quien moría en aquella alocada singladura hacia el sueño de Europa.

Lo que sí es nuevo es que hayan sido los buques de guerra marroquíes –los pequeños patrulleros, un sustantivo masculino por cierto, también tienen ese carácter– los que recurrieron a esas prácticas de origen mafioso que, estoy seguro, no se le habrían ocurrido a sus comandantes sin una orden de sus superiores. Así pues, la denuncia de la Salvamar Atria desmonta aún más la versión que defendía –y todavía defiende– el Gobierno de Marruecos, de que la presencia de sus buques en aguas de Ceuta en el momento del asalto era, simplemente, «una coincidencia».

Las mentiras, como siempre se ha dicho, tienen las patas cortas. ¿Por qué, entonces, se recurre a ellas con tanta insistencia? El Gobierno de Rabat, como culpable del ataque, tiene casi la obligación de negarlo cualesquiera que sean las evidencias. Esa es una de las características de la guerra híbrida y, también, de la delincuencia común. ¿No hace lo mismo el ministro Ábalos a pesar de las irrefutables evidencias que lo incriminan?

Pero, ¿y el Gobierno de España? ¿Por qué encubre el ataque de Marruecos? ¿Lo hace por vergüenza, como la que sufren muchas mujeres maltratadas que no quieren que nadie sepa su debilidad o sus sufrimientos? No me parece posible. La vergüenza no es una característica propia de este Gobierno. ¿Chantaje? ¿Cobardía? ¿Miedo a que se haga público el fracaso de su política frente a Rabat? No lo sé exactamente; pero tampoco me importa demasiado. Lo que sí me parece evidente es que la táctica del Gobierno de España para sobrevivir a las próximas elecciones pasa por dejar sin comentar cualquier nueva información del asalto para que se hable de Ceuta lo menos posible. No les demos ese gusto.