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Alfonso Nasarre

Alfonso NasarreEl Debate

Alfonso Nasarre (1958-2026)

La pulcritud del periodista jefe

Procuraba inculcar la mesura, la sensatez y la cordura desde su asiento de director y tocó todos los palos en la profesión. Se pateó el Congreso y la calle, pisó moqueta en Moncloa y coordinó campañas electorales

Alfonso Nasarre
Nació en Madrid el 23 de diciembre de 1958 donde falleció el 25 de agosto de 2026

Alfonso Nasarre Goicoechea

Periodista y director de Onda Madrid

Empático, dialogante y tremendamente divertido en privado, Alfonso Nasarre había vivido la edad de oro del periodismo en España en sus tiempos de corresponsal político. El tiempo en que las redacciones eran más frenéticas que hoy y los periodistas, más periodistas que ahora.

Cada vez que había algo que Alfonso Nasarre (Madrid, 1958) no terminaba de entender del todo en esto del periodismo, o del nuevo periodismo, mejor dicho, porque del viejo lo sabía todo, siempre recurría a lo mismo, –será que me hago mayor– decía. Pero si se fiaba de quien tenía delante, asumía sin rechistar el consejo, aunque viniera de un jovenzuelo que empezaba. Demostraba de esa manera que, aunque no comulgara con ciertas cosas, era consciente de que había que actualizarse y no cerrarse en banda con una forma de entender el oficio que había conocido hace décadas y había ejercido de manera impecable.

Por eso cuando a uno le preguntaban, porque lo hacían mucho y muchos, por cómo era Alfonso Nasarre como jefe en una radio pública como Onda Madrid, no podías sino contestar que extraordinario. Un jefe que, si apostaba, lo hacía de verdad. Con todas las consecuencias y fe en la apuesta. Un jefe que dejaba trabajar con total libertad y sin inmiscuirse lo más mínimo. Teniendo en cuenta que dedicó gran parte de su carrera al sector público, eso ya es decir bastante. Lejos de las presiones y las consignas que los que desconocen cómo funciona una radio pública como la que dirigía, Onda Madrid, Alfonso nunca ordenó nada, nunca pidió contar una noticia de una u otra manera, nunca. Jamás censuró o intentó marcar la línea de los comunicadores salvo por una excepción. El recuerdo constante de que un medio público es una institución como otra cualquiera. –Y a las instituciones hay que respetarlas, a todas–. Solía repetir.

Puede que así se entienda mejor la mesura, la sensatez y la cordura que transmitía y procuraba inculcar desde su asiento de director. Lejos del ruido y la bronca que hoy venden más que nunca pero que se alejan de la idea de un periodismo y una manera de hacer radio a la que siempre se agarró en momentos de duda. Empático, dialogante y tremendamente divertido en privado, Alfonso Nasarre había vivido la edad de oro del periodismo en España en sus tiempos de corresponsal político. El tiempo en que las redacciones eran más frenéticas que hoy y los periodistas, más periodistas que ahora. Puede que porque pasaban más tiempo fuera de ellas. Y lo echaba de menos. Sé que lo echaba de menos por la forma que tenía de contar las batallas durante comidas o reuniones a las que convenía acudir con los oídos bien abiertos. Una fuente inagotable de lecciones, anécdotas y vivencias que hacían que aprendieras más en una charla con él que en mil clases de la facultad.

Nasarre tocó todos los palos en la profesión. Se pateó el Congreso y la calle cuando tocaba, pisó moqueta en Moncloa, coordinó campañas electorales, dirigió equipos y la comunicación de un trasatlántico como la Cadena COPE, otro como Radio Nacional de España para terminar su carrera y demasiado pronto sus días al frente de Onda Madrid. Una casa que le recibió con una cornada considerable, pues a los pocos meses de su llegada tuvo que despedir a su amigo y buque insignia de su proyecto, Juan Pablo Colmenarejo, que se nos fue tremendamente joven. Nunca se olvidará la entereza con la que afrontó unos días complicadísimos para esa casa y en lo personal, para él. Una entereza y sensatez que trasladó a su dirección los años venideros en la radio pública de la Comunidad de Madrid y que supusieron el broche para una carrera ejemplar de un madrileño ejemplar.

Uno que además ejercía como tal. Del Madrid elegante en el que las formas importan e importan mucho. Un Madrid en que puede que ya no se respire el periodismo que se respiraba hace años, probablemente porque ya van quedando menos jefes como Alfonso Nasarre, que enseñaba como un veterano y aprendía como un recién titulado un oficio que siempre defendió desde la más absoluta pulcritud y llevando a gala la importancia de ser periodista. Periodista, hombre de radio y director con mayúsculas, que siempre tuvo clara y presente la institucionalidad, cada vez menos frecuente, que debe ejercer quien dirige un medio. Especialmente si se trata de un medio público.

  • Javier Fernández-Mardomingo es director de Buenos Días Madrid en Onda Madrid
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