Semáforo

La persona que va al volante debe interpretar cada situaciónJose González Buenaposada

Reglamento

¿Se puede pasar un semáforo en ámbar? Esto dice la normativa de la DGT

Cuando el semáforo está en modo intermitente, no existe obligación de pararse pero sí de prestar especial atención al cruce y ceder el paso

Cuando un semáforo pasa de verde a amarillo justo cuando un conductor se aproxima a la intersección, se presenta una fracción de segundo crucial en la que debe decidir si detenerse o continuar. Esta decisión, aunque pueda parecer intuitiva o condicionada por factores personales como las prisas o la presencia de peatones, está claramente regulada por la normativa de tráfico vigente.

El Reglamento General de Circulación establece que la luz amarilla fija en un semáforo tiene, por norma general, la misma obligatoriedad que la roja: se debe detener el vehículo. No obstante, contempla una excepción importante.

Tal como recuerda Europa Press, si frenar en ese instante representa un riesgo para la seguridad —por ejemplo, porque el coche se encuentra demasiado cerca del cruce o porque hay otro vehículo muy próximo por detrás—, el conductor está autorizado a proseguir su marcha para evitar un accidente.

Así, la clave está en la distancia y la velocidad. Si el vehículo circula a una velocidad que le permite frenar de forma segura antes de alcanzar la línea del semáforo, debe hacerlo.

En cambio, si una detención brusca puede derivar en una colisión o suponer un peligro por las condiciones del tráfico, lo recomendable —y legal— es atravesar la intersección antes de que la luz cambie a roja. Esta excepción responde a un principio de prudencia y prevención de riesgos que pone por delante la seguridad vial.

Una creencia errónea

Por otro lado, en el caso de que el semáforo esté en modo intermitente, no existe obligación de detenerse, aunque el conductor debe extremar la precaución, cediendo el paso cuando proceda y garantizando en todo momento que la maniobra no pone en peligro a otros usuarios de la vía.

Una interpretación errónea bastante extendida entre los conductores es la creencia de que el color ámbar permite pasar sin consecuencias. Esta percepción puede conllevar importantes sanciones, especialmente si se cruza la intersección cuando el semáforo ya ha cambiado a rojo. En estos casos, la Dirección General de Tráfico puede imponer una multa de hasta 200 euros y retirar cuatro puntos del permiso de conducir.

Más allá de la rapidez con la que debe tomarse la decisión en el instante en que aparece la luz amarilla, es fundamental recordar que no se trata de una elección subjetiva ni dependiente del criterio personal del conductor. El criterio legal busca proteger no solo al propio conductor, sino también a los peatones y demás vehículos, fomentando un comportamiento responsable y previsible en situaciones potencialmente peligrosas.

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