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Raúl del Pozo

Raúl del PozoEl Debate

Raúl del Pozo (1936-2026)

Las siete vidas de un columnista

Sucesivamente maestro de escuela, redactor raso, reportero, corresponsal y, por último, autor de una columna muy bien informada

Raúl del Pozo
Nació en Mariana (Ciudad Real) el 25 de diciembre de 1936 y falleció en Madrid el 10 de marzo de 2026

Raúl del Pozo Page

Periodista

Maestro rural, empezó en el periodismo en 1960, obteniendo sus galardones más prestigiosos, como el Francisco Cerecedo o el Mariano de Cavia, antes de que se crease el que llevaba su propio nombre.

Cuando a Raúl del Pozo Page, a punto de cumplir 71 años, edad casi provecta, le incumbió tomar el relevo del fallecido Francisco Umbral en la columna de contraportada de El Mundo se lo tomó con la ilusión de un jovenzano. Otros, en su lugar, se hubieran quejado por haber tenido que esperar tanto tiempo. Bien es cierto que ya disponía, desde 1991, de una atalaya opinativa en el citado diario. También que el nombre, el suyo, en el periodismo español se lo había empezado a forjar décadas atrás. Y muy bien forjado, por cierto.

Por todos esos antecedentes, se puede decir que la columna que inició Del Pozo en El Mundo –la última se publicó el pasado 1 de enero– en 2007 fue un must para quien quisiera empezar el día leyendo una pieza que combinase finura literaria e información política de primer orden. Porque sí, Del Pozo daba exclusivas; o, por lo menos, las dejaba caer. Así ocurrió, y es solo un ejemplo, con los 'Papeles de Bárcenas', sobre la financiación irregular del Partido Popular.

Un arte periodístico que empezó a practicar en 1960 en Diario de Cuenca, la, por entonces, principal cabecera de su provincia natal. Había abandonado una incipiente y estable trayectoria de maestro rural para iniciar una aventura de juntaletras. Primera etapa tras la salida de Cuenca: Barcelona. Pero fue en Madrid, a partir de 1964, donde pasó la prueba de fuego, penetrando discretamente en las tertulias de un 'Café Gijón' que vivía su mejor época, como escenario de tertulias integradas por gigantes, empezando por Camilo José Cela, de quien fue amigo discreto.

Pero fue en Pueblo, de la mano de Emilio Romero, el lugar donde Del Pozo empezó a gestarse su propia leyenda: fue enviado especial a Cabo Cañaveral con motivo del primer vuelo espacial a la Luna, vivió el París de la resaca posterior a mayo del 68 y presenció la Revolución de los Claveles en Lisboa. La guinda fue su colaboración con Mundo Obrero mientras seguía en Pueblo: era el único, probablemente, que podía permitirse tamaña transgresión clandestina. Un cuajo que se explica de forma sencilla: Del Pozo ya era Del Pozo.

Y lo siguió siendo en la Transición como uno de sus mejores cronistas parlamentarios, hasta que empezó la etapa de El Mundo. En paralelo, prestó sus servicios en tertulias televisivas y radiofónicas –siempre evitando agresividad o las broncas gratuitas– y retomó, por obra y gracia de Carmen Balcells, una original carrera literaria. Del Pozo siempre será Del Pozo. Un progre simpático, en suma.

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