Eduardo Gutiérrez Saenz de Buruaga
Eduardo Gutiérrez Sáenz de Buruaga (1958-2026)
Ejemplar diplomático y elegante caballero cristiano
Sirvió a España con dedicación, honradez y convicción y fue dedicado ibero americanista
Eduardo Gutiérrez Sáenz de Buruaga
Diplomático
Fue un hombre de principios y valores que en su larga carrera diplomática fue embajador ante la Organización de Estados Americanos en Washington; embajador ante la Santa Sede, donde vivió la abdicación de Benedicto XVI y elección de Francisco y embajador en Lisboa.
Nos ha dejado en este desapacible invierno, Eduardo Gutiérrez Sáenz de Buruaga que murió el pasado sábado en Madrid, después de una implacable y fulminante enfermedad. Fue un gran amigo, leal y esforzado compañero de profesión, ejemplar diplomático y elegante caballero cristiano que a lo largo de su vida sirvió a España con dedicación, honradez y convicción. Fue dedicado ibero americanista, admirado deportista, gestor eficaz de la cosa pública y fino analista político.
Era algo más joven que yo en la Carrera, cuando le conocí en 1985, todavía con mirada de opositor y recién ingresado, haciendo sus primeras prácticas en el viejo caserón de Santa Cruz. Aprendió pronto y bien este oficio trashumante nuestro, aquel que según Foxá consistía en «cultivar una bandera que en tierra extraña ha de crecer y tener una clave que en cifrados salude a un Papa y felicite a un Rey».
En Sudán, Uruguay y México dejó muestras abundantes de su generosa entrega, de su bonhomía y de su capacidad para tejer relaciones y amistades verdaderas. En 1995 volvimos a encontrarnos en Madrid, donde le confié la dirección de la naciente Fundación Popular Iberoamericana. Fue luego director general de asuntos iberoamericanos en el Ministerio de asuntos exteriores y entre 2000 y 2004 embajador observador permanente ante la OEA en Washington. En la etapa siguiente ya en Madrid, y mientras trabajaba en la Escuela Diplomática, colaboró con total lealtad institucional con Jorge Moragas en la agenda internacional del Partido Popular, pues creía, como creo yo también, que nuestros líderes políticos y quienes aspiran a gobernar España necesitan del mejor y más experto consejo y ayuda en materia exterior.
En 2012 fue nombrado, con acierto del gobierno de Mariano Rajoy, embajador ante la Santa Sede. En Roma no solo fue feliz, como son tantos españoles en la bella Italia, sino magnífico jefe de esa importante y antigua misión diplomática, una de las más relevantes que España tiene en el mundo, durante el periodo de transición entre Papa Benedicto XVI y Papa Francisco y el papado de este último. En 2017 fue destinado como embajador a Lisboa, de donde, al año y sin poder completar su misión en Portugal, fue cesado con el cambio de gobierno.
Pidió destino luego como ministro consejero en la embajada ante el Reino de los Belgas en Bruselas y supo allí también actuar cumplidamente y con gran mérito hasta que, golpeado por la enfermedad inesperadamente hace bien pocos meses, regresó a Madrid donde ha fallecido cristianamente.
Su carrera y su vida no se explican sin el amor, compañía y sacrificio de su mujer, Michu. Sin ella, sin su amor y el de su hijo Eduardo, no sería posible conllevar las dificultades y entregas que supone esta aventura existencial, que es el oficio de diplomático, que como para Eduardo Gutiérrez Sáenz de Buruaga, fue vocación de servicio antes que profesión.
DEP
- José María Robles Fraga es embajador de España