Xi Jinping y la cúpula del Partido Comunista Chino en la Plaza de Tiananmén en Pekín
Xi Jinping pone firme al Partido Comunista y despeja el camino para su cuarto mandato
Corrupción y disciplina son las palabras claves para Xi Jinping. El líder de la China Popular avanza en su doble objetivo de combatir a los que se saltan la ley y el orden establecidos. Las purgas desde que llegó al poder son su seña de identidad. El número de dirigentes del Partido Comunista que han terminado entre rejas se ha disparado (imposible saber el número exacto) y la misma receta ha aplicado a empresarios vinculados al poder, banqueros, funcionarios y altos mandos militares.
El pleno celebrado esta semana del Partido Comunista de China (PCCh) se zanjó con dos mensajes clave y la advertencia de que no habrá clemencia para los que violen las normas, saquen provecho de su posición y se enriquezcan de forma fraudulenta.
Xi ha ido despejando el camino en lo que parece será su cuatro mandato. La cúpula del PCCh ha quedado reducida a la única expresión que tolera su secretario general y séptimo presidente de la República Popular. La limpieza le ha sido útil, pero al mismo tiempo le complica para renovar un entorno que le sea funcional y leal.
Los motivos de Xi para barrer por dentro y por fuera del PCCh responden a un interés original de combatir la corrupción, pero también a quitarse de en medio a posibles rivales políticos que no asumen su autoridad única. Además, le permite concentrar aún más el poder y garantizarse la lealtad del Ejército. Por miedo o por respeto, parece haber logrado los objetivos.
Sin sucesor en cartera, Xi lleva en el cargo desde el 15 de noviembre de 2012. Los aspirantes a ocupar su butaca han ido quedando relegados mientras acometía una purga tras otra. La «aspiradora» de la corrupción la ha pasado por todos los rincones y niveles del Estado.
A un año del congreso que debe renovar –ratificar– su cargo, el combate contra la corrupción es la bandera que ondea con más bríos y lo hace especialmente en el seno del Ejército. Xi descubrió o denunció irregularidades en las compras de material de defensa como equipamiento militar y hasta en la adquisición de misiles, cuya operatividad, por esta causa, podría estar en entredicho.
El resultado de las «redadas» militares ha dejado a la cúpula esquelética. Dicho de otro modo, la Comisión Militar Central, máximo órgano de mando castrense, ha pasado de tener siete integrantes en 2022 a solo dos: el propio Xi y el general Zhang Shengmin, figura identificada con el estandarte en la depuración de las Fuerzas Armadas.
Según un recuento del diario hongkonés South China Morning Post, que reproduce Efe, 35 miembros titulares del Comité Central han sido investigados o despojados de sus escaños legislativos.
Mecanismo de depuración
La fórmula habitual para apartar a dirigentes políticos, ministros y titulares de organismos suele ser la misma. Primero se comunica que se le investiga por faltas disciplinarias graves, a continuación su nombre desaparece y deja de asistir a los actos públicos. Lo siguiente es anunciar su expulsión del Partido o destituirlo. Sus días pueden terminar en la cárcel o ser ejecutados.
El problema, o desafío de Xi, ahora es reconstruir un equipo de su confianza de cara al Congreso que se celebrará el próximo otoño, cuando el líder tendrá 74 años.
El alcance de la lucha contra al corrupción se extiende. Los organismos disciplinarios anunciaron esta semana, coincidiendo con el pleno, 680.000 sancionados entre enero y septiembre, entre ellos 105 altos cargos de rango provincial o ministerial y superior.
En este contexto, expertos del régimen chino descartan que el hombre al que el presidente Donald Trump mira con respeto esté a la búsqueda de un sucesor. Neil Thomas, Lobsang Tsering y Shengyu Wang, del Asia Society Policy Institute, sostienen en declaraciones a Efe que Xi afronta un dilema, «concentrar todo el poder dificulta preparar a alguien capaz de heredarlo, retrasar la elección preserva su autoridad inmediata, mientras que señalar a un delfín daría poder a un subordinado cuyas decisiones no puede controlar o predecir por completo».
Xulio Ríos, experto en China, menciona como figura a tener en cuenta al viceprimer ministro Ding Xuexiang, de 64 años y miembro del Comité Permanente del Politburó, de siete integrantes y máximo escalafón de poder del PCCh. Destaca, no obstante, que no existen «indicios concluyentes de que esté siendo señalado como sucesor».
La cuestión para Xi, más allá de supuestos nombres para sucederle, de momento, apuntaría a quedarse donde y cómo está. Esto es, mantener la continuidad estratégica del sistema y su capacidad de ejecución, de acuerdo a las lealtades elegidas.