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El candidato demócrata al Senado, Joshua Turek, en Iowa

El candidato demócrata al Senado, Joshua Turek, en IowaAFP

Así consiguieron los demócratas imponerse en EE.UU.: candidatos moderados en estados republicanos e izquierdistas en sus bastiones

Fe, moderación y economía: son las claves del tsunami azul que ha sacudido a Donald Trump, aunque eso no significa que el país se haya enamorado de los demócratas

¿Cómo han conseguido los demócratas el tsunami azul en estas elecciones de mitad de legislatura? Se han renovado la Cámara de Representantes al completo, un tercio del Senado y ha habido elecciones en 39 estados y territorios. Candidatos moderados con profunda fe religiosa en estados de profunda tradición republicana, como Texas o Kansas para el Senado, izquierdistas como Abdul El-Sayed en Michigan, en sus bastiones, y sobre todo con discursos sobre cómo mejorar la economía.

Clave ha sido el voto hispano, que confirma que no es un bloque y que es independiente, pudiendo votar a diferentes partidos dependiendo en las elecciones, la participación de los jóvenes y los votantes independientes que han votado con el bolsillo.

La gran sorpresa de la noche ha sido Texas. En cambio, el candidato demócrata James Talarico tiene un perfil moderado y una profunda fe religiosa, que han sido pilares de su campaña para conseguir entregar a los demócratas este estado. Clave aquí ha sido el voto hispano. ¿Qué candidatos de centro han entregado la victoria a los demócratas?

Candidatos moderados para los estados conservadores

Adam Hamilton (Kansas, Senado) es el caso más llamativo. A comienzos de 2026 ni siquiera era demócrata: estaba registrado como republicano y era pastor de la mayor congregación metodista unida del país. A sus 62 años derrotó al senador Roger Marshall en un estado muy conservador, y será el primer demócrata en ganar un escaño senatorial por Kansas desde 1932. Hizo campaña abiertamente desde su fe, se desmarcó del partido nacional y prometió, en el debate de octubre, trabajar con la oposición como demócrata moderado o independiente.

Josh Turek (Iowa, Senado) fue visto en Washington como el fichaje ideal para un estado rojo. Es doble campeón paralímpico de baloncesto en silla de ruedas y votó por George W. Bush. Se presentó como un populista de las praderas, criticó los aranceles de Donald Trump y atacó a su rival, la congresista Ashley Hinson, por la guerra en Irán. También convirtió la fortuna personal de Hinson en tema de campaña, frente a su propia infancia de clase trabajadora.

Chris Pappas (New Hampshire, Senado) apostó por un estilo sobrio y discreto, que a veces inquietó al Partido Demócrata pero que, según él, encajaba con su estado. Venció con comodidad al conservador John E. Sununu, heredero del apellido republicano más conocido de Nuevo Hampshire. Será el primer hombre abiertamente homosexual en el Senado. En cambio, siempre ha dejado claro que no iba a convertirlo en un eje de su campaña. Tampoco en sus políticas en el Senado.

Candidatos izquierdistas para los estados demócratas

Abdul El-Sayed (Míchigan, Senado), con una campaña explícitamente izquierdista y con el apoyo de figuras como Alexandria Ocasio-Cortez, será el primer musulmán en el Senado representando a Míchigan, un estado de clara tradición demócrata con el que se hizo el presidente de Estados Unidos, Donald Trump. Cuando se elevó la lucha interna del Partido Demócrata a escala nacional en estas elecciones, se hizo olvidar que en esta carrera los demócratas simplemente tenían que mantener su escaño.

Melat Kiros (Colorado, distrito 1, Cámara de Representantes), de 29 años, se presentó con las siglas de los Socialistas Demócratas de América y será la primera mujer de la Generación Z en el Congreso.

El voto hispano se convierte en el gran factor electoral

Uno de los principales protagonistas de estas elecciones de mitad de legislatura ha sido el voto hispano, que se consolida como un verdadero grupo bisagra. En las elecciones presidenciales de 2024, Trump consiguió reducir considerablemente la tradicional ventaja demócrata entre esta comunidad, hasta perder por apenas cinco puntos porcentuales entre este grupo. La inflación y el elevado coste de la vida entonces factores decisivos. Muchos votantes hispanos confiaron en que Trump conseguiría reducir los precios y mejorar su situación económica. Sin embargo, las expectativas no se han cumplido. A la presión económica se ha sumado el malestar por las agresivas políticas migratorias de la Administración Trump, que han afectado no solo a delincuentes condenados, sino también a familias y comunidades enteras.

