Bernadette Chirac
Bernadette Chirac (1933-2026)
La primera dama que amaba el poder
Compaginaba las tareas de representación con una carrera política propia en Corrèze, mientras sorteaba dignamente infidelidades de su marido y un drama familiar
Bernadette Chodron de Courcel
Ex primera dama de Francia
Casada con Jacques Chirac desde 1956, fue concejala del municipio de Sarran entre 1971 y 2020, diputada de la Asamblea Provincial de Corrèze entre 1979 y 2025, y primera dama de Francia entre 1995 y 2007.
Yvonne de Gaulle y Anne-Aymone Giscard d’Estaing se resignaron al Palacio del Elíseo, aunque la segunda solo tenía allí su despacho. Claude Pompidou detestó siempre la residencia presidencial, pese a que cambió de cabo a rabo los aposentos privados. Danielle Mitterrand se sirvió de ella para proyectar causas tercermundistas y para crear una guardería para los hijos de los funcionarios destinados en la jefatura del Estado.
La única que lo ha disfrutado plenamente –hasta, tal vez, Brigitte Macron– ha sido Bernadette Chirac. Llegó al lugar en la primavera de 1995 tras la victoria presidencial –era el tercer intento– de Jacques Chirac. Tiempo le faltó a la nueva primera dama para sentirse a gusto asumiendo todo tipo de tareas de representación, organizando cenas de Estado o dando órdenes a los jardineros.
Pero era también una primera dama atípica, pues combinó sus nuevas funciones con su propia carrera política, iniciada en 1971 al ser elegida concejala de Sarran –a partir de 1977 sería segunda teniente de alcalde–, municipio de la provincia de Corrèze, feudo electoral de su marido. En 1979 obtuvo un escaño en la asamblea provincial. Mantuvo ambos cargos electivos durante décadas.
Esas responsabilidades obligaban a Bernadette Chirac a ausentarse de París entre dos y tres días por semana. Aprovechaba ese tiempo, además de para ejercer las competencias encomendadas por los votantes, para tomar el pulso a la gente de a pie, trasladando posteriormente sus impresiones a su marido, ya fuera este primer ministro –en dos ocasiones–, alcalde de París o presidente de la República.
Al margen, desarrollaba una amplia acción caritativa, especialmente a través de la operación 'Monedas amarillas', consistente en convencer, a lo largo y ancho de Francia, a la ciudadanía para que depositase la calderilla en huchas para financiar la mejora de las hospitalizaciones de jóvenes y adolescentes. Bernadette Chirac siempre estaba disponible para participar en una iniciativa de proximidad.
De este contacto duradero con la gente de a pie se desprendió una notable influencia política, perceptible, sin ir más lejos, en las semanas que precedieron a la elección presidencial de 2002: Bernadette Chirac avisó en repetidas ocasiones a su marido y a su plantel de asesores y expertos en demoscopia del malestar creciente de la France profonde, plasmado en un creciente apoyo a Jean-Marie Le Pen. Nadie le hizo caso. Cuando el líder del Frente Nacional alcanzó la segunda vuelta el 21 de abril, el presidente de la República se vio obligado a dar la razón a su mujer.
La primera dama también intervenía, si lo estimaba oportuno, en los juegos de poder. La ocasión más memorable fue durante el segundo mandato (2002-2007) de Jacques Chirac. En plena tensión política entre su marido y Nicolas Sarkozy, Bernadette Chirac tomó partido por la entonces estrella emergente –hoy decaída– de la derecha francesa. Una forma también de su detestación del favorito de su marido, el primer ministro Dominique de Villepin, al que madame Chirac llamaba Nerón: le achacaba ser el inspirador de la disolución fallida de la Asamblea Nacional en 1997, que trajo de vuelta al Gobierno a una coalición de izquierdas.
En el plano personal, la vida del matrimonio Chirac estuvo repleta de pruebas, empezando por el noviazgo: los Chodron de Courcel –familia de la alta burguesía decimonónica a la que Napoleón III permitió agregar el «de Courcel» para darle un barniz nobiliario– no querían que su hija mayor se casara con un retoño de la clase media al que había conocido en las aulas del Instituto de Ciencias Políticas de París. Terminaron cediendo. Los Chirac tuvieron dos hijas, Laurence y Claude, todopoderosa asesora de comunicación de su padre en el Elíseo. Todo iba bien hasta que a la mayor, siendo adolescente, le dio una meningitis que derivó en una anorexia mental vitalicia, salpicada por crisis reiteradas, incluido un intento de suicidio que sirvió para dar a conocer a la opinión pública el drama íntimo de un matrimonio pudoroso.
Capítulo aparte fueron las numerosas infidelidades de Jacques Chirac, que su mujer soportó con dignidad. La relación que estuvo a punto de reventar el matrimonio fue la que el político mantuvo con la periodista Jacqueline Chabridon. Llegó incluso a alquilar un apartamento para sus encuentros. Hasta que el entorno político presionó para que dejase a su amante: «El declive de Napoleón empezó cuando se divorció de Josefina», le recordó, por su parte, Bernadette Chirac.