Anna Balletbó i Puig, en una imagen de archivo
Anna Balletbó (1943-2025)
Protagonista indirecta del 23-F
Embarazada de gemelos, logró salir del Congreso y acudir a Zarzuela para informar al Rey
Anna Balletbó i Puig
Periodista y política
Periodista, fue diputada por el PSC-PSOE en el Congreso de los Diputados entre 1979 y 2000, docente universitaria y presidenta de la Fundación Olof Palme.
Anna Balletbó i Puig, a la sazón diputada socialista por Barcelona, no sabía quién era el teniente coronel de la Guardia Civil que irrumpió en el Congreso de los Diputados a las 18.23 horas del 23 de febrero de 1981. «Es Antonio Tejero, involucrado en la Operación Galaxia», le susurró Juli Busquets, su compañero de escaño y antiguo integrante de la Unión Militar Democrática. A continuación, tras los disparos al aire, Balletbó, igual que el resto de los diputados, se agachó. Mas concurría en ella una circunstancia excepcional: estaba embarazada de gemelos. Y en fase avanzada.
Entonces, según contó en Testimonio para la Historia, «un joven uniformado, un capitán de tráfico, me preguntó si me habían herido. Le dije que no, pero que estaba embarazada y que quería salir de la Cámara. El militar, posiblemente descolocado ante mi desparpajo, se prestó a colaborar. No podía negarse, le cogí del brazo». Y tras obligar a levantarse al conserje del Congreso de los Diputados, recuperó sus pertenencias y –bajo la mirada intrigada de algunos militares– logró salir del caserón de la Carrera de San Jerónimo.
Lo primero que hizo fue ponerse en contacto con Joan Raventós, que le dio el número de teléfono de Jordi Pujol. Al presidente de la Generalitat le pidió, nada más y nada menos, que el número directo del Rey. Se quedó sorprendido, pero se lo dio. Balletbó llamó a Don Juan Carlos, informándole del ambiente dentro del Congreso.
Siempre según lo declarado a Testimonio para la Historia, «lo primero que me preguntó don Juan Carlos fue si había heridos y si había reconocido a algún asaltante. ‘Uno que se ha puesto nervioso y ha hecho una tontería…’, respondió a mi pregunta. Tras facilitarle detalles de la situación, y después de que tuviéramos que interrumpir la conversación en varias ocasiones al recibir llamadas de distintas capitanías, le pregunté qué pensaba hacer». Respuesta del monarca: «El Rey está al servicio de los más altos intereses de España y de la democracia».
Esas palabras tranquilizaron a Balletbó que, pese a todo, estimó oportuno acudir al Palacio de la Zarzuela. Una vez allí, el Rey le aconsejó que se fuera a descansar, dado su estado. La diputada hizo caso omiso y se marchó a la sede del PSOE en la calle Ferraz, donde ocupó el despacho de Alfonso Guerra –«me comí sus galletas»–, desde donde esperó el desenlace, feliz, de los acontecimientos.
Con todo, no se puede reducir la trayectoria de Balletbó a su condición de protagonista indirecta del 23-F. Su trayectoria es también la de una mujer nacida en una familia humilde de Sampedor –localidad natal del entrenador Pep Guardiola, con quien estaba emparentada: era su sobrino segundo–, que tuvo que abandonar su formación secundaria debido a una tuberculosis antes de retomarla y sacarse tres carreras universitarias. Tras llevar una tienda de souvenirs en la Costa Brava, se metió en el mundo del Periodismo, ingresando en el centro territorial de RTVE en Cataluña. Sus compañeros la eligieron secretaria general de la sección de UGT.
Nada extraño, pues, que en 1979 fuera incluida en las listas del PSC de cara a las elecciones generales de ese año. Resultó elegida y durante seis legislaturas fue una disciplinada parlamentaria. Después, se dedicó a la docencia universitaria, formó parte del Consejo de RTVE y presidió la Fundación Olof Palme. En los últimos años, afirmó nítidamente su compromiso con la Constitución, afiliándose a Sociedad Civil Catalana. Como recuerda la profesora Teresa Freixes en sus redes sociales: «Siempre tuvo claro que eso del ‘procés’ era una ‘milonga’. Organizaba simbólicamente actividades en el Monasterio de San Jerónimo de la Murtra (que es donde se recuperó Fernando de Aragón del atentado que sufrió en el Tinell, en Barcelona y donde fue recibido Cristóbal Colón por los Reyes Católicos a la vuelta de su primer viaje a América)».