El voto hispano, sin embargo, está lejos de ser homogéneo. Las prioridades de esta minoría de Florida no son necesariamente las mismas que las de los votantes del sur de Texas, California o Nueva York. También, destaca la diferencia entre los países de origen. Precisamente esa diversidad convierte a los hispanos en un grupo electoral cada vez más decisivo. Su peso demográfico, unido a una participación todavía inferior a la de otros grupos, ofrece a ambos partidos un enorme margen de crecimiento.

La economía ha sido el verdadero motor del tsunami azul

La inflación, el coste de la vivienda, los precios de la gasolina y la pérdida de poder adquisitivo han terminado por convertirse en el principal argumento electoral contra Trump.

La economía estadounidense atraviesa una situación que contradice las promesas republicanas de mejorar rápidamente el bienestar de las familias.

Al comienzo del segundo mandato de Trump, los sueldos crecían más rápido que los precios. Sin embargo, el encarecimiento de la energía tras el inicio de la guerra con Irán ha alterado esa tendencia. En septiembre, la inflación alcanzó el 3,7 %, mientras que los salarios aumentaron un 3 % interanual, según los datos citados del Departamento de Estadísticas Laborales.

La gasolina se ha convertido en otro símbolo del deterioro económico. El precio medio de la gasolina normal se situaba en 3,12 dólares (2,78 euros) por galón (3,78 litros) cuando Trump comenzó su segundo mandato y había bajado a 2,98 dólares (2,66 euros) antes de la guerra. Ahora supera los cuatro dólares (3,57 euros). El diésel, fundamental para el transporte de mercancías, la agricultura y buena parte de la actividad industrial, ha experimentado un incremento todavía mayor, con precios superiores a los seis dólares por galón.

A ello se suma que el precio medio de las viviendas unifamiliares ha aumentado un 57 % desde enero de 2020. En septiembre, el precio medio alcanzó los 422.700 dólares (376.849,73 euros), según la Asociación Nacional de Agentes Inmobiliarios. Para millones de estadounidenses, comprar una vivienda se ha convertido en algo cada vez más difícil de alcanzar. Los demócratas han conseguido capitalizar este malestar. Los votantes independientes, los jóvenes y buena parte de la comunidad hispana han demostrado que, cuando la economía empeora, pueden abandonar al partido al que apoyaron en las anteriores elecciones.

El tsunami azul no significa un giro ideológico de Estados Unidos

La victoria demócrata no implica necesariamente que el país se haya enamorado de la izquierda ni que exista un respaldo generalizado al programa del partido. El resultado refleja, sobre todo, una demanda de soluciones concretas y un castigo a quienes los votantes consideran responsables de sus dificultades económicas.

Los demócratas tienen una oportunidad extraordinaria para demostrar que pueden gobernar y representar a territorios con intereses muy diferentes. Pero también se enfrentan a un riesgo considerable: prometer demasiado y terminar decepcionando a un electorado que espera resultados. La pregunta es cómo conseguirlo.

Aunque los demócratas tengan propuestas para aliviar la presión económica, no podrán resolver todos los problemas de los estadounidenses de manera inmediata. La ausencia de una mayoría suficiente para superar el filibusterismo en el Senado y la probable resistencia de Trump y los republicanos limitarán su capacidad de actuación.

Los líderes del Partido Demócrata tendrán que controlar a los más extremistas que quieren lanzar investigaciones de todo tipo contra Trump, olvidando que los estadounidenses que les han votado no les han elegido para eso. Los demócratas también deberán decidir hasta dónde llevarán las investigaciones y la supervisión de la Administración Trump. Un nuevo intento de impeachment podría resultar políticamente arriesgado si no existe un respaldo suficiente entre los votantes.

La gran lección de estas elecciones es que Estados Unidos no ha abandonado necesariamente el conservadurismo, pero sí ha demostrado que la lealtad electoral tiene límites cuando el bolsillo aprieta.

Texas, Kansas y otros estados tradicionalmente republicanos han dejado una advertencia clara a Trump y a los republicanos: el voto hispano, los jóvenes y los independientes no son un electorado cautivo. Y si los demócratas quieren convertir este tsunami azul en una tendencia duradera de cara a las presidenciales de 2028, tendrán que demostrar que, además de ganar elecciones, saben gobernar.

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