Fernando Morán con un bisonte
Fernando Morán (1971-2026)
El hombre que nos devolvió los bisontes de Altamira
La Cordillera Cantábrica, Asturias y Cantabria fueron su primer hogar aquí. Los hubo pronto también en León en la zona de Boñar y gracias a la ayuda del doctor Eduardo Romero; y en Burgos, al lado de los yacimientos de Atapuerca
Fernando Morán Castillo
Naturalista
Soñaba, aunque muy lejanamente, que un día pudieran ser hasta una una especie, la más poderosa, de herbívoros de nuestra fauna. E incluso cinegética. Fernando era un buen cazador y con el arco aún mejor.
Tuve de muy joven la inmensa fortuna de poder contemplar los bisontes pintados en el techo de la cueva de Altamira y no fue tampoco pequeña la alegría de poderlos ver vivos y en los bosques de esa misma Cordillera Cantábrica hace ahora 14 años.
Desde siempre he sentido tener con ellos una suerte de vínculo ancestral. El poderlos contemplar en plena naturaleza, algo que he seguido haciendo estos años me resulta siempre algo muy especial y evocador. De hecho, a una de mis novelas más queridas la bauticé con su nombre La canción del Bisonte. Y me dio suerte: hasta la tradujeron, con éxito, al francés.
Fernando Morán fue el hombre que me acercó a ellos y con el que pude compartir algo de su peripecia para lograr reintroducirlos en España. Siempre le estaré por eso inmensamente agradecido. Y hoy tengo tengo la necesidad de decirlo en público porque ya no se lo podré decir en persona.
Falleció en la noche del 30 al 31 de diciembre pasado a los 54 años de un infarto, en plenitud de la vida, decidido y tenaz en su empeño y cuando ya había logrado dar un paso más en su sueño. Esta semana un pequeño rebaño de nueve ejemplares ha llegado a las tierras del Alto Tajo, en mi Guadalajara, provenientes de El Espinar (Segovia) donde desde hace años pasta una pujante manada, de hecho algunos de los ejemplares más jóvenes trasladados ya son nativos de allí y tienen ya por tanto pasaporte español. Como muchos de los que hoy habitan ya por muchos lugares de la península.
Ese era el sueño de Fernando, pues él fue quien lo tuvo, le dio forma y logró ir haciéndolo, poco a poco una realidad. Pero de fácil no ha tenido nada. Todo ha sido un camino lleno de dificultades, de zancadillas, de fuego cruzado desde todos los lados y de tener que ir sorteando trampas y obstáculos para poder seguir con él.
Pero ahí se mantiene, ahora inserto en la organización Rewilding Spain, desde que por el año 2010 logró, desde los bosques polacos de Bialowieza, el ultimo refugio donde la especie sobrevivió, traer los primeros ejemplares. La cordillera Cántabrica, Asturias y Cantabria fueron su primer hogar aquí. Los hubo pronto también en León en la zona de Boñar, gracias a la ayuda del doctor Eduardo Romero, y en Burgos, al lado de los yacimientos de Atapuerca, en Salguero de Juarros, el lugar más conocido y donde se les puede contemplar en 'Paleolítico Vivo' al lado de los caballos Prewalski, otros de nuestros prehistóricos que quedaron pintados en nuestras grutas también, en este caso la de Candamo en Asturias y que también fueron soltados en esos mismos agrestes paisajes de Guadalajara donde ya han criado.
Los bisontes han conseguido por su parte no solo aclimatarse en el Sistema Central, y formado allí el floreciente rebaño del Espinar sino en un hito verdaderamente impactante, hacerlo también con prontitud bastante más al sur, nada menos que en Sierra Morena, en Andújar (Jaén).
El empeño y la tenacidad de Fernando fueron trascendentales. Cualquier otro se hubiera rendido, pero él no. El peor ataque vino del purismo má
s radical que decía que la especie importada (Bisón Bonasus), aún siendo ambas europeas, nunca hacia sido autóctona aquí, y que era otra la que se extinguió en nuestro solar (Bisón Priscus). Hasta un manifiesto prepararon y pasaron a la firma para oponerse a que los tuviéramos de vuelta aquí. Pero un descubrimiento muy reciente ha dejado malparada tal alegación. En la cueva asturiana del Sidrón aparecieron restos de bisonte de los cuales se pudo rescatar y confirmar el ADN de la especie y quedó demostrado que el Bonasus también pastaba por aquí y que nuestros antepasados también lo cazaban y su carne les gustaba una barbaridad. Puedo decirles que ciertamente está muy rica pues un día, y gracias a Fernando y de un animal que hubo que sacrificar por un accidente, la probé. Pero seguirán oponiéndose porque sí y porque ellos siempre se tienen que oponer a cualquier cosa que consideren que no entra dentro de su canon.
Lo cierto es que hay múltiples razones para el proyecto siga adelante y hasta se convierta en algo de interés nacional y una enorme ayuda para preservar nuestras masas forestales. El gran herbívoro come tanta leña como hierba y es un verdadero sanador de los espacios vegetales en los que habita. Desbroza, abre corredores en el bosque con su acción y crea y abona praderas y en suma puede ser de enorme utilidad y si se implantara en ciertas zonas sería un buen aliado contra los incendios como también lo es el caballo Prewalski. Un millón de cabras repartidas por toda nuestra geografía, y por el mismo motivo, tampoco vendrían mal.
Los diferentes rebaños están ahora en un régimen de semilibertad aunque algunos en grandes extensiones donde andan a sus anchas y tienen casi los mismos comportamientos que si estuvieran en estado de total y salvaje albedrío. Mi amigo soñaba, aunque muy lejanamente que un día pudieran ser hasta una especie, la más poderosa, de herbívoros de nuestra fauna. E incluso cinegética. Fernando era un buen cazador y con el arco aún mejor.
Está siendo este un invierno de grandes y extendidas nieves. Los bisontes de Fernando estarán felices con ellas y a él nada había que le gustara más que este tiempo y ese paisaje con ellos formando parte del mismo. Un paisaje que fue suyo y que estaba deseando verlos de nuevo otra vez. Gracias Fernando Morán por haberlos traído. De corazón. Ellos seguro que te están echando de menos. Yo espero muy fervientemente que tu obra tenga la continuidad que merece.