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Teófilo Sánchez García

Teófilo Sánchez GarcíaEl Debate

Teófilo Sánchez García (1938-2026)

Forjador de cimientos universitarios

Hombre clave en el nacimiento de la Universidad Internacional de Cataluña, cuidaba con esmero las ceremonias académicas porque constituían la puesta en escena de lo que la iniciativa pretendía conseguir, un relieve y dimensión intelectual y moral sobresalientes

Teofilo
Nació en Nerpio (Albacete) el 24 de septiembre de 1938 y falleció en Barcelona el 3 de junio de 2026

Teófilo Sánchez García

Economista

Licenciado en Económicas por la Universidad Central y doctor en Filosofía por la Pontificia Universidad Lateranense (Roma). Miembro fundador del patronato e impulsor clave de la Universidad Internacional de Cataluña.

Paseaba con su fina estampa entre unos edificios universitarios que, años antes, había visto crecer. Y se paraba a conversar con el primero que se le cruzaba. En realidad, escuchaba más que hablaba, con esa mirada escrutadora y elegante que trataba de buscar esa verdad que su interlocutor le escondía. Sonreía con frecuencia en el patio y departía en el comedor con los profesores, que le respetaban por lo que era, pero sobre todo por cómo era. Te decía las cosas sin irse por las ramas, y era frecuente verlo por el rabillo del ojo hacia el oratorio, donde se pasaba horas.

Coincidió en el inicio de la Universidad Internacional de Cataluña con otras gentes de imborrable recuerdo. Como Jordi Cervós, el rector que cada vez que te encontraba en el Aeropuerto de El Prat echaba mano de su cartera para preguntarte, como un padre, si necesitabas dinero. Teófilo, que por cierto se crió en El Prat, era de ese estilo, siempre pendiente de los demás y de que todo respondiera a las expectativas depositadas en ese magno proyecto ideado para forjar a profesionales que fueran mejores personas.

En instituciones nacidas para acumular decenios, dirigir la mirada a sus comienzos resulta aleccionador. Teófilo estuvo en esos momentos inaugurales y en los posteriores, y hasta el final de su vida los llevó muy dentro. En ocasiones me compartía en la distancia sus pareceres sobre su marcha, que a su juicio debiera más evolucionar que revolucionar. Y no dejar cadáveres por el camino, en forma de personal defenestrado o por el estilo. Me insistía con alguna frecuencia en que volviera por allí, lo que le agradecía respondiéndole que ya andaba navegando por otros mares.

Cuidaba con esmero las ceremonias académicas, en las que se le veía concentrado y con rictus serio. Para él, constituían la puesta en escena de lo que la iniciativa pretendía conseguir, un relieve y dimensión intelectual y moral sobresalientes, incluyendo modestia en las formas y hondura en el fondo.

Lector habitual de El Debate, acostumbraba a glosarme con una sabiduría formidable. Y a proponerme horizontes sobre los que escribir. He de reconocer que sus comentarios los comencé a echar de menos hace un par de meses, cuando el Cristo en el que él tanto creía y al que dedicó su vida le comenzaba a llamar a la puerta.

La noticia de su fallecimiento, que me proporcionó mi querida profesora Mut, me ha producido sentimientos encontrados. De pena por perder a un buen amigo, y de profundo agradecimiento a Dios por haberme dado la oportunidad de conocer a un santo como la copa de un pino. A un grande entre los grandes.

  • Javier Junceda es jurista y escritor
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